La obra de Albarracín está contada en primera persona, tanto como imagen, como vivencia y se materializa en diferentes disciplinas artísticas como la fotografía, el vídeo, la instalación, la performance o el collage, todas ellas se caracterizan por imponer su fina ironía sobre los tópicos de la España cañí, pero siempre poniendo el foco en la mujer andaluza y las tradiciones relacionadas con el folklore, aquellas que, sorprendentemente a día de hoy, siguen presentes en la realidad de  las diferentes clases sociales del sur de España, aunque en muy diferente medida, pero que tienen en común el hecho de seguir marcando el estereotipo de mujer andaluza (y española por ende) que difundió el periodo franquista.

Lunares (2004) ©pilaralbarracin

Mención aparte merecen sus piezas realizadas mediante bordados, en ellas reivindica para el arte contemporáneo las técnicas consideradas tradicionalmente femeninas, que es tanto como decir artesanales y que ella aprovecha para convertir en crítica social.

Atendiendo a su compromiso y siguiendo la tradición feminista en el arte, las Performances son la parte más potente de su denuncia, utilizando su propio cuerpo. Las Acciones son siempre sorprendentes y en ellas se pone de manifiesto esos convencionalismos de las costumbres mas arraigadas en una sociedad patriarcal, son apuestas originales, frescas y coloristas, pero en las que pese a esa naturaleza agradable, permanece un regusto amargo fácilmente identificables en el estilo Albarracín, que siempre tiene presente la desigualdad de género y el machismo.

 

La artista insiste en hacer la crítica sobre cómo ciertos tópicos, que no exentos de sufrimiento, han calado en el imaginario colectivo, sirva de ejemplo su pieza “Lunares” del 2004. En ella aparece con un traje de flamenca blanco e inmaculado y conforme comienza a bailar la artista se va clavando una aguja en diferentes partes del cuerpo, creando así en la bata de cola con los lunares formados con con su propia sangre.

En el artículo de Rosa Martínez “Para volar” que aparece en la página de la artista, se cita textualmente: “En todas sus performances es la propia Albarracín la que personifica los caracteres femeninos que la convierten en campesina, inmigrante, mujer maltratada, ama de casa, bailaora o cantaora. Poniendo en juego su energía personal se implica a fondo en sus desdoblamientos…A través de sus escenificaciones  se centra en la mujer como depositaria de mandatos de sumisión y explora las diferentes facetas de una situación específica de desarrollo económico y social en Andalucía, en España y, por extensión, en los múltiples combates contemporáneos entre tradición y modernización…

Torera (2009) ©pilaralbarracin

Desde una perspectiva social… insiste en la reinvención del significante mujer y se lanza a la búsqueda de nuevos mundos poéticos, para conseguir a través de todo ello, emanciparse del peso de la Historia y emprender otras formas de vuelo”.

 

De entre toda la interesante producción de Pilar Albarracín, su fotografía del 2009 “Torera” se ha convertido en un icono de la posmodernidad. Su traje de luces gris y oro, montera y estoque incluidos,  se muestra públicamente como exponente máximo del hombre  valiente. La imagen tiene un trasfondo sutil y complejo que propone fijar la atención sobre la figura de la mujer con la incorporación de dos elementos significativos: unos zapatos rojos de tacón y una olla Express.

Su trabajo se ha podido ver en importantes exposiciones, tanto colectivas como individuales, en galerías y museos de todo el mundo, como el Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris; el Hamburger Bahnhof de Berlín; el PS1 del MoMA en Nueva York; el Istambul Modern Sanat Müzesi de Estambul; el National Center for Contemporary Arts de Moscú o el Museo Kiasma de Helsinki. También ha participado en las bienales de Venecia, Busan (Corea), Moscú  y Sevilla, entre otras. Pilar Albarracín vive y trabaja actualmente en Sevilla y Madrid.

http://www.pilaralbarracin.com/