Adivinanzas cinematográficas

Adivinanzas cinematográficas

Primera adivinanza (rápida porque ya la planteé hace unos días en mi muro de face): Te sientas en la butaca. Empieza la peli. Uno y una (matrimonio, amigos, novietes, compañeros de trabajo, desconocidos…) mantienen opiniones divergentes sobre cualquier cosa –desde una banalidad hasta un sofisticado asunto tecnológico o científico- ¿quién llevará razón? ¿Eh? ¿Quién? ¿Cabe alguna duda? Venga, pensad en pelis y sorprenderme…

Segunda adivinanza: Te sientas en la butaca. Empieza la peli. Sale un tipo. En la primera secuencia lo vemos desafiando a los malos o luchando por una noble causa. Luego, en la secuencia siguiente, nos lo muestran llegando derrengado a su hogar. Por allí anda una señora que, en vez de acogerlo con ternura y comprensión, lo recibe de morros y le hace reproches –con más o menos agresividad- porque él, enfrascado en la lucha contra la injusticia o en la solución de un grave problema que afecta al planeta, ha olvidado una comida familiar, un cumpleaños, un encargo doméstico, la fiesta del colegio, etc.

La esposa gruñona está en lo inmanente, en la anti-épica, en lo pequeño, en lo rastrero, en la nadería, en el aburrido runrún cotidiano… Por eso le recrimina que la tenga abandonada. En la variante más dura: le recrimina que también tenga abandonados a sus hijos… Y ojo, él no es un bestia insensible, qué va. La ama y ama a sus hijos. Siente enormemente haber olvidado que tenía que asistir al partido de béisbol que jugaba su alevín, pero ¿la heroica tarea en la que andaba ocupado no justifica el olvido? Ella, la muy egoísta, no lo comprende, claro. Nosotr@s, espectador@s, sí. Porque, además ¿para qué hemos pagado la entrada? Para ver algo fuera de lo común, por supuesto. De modo que nos repatean los requerimientos de esa mujer para que el protagonista pierda el tiempo en asuntillos caseros con poca enjundia en vez de vivir trepidantes aventuras. Así es que los numeritos que monta esa señora nos incordian lo más grande a nosotr@s también porque se oponen a las expectativas con la que hemos entrado al cine.
Y llegamos a la adivinanza: ¿este personaje femenino tiene futuro narrativo? Respondo con un NO rotundo porque, como acabamos de decir, no solo fastidia al protagonista sino que también nos fastidia a nosotr@s.
Además, una peli que se precie ha de tener su capitulillo erótico-pasional. Tal asunto requiere carne fresca, no la de la madre de tus hijos. Y requiere mujer bellísima. La esposa no es fea (si lo fuera desdoraría la imagen del protagonista pues nos parecería un tontaina por haberse casado con una fea), fea, no, pero sexi, tampoco. De modo que aparece otra mujer guapetona y esplendorosa que, miel sobre hojuelas, tiene como diez o quince años menos.

En conclusión: esa molesta esposa debe desaparecer. Problema: la moralina hollywoodiense no ve con buenos ojos el divorcio. ¿Cuál es, pues, la solución?: matar a la esposa ¿Cómo? Fácil: los malos la asesinan. Beneficio añadido: como nuestro héroe, en el fondo, la quiere (a pesar de que ella sea un cardo borriquero) ese asesinato le causará gran dolor que será un acicate suplementario en su lucha contra los malvados.

Tercera adivinanza. Te sientas en la butaca. Empieza la peli. Te la tragas todita. Acaba la peli. Sales del cine. Preguntas a la persona o personas que van contigo (si son feministas esta adivinanza no vale): “¿No habéis notado nada muy, muy raro?” “¿Raro?” te preguntan. Insistes: “Sí, raro”. Tus acompañantes especulan pero no dan con la rareza. Les sueltas: “Las mujeres somos la mitad de la humanidad ¿cómo es posible que en la peli aparezcan solo dos frente a diez o veinte tiarracos? Los dejas flipando y, aunque no te lo digan, piensan que eres un poco (o un mucho) feminazi.

Cuarta adivinanza. Te sientas en tu butaca. Llega la –casi obligada- escena de sexo. Y, una vez más, te quedas perpleja comprobando como ella alcanza un orgasmo tremendo en veinte o treinta segundos y solo con penetración. Te preguntas perpleja: ¿Es que las chicas jóvenes tienen el clítoris dentro de la vagina? O, lo que resultaría más exótico aún: ¿lo tienen en el ano? También cabe la posibilidad de que los directores, a pesar de su edad, sean vírgenes y nunca se hayan acostado con una mujer por lo que ignoran todo sobre nuestra anatomía y se ven obligados a especular…
Y etc. etc. Así podríamos seguir planteando incógnitas porque en el cine mayoritario pasan cosas muy raras. No extraña que haya personajes que vuelen, sean súper astutos, híper resistentes, capaces de sobrevivir durante meses o años en otros planetas (Marte, por ejemplo) o en islas desiertas, etc. etc. sino que todo eso (y mucho más) prácticamente solo les ocurra a los hombres…

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