¿Ningún daño? Los “distritos de entretenimiento sexual” hacen que la ciudad sea un sitio más amenazante para las mujeres

¿Ningún daño? Los “distritos de entretenimiento sexual” hacen que la ciudad sea un sitio más amenazante para las mujeres

Autora: Nicole Kalms

Traducción: Analía Pelle
Colaboración: Maura Lopez


Por temor al acoso o a la agresión, muchas mujeres procuran evitar determinadas partes de la ciudad donde se concentran los sitios destinados al “entretenimiento sexual”.

Las actitudes cada vez más liberales respecto del sexo permitieron que se celebrara la diversidad sexual de manera más pública, pero los deseos de los hombres heterosexuales siguen dominando los ámbitos urbanos.

Los barrios donde se agrupan los burdeles, los peep-shows, los clubes de striptease y los sex shops, conocidos como “distritos de entretenimiento sexual”, se volvieron más comunes en las ciudades neoliberales. Una mirada más detenida a estas áreas, que se concentran en los distritos financieros de las ciudades antiguas y en los suburbios de las ciudades más jóvenes, revela el arraigo con que se materializan las desigualdades de género en los espacios urbanos.

La mayoría de las críticas acerca de las áreas de entretenimiento sexual, también conocidas como “distritos rojos”, se concentra en el aumento de la delincuencia y en la disminución del valor de las propiedades de la zona. Es inusual que se hable de los posibles efectos que estos distritos ejercen sobre la experiencia urbana de la población femenina.

Los clubes de striptease presentan una problemática particular pues no están sujetos a las mismas restricciones que los burdeles, por ejemplo. En Australia y el Reino Unido, los primeros clubes de striptease legales se abrieron en la década de los ’90. Desde ese momento, se incrementó rápidamente la presencia del sexo comercial.

De manera paralela a una legislación más abierta, los clubes de striptease operan con cierta flexibilidad. A diferencia de los burdeles, pueden publicar anuncios en los principales medios de comunicación y tienen permiso para servirle alcohol a los clientes. Con un ingreso global estimado en 75 mil millones de dólares, la industria de los clubes de striptease se estableció como una fuerza económica urbana. ¿Pero a qué precio?

Un informe de la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres (Coalition Against the Trafficking of Women) reveló que el consumo de alcohol en los clubes de striptease crea un riesgo significativo para las mujeres que se encuentran en las cercanías. El informe sugiere que el permiso para vender alcohol tiene un impacto directo en el control de la comunidad sobre las áreas donde hay clubes de striptease y conduce a que se conviertan en zonas no aptas para mujeres.

El reciente proyecto de mapeo interactivo de Plan International Australia, conocido como Free to Be, reveló que las mujeres evitan de forma deliberada toda la zona de King Street, el área de los clubes de striptease de Melbourne. Quienes participaron del proyecto informaron que toda mujer que circulara por el área era considerada como disponible para que los extraños las abordaran con proposiciones sexuales.

Entre los testimonios compartidos en el proyecto de mapeo Free to Be había declaraciones como las siguientes:

“Los hombres creen que si estás en King Street, eres stripper o prostituta”.
“Es como si no hubiese reglas, comentarios obscenos, acosos y una abierta hostilidad”.

Los datos de Plan International Australia indican que las mujeres de Melbourne internalizaron el vínculo entre la zona de los clubes de striptease, la suposición de que cualquier mujer que esté allí está dispuesta a tener sexo, y la normalización de la violencia hipermasculina. Se sienten obligadas a modificar su modo de moverse por la ciudad, en especial durante la noche y temprano por la mañana. Esto no se limita sólo a Australia, es un asunto global.

La organización Object, del Reino Unido, también informó que la presencia de clubes de striptease crea zonas donde el “sentido de la seguridad y el derecho a estar en espacios públicos” se reducen para las mujeres.

En este contexto, la infraestructura pública y las áreas del transporte, como las paradas de ómnibus, se convierten en lugares de acoso, intimidación y otras conductas antisociales.

EXPLOTACIÓN MÁS ALLÁ DE LAS PAREDES DEL CLUB

Es clave entender cómo el comportamiento y las relaciones de poder dentro de los negocios de la industria del sexo, como los clubes de striptease, influyen en la interacción social externa.

Mis últimas investigaciones sugieren que la explotación de mujeres, arraigada en la relación entre stripper y cliente, se extiende al espacio público y transforma las ciudades en entornos hetero-sexistas. Aquí, se espera que las mujeres imiten los aspectos de la industria del sexo y que toleren el comportamiento sexualmente agresivo de los hombres.

Los informes en los medios sobre casos de agresión sexual respaldan esta idea. Por ejemplo, en 2015, tres hombres se quedaron mirando, con burlas y risas, mientras otro hombre agredía sexualmente a una mujer, a una cuadra del Goldfingers Men’s Club en King Street. Esto ocurrió un martes por la noche, cuando la víctima regresaba a casa del trabajo.

Durante un incidente en 2013, un hombre desconocido acosó a una mujer de 23 años cuando iba a su casa por King Street, la atacó físicamente y la agredió sexualmente a las 2.45 a. m. un día domingo. Ella se había rehusado a tomarlo de la mano.

Estos ejemplos del mundo real coinciden con la postura de la académica Meagan Tyler sobre la objetivación de las mujeres en los clubes de striptease y su impacto en la población general. Tyler dice:
“Si se permite que algunas mujeres sean compradas y vendidas para la excitación sexual o el entretenimiento de los hombres, eso compromete la posición de todas las mujeres de la comunidad”.

¿CÓMO SEGUIR A PARTIR DE AHORA?

Está claro que los clubes de striptease y otros negocios de la industria del sexo establecen un entorno social que promueve el privilegio y la dominación masculinos. Como resultado, algunas feministas sugieren que la proliferación de los distritos sexuales urbanos puede servir para recordarles a las mujeres cuál es su lugar en la sociedad y “mantenerlas a raya”.

En 2010, Islandia prohibió los clubes de striptease basándose en el argumento de que su existencia comprometía la seguridad de todas las mujeres, no sólo de aquellas que se desempeñan en la industria.

Según la CEO de la Organización Nacional de Investigaciones para la Seguridad de las Mujeres (National Research Organisation for Women’s Safety) de Australia, Heather Nancarrow, debemos examinar nuestros vínculos culturales con la hipermasculinidad. Esto incluye los modos en que las ciudades normalizan la objetivación hipersexualizada, comercial y sistémica de los cuerpos femeninos.
Los investigadores, los creadores de políticas urbanas y los profesionales a cargo de los espacios públicos necesitan prestarle atención a esto. No se trata sólo de una “diversión inofensiva”, sino de un sistema que legitima las infraestructuras más amplias de la explotación sexual y los estereotipos que oprimen a la mujer.

Hoy vemos una mayor decisión social y política para incidir en las causas y consecuencias de la desigualdad de género y la violencia sexual. Y cuanto más entendamos sobre la influencia de los distritos del “entretenimiento sexual” en la sociedad, más difícil será ignorar sus impactos negativos.


Texto original: https://theconversation.com/no-harm-done-sexual-entertainment-districts-make-the-city-a-more-threatening-place-for-women-81091

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