No nos pasa nada

No nos pasa nada

No nos pasa nada, amigas. Nos preguntamos qué nos sucede por errar tan a menudo, por amar a quien no debemos, por no marcharnos a tiempo, por no ver a los machunos venir. Nos cuestionamos qué hay de malo en nosotras para que no aparezca aquello que anhelamos y qué tienen los demás para que sientan que lo han conseguido todo sin ser cierto.

Nos castigamos a ratos por no seguir los pasos del camino marcado, por alterar el orden público sin avisar, por querer perrear en mitad de la pista, por pedir disculpas cuando no teníamos que ser perdonadas, por responder cuando hemos sido atacadas, por cambiar de parecer cuando nos da la gana.

Nos culpamos cuando nos abandonan, también cuando lo hacemos nosotras, por tener pareja y por no tenerla, por follar mucho o follar poco. Nos sentimos vulnerables ante la soledad, sin fuerzas para mirarla de frente, como si fuese nuestro castigo más inmerecido. Nos indignamos ante los juicios ajenos pero más aún si versan sobre nuestra sexualidad, nuestro modo de amar o nuestro pensamiento político.

Nos alteramos ante las decisiones importantes. Incluso perdemos el control por unos instantes, pero también pedimos auxilio porque en solitario sabemos que no siempre podemos vencer. Nos alteramos ante los cambios inesperados, las imposiciones y los reveses, y lo hacemos creyendo que no estamos defendiéndonos como nos merecemos.

Pero no nos pasa nada, amigas.

Tan sólo andamos protegiendo nuestra alegría, que desde fuera parece que nos es sencillo pero qué va… Hay que estar muy majaras para conseguirlo y muy cuerdas para conservarlo. Sencillamente, estamos haciendo de la vida una pequeña aventura y de nuestro entorno un amplio campo de batalla.

Y no, no nos pasa nada y al mismo tiempo nos suceden tantas cosas…

Casi ya no sé lo que es un día normal porque lo cotidiano se me hace extraordinario a vuestro lado. Y sí, nos preguntamos, nos cuestionamos, nos castigamos, nos culpamos, nos indignamos y alteramos. Pero tras todas esas acciones, hay otra cara de la moneda. Hay luz todo el rato, nos observo y no encuentro ninguna parte oscura, nada que me dé miedo descubrir, ninguna cuestión sobre la que no me atreva a preguntar.

Nos pasa la vida y no nos está dejando indiferentes. Tan sólo es eso. Así que ya vale amigas, porque no nos pasa nada.

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