Maternidad: delirios y feminismo

Maternidad: delirios y feminismo

 

Te metes en Foro Coches, por ejemplo, y te enteras de que el feminismo quiere castrar a los hombres. Podemos preguntarles: “¿En qué os basáis para afirmarlo?” Y nos responderán: “¿Ah, pero es que encima sois tan feminazis que nos exigís que aportemos documentación? Lo sabemos y basta”. Lo normal, vaya. Lo que una puede esperar de esas pandas machistas.

Pero que una mujer que se dice feminista escriba: “Aunque a un sector del feminismo le cueste aceptarlo, es posible ser feminista y a la vez, concebir la vivencia de la maternidad y de la lactancia materna como experiencias empoderantes e impulsoras hacia la lucha contra el patriarcado” ¿no es alucinante?

Cabe preguntarle (a ella o a alguna de las que, con variantes, repiten la cantinela): “¿Puedes aportar un documento avalado por algún “sector” del feminismo donde se sostenga que maternidad y lactancia se oponen a la lucha contra el patriarcado?”… Y cabe añadir: “¿No es, como mínimo, irresponsable dar por bueno, jalear y propagar cualquier bulo?”

Oye, que también en el siglo XV (e incluso en siglos posteriores) había quien acusaba a los judíos de comer niños cristianos…

Yo no voy a hacer aquí una exposición de lo que dice el feminismo sobre la maternidad. Ni quiero, ni sabría pues no soy ni mucho menos especialista. Pero hay bastantes feministas que sí han estudiado y pensado el tema en su globalidad o en alguno de sus aspectos, han escrito sobre él y seguirán haciéndolo (Beatriz Gimeno, por ejemplo, está preparando un libro sobre la lactancia).

Pero diré lo siguiente:

El feminismo nunca ha elaborado ninguna “normativa” sobre cómo, cuándo, dónde (y demás adverbios e incluso preposiciones) parir, amamantar, criar, etc. etc. De modo que es totalmente absurdo e infundado (y de vergüenza ajena) asegurar que el feminismo “se opone” -o, por el contrario “fomenta”- la lactancia o la epidural, por ejemplo.

El feminismo tampoco ha hecho nunca un catálogo de “sentimientos maternales” ni, menos aún, ha decretado cuáles son “guays” y cuáles no.

Lo que dice el feminismo es que el patriarcado somete a las mujeres mediante la fuerza y también mediante el engaño y la presión emocional. Usa la persuasión mucho más hábilmente que cualquier otro sistema de subordinación y explotación. Y concretamente, nos predica el amor sin límites (romántico, materno o familiar) e intenta convencernos de que, a cambio del amor, debemos aceptar sumisiones, renuncias, dolores y esclavitudes que de otra manera no aceptaríamos.

Lo que dice el feminismo (lo dice por ejemplo, Celia Amorós, gran feminista, grande, grande) es que, siempre y ante cualquier prédica, debemos de practicar la hermenéutica de la sospecha, porque, mientras sigamos en un sistema patriarcal, la casi totalidad de los mensajes que nos llegan lo son (patriarcales, digo). Y, por lo tanto, es nuestro deber examinarlos con lupa. Respecto al tema de los cuidados, cito a la propia Celia[1]:

no hay que elegir sin más entre cuidado y autonomía; las mujeres debemos cuidar, ante todo, nuestra autonomía. Como condición sine qua non para cuidar las de los otros y poder pedirles, en el diálogo, que cuiden las nuestras a su vez».

Y señala:

«el diálogo es incompatible con la abnegación, con la no-determinación del propio espacio, que suele doblarse de la invasión del ajeno. Juego de permanente ajuste y reajuste de los límites del «yo» y del «otro». Toda ética ha de partir del «sí mismo». Y si éste principio tiene alcance universal, es particularmente indispensable recordárselo a las mujeres».

Resalto dos aspectos de lo que señala Celia:

1, «Cuidar la propia autonomía es esencial para las mujeres puesto que el patriarcado nos predica lo contrario: la abnegación, la sumisión de nuestros deseos y necesidades. Como ella dice: cuidar bien, supone empezar cuidándose a sí misma». Para quien considere las palabras de Celia intrincadas, no quiera entenderlas o prefiera simplificaciones pedestres (pero ilustrativas) es aquello que repiten en los aviones: “Antes de colocar la mascarilla a los niños, colóquese la suya”.

2, No es de recibo que unos (más bien, unas) se dediquen a cuidar y otros a ser cuidados. A ver, está claro que una bebé[2] no puede cuidarse a sí misma (o sea, por muchas ganas que tengáis de atacarme, no vayáis por ahí, que no estoy diciendo que una cría de cinco meses deba cuidar a su madre o no deba ser cuidada). Está claro, además, que ciertos cuidados solo los puede dispensar la madre (dar de mamar, por ejemplo). Pero, siempre –siempre significa también durante la crianza- la madre debe exigir el diálogo con su pareja (si la tiene, claro), es decir, la corresponsabilidad y el cuidado compartido. Y, a medida que la criatura crece, es preciso enseñar a ese nuevo ser humano que todos (y, lo que es más importante, todas) necesitamos ser cuidados, tener nuestro espacio y nuestra autonomía. Necesitamos la reciprocidad (adaptada a cada caso, por supuesto).

Ni Celia, ni ninguna feminista prohíben ser madres o amar intensamente a las hijas. Pues como señala otra gran feminista. Seyla Benhabib[3]: “El yo autónomo no es un yo desencarnado”. El feminismo no nos prohíbe enamorarnos ni vivir a fondo el amor y el deseo. Ni proclama: “No cuides a tus hijas o no les des la teta”. Ni nos marca cuánto debe durar un encuentro sexual o una tetada, ni cuántas parejas o cuántos meses de lactancia hemos de tener.

Da vergüenza ajena tener que insistir en estas cuestiones… Frente a quienes manipulan los mensajes, los deforman y denigran (abierta, soterradamente, por inquina o por pura ignorancia) quiero recordar que:

A) el feminismo ha peleado denodadamente (y sigue haciéndolo) porque la maternidad no sea obligatoria sino elegida. La maternidad no es asunto baladí. Implica, altera y compromete toda la vida (o, como mínimo, los nueve meses de la gestación). La imposición de la maternidad ha supuesto y sigue suponiendo una gran brutalidad hacia las mujeres. ¿Quién se cree que si en España, hasta bien entrados los 70, muchísimas mujeres se cargaban de hijos era por “vocación”?

¿En cuántos países las mujeres siguen sin tener acceso a los métodos anticonceptivos ni, por supuesto, al aborto? Oponerse a esa obligatoriedad ha sido y es una gran lucha del movimiento feminista. Seguimos batallando porque las mujeres puedan libremente embarazarse o no. Pues no olvidamos que también algunas querrían tener hijos pero, por necesidades económicas o laborales, no pueden permitirse “tal lujo”.

En resumen: la libre elección de la maternidad es una conquista básica y previa a cualquier otra.

B) Al movimiento feminista le debemos lo que hay legislado sobre permisos, ayudas, etc. ¿Que no es bastante? ¿Que se debe mejorar? Todas estamos de acuerdo, pero ciertos comentarios (tic Foro Coches) dan a entender que el feminismo, en vez de estar, como siempre, en la vanguardia de las reivindicaciones de las mujeres, les impide luchar por ello…. Cuestión muy diferente es el contenido concreto que se le dé a la agenda reivindicativa, que, en efecto, puede no ser exactamente coincidente para todas. Y puede, en concreto, no plegarse a los deseos de algunas. Pero les pregunto: ¿no les parece abusivo pensar que lo único “divino” es lo que ellas propugnan? ¿qué quieren? ¿qué se legisle la obligatoriedad de dar el pecho o de darlo hasta tal o cual edad?

Vamos, anda…

Las palabras de Celia constituyen una lección profunda de justicia, de ética y feminismo. Dicen lo que dicen: que las mujeres  tenemos que preguntarnos -también ante la maternidad- si lo que hacemos preserva nuestra vida y nuestro bienestar.

Sabemos que responder no es fácil porque las cuestiones humanas son siempre complejas, tienen múltiples lecturas y están atravesadas por infinidad de variables. De modo que no se trata de asegurar: quién amamante más allá de dos años está malcriando. Pero, desde luego, tampoco se trata de afirmar: quien se niegue a amamantar es una mala madre…

Os dejo con estas palabras de Seyla Benhabib, muy dignas de ser pensadas:

“Alcanzamos un sentido coherente de la propia identidad cuando integramos con éxito autonomía y solidaridad, cuando mezclamos adecuadamente justicia y cuidado”.

Y también:

“Cuando el relato de una vida sólo puede narrarse desde la perspectiva de las otras, el yo es una víctima sufriente que ha perdido el control sobre su propia existencia.”

En otro artículo hablaré de las malas madres…


  1. ISEGORIA. Número 6 (los subrayados son míos).
  2. He decidido que en este artículo no voy a andar con uno/una, niño/niña. Voy a usar el femenino inclusivo.
  3. A la abogada colegiada nº 14084 ICAV (así se describe ella misma) le parecerá un horror citar a C. Amorós, o a S. Benhabib ¡tan antiguas! Pero es que yo soy una clásica: sigo prefiriendo El Quijote a Cincuenta sombras de Grey.
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