¿Quién escucha a las mujeres con discapacidad sobre la «asistencia sexual»?

¿Quién escucha a las mujeres con discapacidad sobre la «asistencia sexual»?

El neoliberalismo sexual utiliza a las personas con discapacidad como argumento a favor del negocio de la prostitución. Sus defensores señalan que muchas personas con discapacidad no pueden acceder a tener relaciones sexuales si no es mediante “asistentes sexuales”. Este argumento se usa para legitimar la totalidad de la industria sexual transformando los deseos en necesidades. Se logra permutar los muy cuestionables deseos de los puteros por la necesaria satisfacción de aquellos a los que se percibe como vulnerables y desgraciados. Invocando el sentimiento de compasión azuzan la culpa de quien pretende negar ese consuelo a los discapacitados. La prostituta debe caritativamente prestarse a hacer una paja o chupar el pene de un desconocido. Si preguntamos a los defensores del argumento de la asistencia sexual que porqué no se ofrecen los hombres a realizar este “hermoso acto de caridad”, no dudan en llamarnos heterófobas o en criticar nuestra falta de respecto hacia los discapacitados heterosexuales (estas cosas le dijo en redes sociales un señor a Pilar Aguilar en respuesta al artículo que ella ha escrito sobre el tema en este medio).

El argumento de la asistencia sexual permite que dejemos de hablar del privilegio de los hombres de acceder al cuerpo de las mujeres como forma de dominación, para hablar del derecho de las personas con discapacidad (que casualmente son hombres) a acceder a la salud sexual gracias a personas generosas (que casualmente son mujeres).

El problema del argumento de la asistencia sexual no es solo que sea una burda cortina de humo, ni que constituya una instrumentalización de un colectivo (al que normalmente no se escucha) a favor de una industria millonaria. El problema es además que piensa la discapacidad desde un punto de vista paternalista y misógino. El argumento presupone a un hombre que no puede ligar por sí mismo, presume a un hombre a quien nadie quiere ni desea, presume a una mujer altruista o abnegada dispuesta a realizar las fantasías eróticas de ese pobre discapacitado. Y lo más importante, el argumento ignora completamente a las mujeres con discapacidad. Ignora la reivindicación fundamental de las mismas en lo relativo a la sexualidad. Muchas mujeres con discapacidad sufren abuso sexual o violaciones perpetradas por hombres que creen tener derecho a acceder a sus cuerpos, que creen que el deseo de un hombre todo lo valida.+

El problema del argumento de la asistencia sexual no es solo que sea una burda cortina de humo, ni que constituya una instrumentalización de un colectivo (al que normalmente no se escucha) a favor de una industria millonaria.

En particular, en nuestros foros de mujeres con endometriosis compartimos nuestras preocupaciones en torno a la sexualidad. Nunca he visto mencionada la asistencia sexual (de modo que no tengo ni idea de qué piensan mis amigas al respecto). Sin embargo sí hay preocupación por la esterilización terapéutica a la que muchas se ven sometidas. Tras la pérdida del útero algunas experimentan una pérdida del deseo sexual. Cuando entras en el quirófano no sabes qué órganos conservarás al salir y casi nadie parece preocuparse por las consecuencias de eso. Hay un escasísimo interés por encontrar alternativas terapéuticas que, entre otras cosas, mejoren nuestra vida sexual. Al margen de las histerectomías la endometriosis provoca en un número significativo de casos unos dolores insoportables al mantener relaciones sexuales e incluso con el orgasmo sin penetración. En nuestros foros compartimos testimonios en los que mis amigas expresan su temor a que sus maridos las abandonen por negarse al sexo. Algunas son abandonadas por este motivo tras décadas de convivencia. Muchas asumen esos dolores (terribles) por miedo a la soledad y se esfuerzan por simular placer en una sociedad en la que tener una pareja sigue considerándose la cifra de nuestro éxito como mujeres. Las estadísticas del INE muestran que las mujeres con discapacidad tienen acceso a un trabajo remunerado o a una pensión con menos frecuencia que los hombres con discapacidad. Las mujeres con discapacidad se ven frecuentemente obligadas a depender económicamente de sus parejas. La estigmatización interseccional entre sexo y discapacidad perpetúa la imagen de la mujer con discapacidad como pasiva muñeca y eterna niña inocente. Esta situación material y simbólica es un caldo de cultivo para la violencia sexual.

La cultura de la prostitución legitima el derecho de los hombres a acceder a los cuerpos de las mujeres que no los desean. Las mujeres que viven en situaciones de especial vulnerabilidad son las principales víctimas de esta cultura. La industria del sexo está diseñada para que los hombres sean los usuarios y las mujeres las usadas, como señala la investigadora Claudine Legardinier (la demanda femenina de prostitución para sí mismas es tan irrisoria que las prostitutas tal vez encuentren un caso cada diez años). Los intereses emancipatorios de las mujeres no se contraponen a los intereses de las personas con discapacidad.

La investigadora se muestra sorprendida por el inusitado interés que despierta la asistencia sexual en tiempos en los que se recortan las ayudas a la dependencia

El argumento de la asistencia sexual se basa en un enfrentamiento falaz y antrocéntrico. Más de la mitad de las personas con discapacidad son mujeres. No puedo ni imaginar el horror que debe suponer dedicarse a la prostitución (o a la “asistencia sexual”) y tener dolor pélvico crónico. Dada la alta prevalencia de al endometriosis debe haber muchas mujeres en esta situación. Las opiniones de las mujeres con endometriosis o con cualquier otra discapacidad acerca de la asistencia sexual serán diversas. Pero si hay algo que está claro es que la asistencia sexual está lejos de constituir un interés general del colectivo en lo relativo a la sexualidad. Si realmente nos preocupa la sexualidad de las personas con discapacidad deberíamos comenzar por comprometernos con la erradicación de la violencia sexual perpetrada por hombres contra mujeres y niñas con discapacidad. Catherine Albertini expone que en Francia la asociación de mujeres con discapacidad se opuso expresamente a la proposición de ley para la creación de la figura de asistente sexual. La investigadora se muestra sorprendida por el inusitado interés que despierta la asistencia sexual en tiempos en los que se recortan las ayudas a la dependencia y en los que no todos los niños y niñas con discapacidad pueden ser escolarizados en centros de enseñanza debido al insuficiente número de auxiliares escolares. Estoy con Albertini: es muy sospechoso que las personas con discapacidad solo despierten interés cuando su imagen sirve a los intereses de un poderoso negocio.

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