La mala leche

La mala leche

 

Una vez más, he contemplado a una feminista intentar señalar una opresión que nos atañe a todas nosotras como colectivo, solo para ver como otras mujeres, con poca compresión lectora, y pensando que se les hace una crítica a sus opciones individuales, echársele al cuello, figurativamente hablando.

Ocurrió ayer en Facebook. El tema en cuestión era “EL” tema que saca a más mujeres (feministas o no) de sus casillas: La decisión de dar o no el pecho a un bebé. Esta persona a la que me refiero, a la cual sigo y admiro, participa activamente aquí en Tribuna Feminista (no me atrevo a definirla, pero diría que es feminista radical), y sacó a colación, y me imagino que por este artículo, el dar pecho desde el contexto feminista. Y el cabreo, las acusaciones, los comentarios mal entendidos y los insultos no se hicieron esperar. La mala leche llegó hasta el extremo de denunciar su atrevimiento de tratar un tema, la maternidad, que esta persona no podía dominar, al no haber tenido hijxs. Hago un inciso aquí para comentar que es curioso lo mucho que odian muchas mujeres que otra les aconseje sobre la maternidad, cuando de buena manera aceptan las críticas que vienen de esos seres que no paren, llamados hombres.

El caso es que estas campañas de acoso y derribo ya las he visto antes, muchas veces. El tópico puede ser el dar el pecho o las mujeres que trabajan fuera de casa/o doble jornada, o aquellas que ponen a sus críos en la guardería. En mis 25 años desde que me convertí en madre he seguido estas “guerras” a lo largo de los tiempos. A veces me han tocado de cerca (como cuando otras madres me criticaban por poner a mi hijo en la guardería y querer trabajar) otras veces lo he visto de lejos, en los medios. Mujeres insultándose las unas a las otras por sus preferencias individuales, apelando a su libertad de elegir.

Este es el problema: Las mujeres no somos libres. No hay libertad para nosotras en este sistema patriarcal, como colectivo. A nivel personal es diferente, y está basado en gran parte en los recursos, y situaciones personales que cada una tenga. Pero las mujeres, como grupo, repito, no somos libres. Es un hecho que vivimos en un sistema patriarcal que preferiría que estuviéramos en casa y pariendo, para entre otras razones, no competir con los hombres. Los mensajes que recibimos reflejan eso; se nos ha impuesto la maternidad desde tiempos inmemoriales, y sigue ocurriendo. Como feministas, lo que hacemos es deconstruir estos mensajes patriarcales; debatimos sobre la socialización que se les hace a las mujeres sobre la maternidad, no criticamos las opciones individuales de cada una. Como mujeres, somos conscientes de que cada una de nosotras gestiona su vida de acuerdo a los recursos de los que dispone.

Yo apenas di teta. La lectora que sigue estas líneas tal vez sí. Las dos opciones son válidas, pero es importante destacar, insisto, en que hay que estudiar el contexto patriarcal en el que estas elecciones han sido hechas.

He estado leyendo “Políticas Sexuales” de la recientemente fallecida Kate Millett. En su libro explica cómo el sistema patriarcal tiene dos formas de oprimir a las mujeres: Por coacción, o por disuasión. La maternidad, y lo que se puede obtener de ella es un aspecto muy ligado a la opresión que sufrimos las mujeres. Es, por tanto, de gran interés para el patriarcado, el cual puede imponerla, controlando los métodos anticonceptivos y abortivos a los que tenemos acceso las mujeres. O puede disuadirlas de que la maternidad es la hostia, socializando a las mujeres desde pequeñas en su rol de cuidadoras (ayer mismo vi varias niñas en el parque paseando con carritos de muñecas-bebes), o por medio de la mística de la maternidad. Esta segunda táctica, la disuasión, creo que es la que se está dando ahora mismo en España y en otros países industrializados, apoyado por el feminismo liberal y su colega el colectivo queer. Mientras que nuestras abuelas lucharon por la libertad de no ser obligatoriamente madres, el patriarcado ha suavizado su argumento, y actualmente, aliado con la economía neoliberal, nos vende la experiencia individualista de la mística de la maternidad para controlarnos bien. Como el patriarcado es, además, bastante atrevido, incluso nos vende el parto con dolor, y la teta a demanda como algo natural y hasta empoderador, aunque realmente los beneficios, si los hay, hayan sido exagerados. Para muchas mujeres, socializadas desde la infancia en el mito del instinto maternal, y habiendo invertido tanto en esta experiencia, su identidad está muy ligada a su rol de madre. Y más aún si cabe, si han tenido la valentía de meterse en la aventura de ser madre en estos tiempos de precarización económica. Mientras la feminista radical habla de la lectura patriarcal de dar el pecho, la madre se lo toma como un insulto, muy personal y defiende sus acciones como el resultado de su decisión propia y empoderadora. Y ya sabemos que si hay algo que el patriarcado hace bien es el convencer a las mujeres de que su propia opresión es una elección personal, libre y empoderadora (llámese el estar disponible para dar teta las 24 horas del dia, usar maquillaje, o ser “trabajadora del sexo por libertad propia”). Y más aún, el cuestionar las decisiones personales referente a la maternidad cae en el peligroso terreno de llamar a una mujer “mala madre”, que es el peor insulto posible.

La realidad es que, por mucho que el sistema patriarcal insista, la maternidad es tremenda para las mujeres. No a título personal, que como ya he dicho es una experiencia distinta para cada mujer. Obviamente no es lo mismo la maternidad de la reina Letizia con todos sus recursos, que la de una migrante “hispana” en Estados Unidos con triple jornada (dos trabajos + la casa) para dar de comer a cinco criaturas. Y aun así, es muy subjetivo. Igual la reina no está, a pesar de todo, muy realizada en el rol maternal que es parte de su trabajo (literalmente), y la mujer migrante encuentra la experiencia de la maternidad muy enriquecedora.

Pero a nivel colectivo, insisto, es tremenda y el sistema patriarcal nos lo tiene que imponer por las buenas o por las malas, porque sin socializarnos de una manera tan intensa, o sin meternos en la cárcel por abortar igual no había ninguna voluntaria. Un embarazo sigue significando la muerte para muchas mujeres del planeta. En países pobres, puede causar una fístula que requiere cirugía, a menos de que la mujer quiera perder control sobre su vejiga y los contenidos de ésta, y lo que eso conlleva en cuanto a marginalización social. En países ricos, muchas mujeres aguantan violencia obstétrica, y partos traumáticos, seguidos de depresión. En muchos casos puede perder su empleo y la posibilidad de ascender en su carrera. Si mantiene su empleo, ella sola ha de conciliar, y si trabaja en casa, ha de depender económicamente de otra persona, y posiblemente, camine a la pobreza en la vejez. A eso se une la pérdida de libertad y el tener que renunciar por mucho tiempo a otros tipos de realización personal. No es sorprendente, pues, que el sistema patriarcal tenga que emplear todo tipo de artilugios para convencer a las mujeres de dar a luz a la generación siguiente.

Esta es la realidad es la que las mujeres vivimos, al margen de las elecciones individuales que cada una hace. Esto es, creo, lo que esta feminista en Facebook ayer intentaba expresar. No es una crítica a acciones individuales, pero una lectura de los mensajes patriarcales en lo referente a la maternidad y su opresión.

Estaría bien, que antes de echarnos las manos al cuello, intentaramos todas contar hasta diez antes de escribir alguna barbaridad y apretar el botón de Facebook. El debatir nos hace bien a todas, o debería.

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