Sensación agridulce ¿Alcanzaremos la igualdad algún día?

Sensación agridulce ¿Alcanzaremos la igualdad algún día?

Estuve en las Jornadas Parlamentarias en el Congreso de los Diputados en los que se iba a tratar el tema de la igualdad en las televisiones públicas. Fue una mañana densa, de mesas redondas sucesivas, con reflexiones interesantísimas y puntos de vista diferentes.

Algunos, cargados de razón. Otros, vacíos, compuestos de frases hechas, y eslóganes que, a base de repetirlos, no terminan por hacerse realidad. No es esa la vía, no.

Y saqué en claro que las mujeres seguimos estando infrarrepresentadas en todas las facetas de la vida pública. No estamos en las tertulias radiofónicas ni televisivas en el mismo porcentaje que nuestros colegas masculinos. No digo nada en los consejos de administración de las grandes empresas, en los que difícilmente se ven mujeres. Las mujeres somos el 50% de la población en España y no se nos ve, no existimos, somos invisibles.

En televisión tenemos una máxima que dice que lo que no se ve, no existe. Uno se queda con la cara de los presentadores de los programas y nunca piensa que ellos sólo son una pequeña parte, ínfima, de todo el grupo humano que hay detrás. Pues con las mujeres pasa lo mismo: estamos en las facultades en un porcentaje que, en algunas carreras universitarias, está por encima del 50% con respecto al alumnado masculino pero llegado el momento de ocupar los puestos directivos, nos diluimos.

En RTVE estamos a la espera de que se renueve el Consejo de Administración y se elija nuevo Presidente

Y si ya es triste que la realidad pura y dura nos relegue, más triste es que en los productos audiovisuales se repita el mismo patrón. Los Comités Audiovisuales que existen en algunas Autonomías estudian y analizan todo tipo de producto televisivo: informativos, series, películas, publicidad, etc….Y lo dramático es que en las series, recreadas en la vida cotidiana, vuelven a repetirse los patrones: la figura de la mujer sólo aparece en su actividad privada, en los quehaceres cotidianos, cuidando familiares, niños o ancianos, pero nunca como una alta ejecutiva o una empresaria. No. Eso lo dejamos para los roles masculinos.

Y no digamos nada de determinadas preguntas en las entrevistas. Estoy por oír a algún colega que le pregunte a algún entrevistado con quién deja los niños cuando se va al trabajo o si le es fácil conciliar su trabajo con su vida familiar, preguntas recurrentes que se hacen a las mujeres cada dos por tres.

Y lo damos por bueno sin darnos cuenta de que esa lluvia fina termina calando y dando por bueno y por habitual lo que no debería serlo.

Volví a oír esos mensajes, esos razonamientos, esas conclusiones y me marché del Congreso encantada de que, por lo menos, el mensaje exista y no tiremos la toalla en la lucha por la igualdad, que no nos demos por vencidas en esta tarea pero también con la sensación de que la frustración llegará cuando, en la próxima foto de un consejo de administración, aparezcan más hombres que mujeres.

En RTVE estamos a la espera de que se renueve el Consejo de Administración y se elija nuevo Presidente. La Ley indica que este nuevo Consejo debería ser paritario y conozco mucho talento femenino que podía estar, perfectamente, en ese Consejo e, incluso, siendo Presidenta en vez de Presidente. Falta que los grupos políticos se pongan en marcha y lleguen a un acuerdo pero estoy segura de que si son las mujeres las que ocupan los puestos directivos, las cosas empezarán a marchar de diferente manera.

CATEGORÍAS
Comparte