La brecha salarial, factor de quiebra democrática

Este informe analiza los efectos de esta devaluación salarial, la pérdida de derechos laborales y la precariedad, temporalidad e inestabilidad laboral desde una perspectiva de género, pues la agresión al trabajo femenino es un DESIGUALDAD ataque a los derechos colectivos, democráticos y constitucionales.

Elena Blasco Martin Secretaria Confederal de Mujeres e Igualdad de CCOO ha indicado que «el empleo y su calidad influyen de manera directa en el desarrollo de una persona; a través de él se valora su talento, su conocimiento, su capacidad y sus cualidades para desarrollar una determinada tarea o función». Esta concepción de empleo como sistema de desarrollo de una labor que debe ser cuantificada y remunerada es la que CCOO defendemos y reivindicamos, pues en el desarrollo de la misma existe la dedicación, el compromiso y el esfuerzo de quien lo realiza.

La larga crisis que hemos y seguimos padeciendo no puede ser la excusa que permita al Gobierno retomar la idea ancestral de posesión, dependencia y propiedad. En la actualidad se está produciendo en nuestro ámbito laboral una constante degradación de las capacidades y cualidades de las personas trabajadoras, con un Gobierno aferrado a una reforma laboral que reduce salarios, empeora las condiciones laborales y desequilibra la correlación de fuerzas. Este informe analiza los efectos de esta devaluación salarial, la pérdida de derechos laborales y la precariedad, temporalidad e inestabilidad laboral desde una perspectiva de género, pues la agresión al trabajo femenino es un ataque a los derechos colectivos, democráticos y constitucionales.

En 2015, las personas que tenían un contrato de duración determinada ascendieron a 3.714.000, siendo el 48% mujeres; de los 11.059.000 de personas asalariadas con contrato de duración indefinida los hombres representan el 52% de las personas con este tipo de contrato y el 48% a mujeres. Por jornada, el 75% de las personas asalariadas que trabajan a tiempo parcial eran mujeres. La elección de este tipo de jornada no es voluntaria, responde a razones diferentes siendo la primera no encontrar empleo a tiempo completo. Esta razón pone de manifiesto que nadie elije tener malas condiciones laborales.

Una parte de la diferencia salarial es imputable a la mayor presencia de las mujeres en el trabajo a tiempo parcial (75% frente al 25% de los hombres). Es necesario señalar que las mujeres no optan a ellos voluntariamente, sino por falta de otras oportunidades.

Únicamente los sectores en los que existe presencia de empleo público (Educación, Administración Pública, defensa, Seguridad Social), la desigualdad salarial es inferior a la media y la presencia de mujeres es muy relevante o mayoritaria.

Cerca de la mitad de la brecha salarial mensual (44%) en la nómina entre mujeres y hombres se concentra en los complementos salariales, un componente menor de la ganancia mensual, donde el salario base es claramente el componente más importante del salario y explica el 54% de la brecha salarial.

En promedio, los hombres cobran todos los meses 613 euros en complementos salariales, mientras que las mujeres cobran solo 427 euros. La cuantía que cobran las mujeres por complementos tendría que aumentar un 44% para equiparse con la que cobran los hombres.

En unos casos se trata de complementos otorgados con criterios discrecionales, sobre todo en los puestos directivos, y que benefician menos a las mujeres. En otros casos retribuyen aspectos “masculinizados” del trabajo, como el esfuerzo físico, la penosidad, la nocturnidad, o la disponibilidad horaria; mientras que no se retribuyen los atributos “feminizados”: atención, precisión, resistencia, etc.

Por tanto, en materia de empleo es necesario:

  • Priorizar y aumentar el empleo de las mujeres así como calidad del mismo, reduciendo la precariedad, la temporalidad y la parcialidad.
  • Evitar la segregación ocupacional que marca la presencia de un determinado género en sectores, ocupaciones y tareas.
  • Definición o aplicación de responsabilidades, requisitos formativos, capacidades y distribución de funciones. Elementos todos ellos que convierten a algunos oficios, ocupaciones o profesiones en contenedores de la discriminación.
  • Acabar con la segregación vertical que incide en la presencia de mujeres en los puestos y categorías más bajos, por defecto con una menor remuneración.
  • Fomentar la corresponsabilidad así como garantizar la aplicación de acciones positivas dentro de estos procesos.
  • Desarrollar políticas de igualdad basadas en la responsabilidad familiar estableciendo un verdadero reparto equilibrado de las mismas, destruyendo la falsa concepción social de que la conciliación es un problema sólo de mujeres.
  • Reivindicar una retribución salarial igualitaria.

Brecha salarial. Informe CCOO

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