Las criadas se rebelan en Santa Coloma de Gramenet

El Carnaval es una fiesta transgresora, reivindicativa y jocosa. Las chirigotas satirizan la actualidad y se ríen de todo lo que haga falta. Esta celebración anual, igual que ocurre con otras -como las ya próximas Fallas- sirve también para denunciar aquello con lo que no estamos conformes y para avivar conciencias dormidas. Justamente apelando a esto último, en mi ciudad, Santa Coloma de Gramenet (Barcelona), un grupo de activistas feministas nos hemos disfrazado como las protagonistas del famoso libro de Margaret Atwood llevado recientemente a la pantalla en formato de serie: The Handmade’s Tale (El Cuento de la Criada)

Aprovechando la Rua de Carnaval, en la tarde del pasado sábado desfilamos vestidas como las criadas de la distopía de la escritora canadiense, unas mujeres sin poder ni control sobre su propio cuerpo, esclavizadas y violadas por sus dueños, hombres de la clase dominante en una sociedad estéril donde sólo ellas pueden asegurar la perviviencia de la especie. A nuestro paso por las calles repletas de gente, repartimos folletos en los que explicábamos a las personas que aguardaban expectantes el desfile no sólo quiénes somos sino por qué íbamos con semejante atuendo y qué estábamos reivindicando. Lo que viene siendo una performance con trasfondo de denuncia social y marcada reivindicación feminista. Porque El cuento de la criada es una distopía que se asemeja demasiado peligrosamente al mundo que algunos y algunas quieren crear a nuestro alrededor y al que nos negamos, como mujeres que somos y no simples vasijas: el de la legalización de los vientres de alquiler.

“Hay negocio y en él ha puesto su objetivo el neoliberalismo, aliado con el patriarcado. Y lo han disfrazado de libertad de las mujeres para decidir sobre sus cuerpos.”

Somos The Suffragetes SCG, nos llamamos así en honor a las heroínas de la lucha por el sufragio femenino de la Inglaterra de prinicipios del siglo XX. Somos un grupo abierto que defiende los derechos de las mujeres. Si entonces ellas tuvieron que luchar por conseguir un derecho tan elemental como el del sufragio, un siglo después continuamos teniendo en el horizonte batallas complicadas, nubarrones que amenazan nuestras libertades y que pisotean nuestros derechos como mujeres y ciudadanas. Una de las más terribles es precisamente la de la mercantilización de nuestros cuerpos y, como uno de sus máximos exponentes, los vientres de alquiler o la maternidad o gestación subrogada, como eufemísticamente la denominan las clínicas y los intermediarios que pretenden enriquecerse a costa del cuerpo de las mujeres que acceden a gestar un hijo o hija que les será arrebatado en cuanto nazca. Siempre con intercambio económico – eufemísticamente, compensación– porque son mujeres que tienen carencias o necesidadades que cubren de esa manera, aún a riesgo de padecimientos físicos y psicológicos.

En el relato de Atwood, las mujeres gestan la descendencia de la clase dominante y son forzadas a ello. En el mundo actual, en el real, hay mujeres en granjas en la India que también lo hacen. Y otras que no están formalmente esclavizadas pero que cubren sus necesidades, cualquiera que éstas sean, haciendo lo mismo que las criadas de la novela.

Otro día me extenderé más sobre este particular. Como tituló hace poco un periódico que fue para mí de culto en mis tiempos de universidad y que cada vez leo menos, los vientres de alquiler fueron tendencia en 2017.  Y, lamentablemente, lo seguirán siendo. Porque hay negocio y en él ha puesto su objetivo el neoliberalismo, aliado con el patriarcado. Y lo han disfrazado de libertad de las mujeres para decidir sobre sus cuerpos. Por eso no cesarán en su empeño.

Pero hoy sólo pretendo hacerme eco de esta iniciativa adoptada modestamente por un grupo de mujeres de mi ciudad, todas ellas luchadoras y comprometidas, al que me honra pertenecer. En mitad de la fiesta, surgió la reivindicación vestida de rojo sangre. Y la gente se interesó y nos preguntó. Objetivo cumplido. Continuamos la lucha.

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