Dejar de ser heteropatriarcal

Dejar de ser heteropatriarcal

 

Heterosexualidad abarca mucho más que gustos sexuales-afectivos

Hablar de heterosexualidad es hablar de una ideología atada al capitalismo; situación político-social actual. Son muchas las teóricas feministas que han investigado y publicado sobre el tema; Monique Witting (Francia), Silvia Federici (Italia), Judith Butler (EUA), Liliana Mizrahi (Argentina) o Karina Vergara Sánchez (México). Así que no me invento nada nuevo.

Y de todas se saca la misma idea; el capitalismo no es posible sin un patriarcado heterosexual y viceversa.

Este sistema/ideología heteropatriarcal capitalista se basa y se sostiene con el sometimiento y la opresión de la mujer a nivel emocional, sexual, económico… Ahora pensareis que vengo otra vez con la misma historia feminista de siempre. Pues sí. Y me baso en el artículo de la mexicana Karina Vergara Sin heterosexualidad obligatoria no hay capitalismo”, quien además cita a algunas de las otras autoras ya nombradas.

Entendemos capitalismo como el sistema socio-político en el cual vivimos basado, entre otras cosas, en la propiedad privada. Se mantiene principalmente con la existencia de dos roles; explotador/ opresor (patrón, empresa, hombre…) y explotadxs/oprimidxs (planeta tierra, trabajadorxs, mujeres…).

La heterosexualidad es una institución; una forma de organización y control social donde sobretodo se oprime a las mujeres, ya que ellas son las que se encargan del trabajo doméstico no remunerado imprescindible para sostener el capitalismo. La mujer es necesaria puesto que gestiona la crianza, la producción de mano de obra.  Y lo hace sin recibir ni esperar nada a cambio (así es como la han creado).

Federici añade el concepto clave, la división sexual del trabajo: el hombre produce y provee, la mujer reproduce y cuida, creando así una nueva dependencia.

La heterosexualidad gobierna la esfera sexual, ya que nos inyectan que nos deben gustar y atraer los hombres y debemos satisfacernos sexualmente con la penetración (el porno, otra herramienta de dominio). La teórica feminista Adrienne Rich argumenta y defiende esta interesante idea.

Con la modernidad, parece que la sociedad está abierta a relaciones de gente del mismo sexo, pero no nos engañemos, hoy en día la idea heterosexual parece que va más allá de seguir o no la heteronormatividad. Es decir, puedes ser lesbiana y tener/desear relaciones que se enmarquen dentro de un contexto heterosexual.

Porque heterosexualidad implica mucho más que control sexual, es poder y la autoridad que ejerce el sistema en nuestras vidas.

Karina Vergara es clara y firme: “La mente heterosexual no puede concebir una cultura, una sociedad donde la heterosexualidad no ordene, ya no solo las relaciones humanas, sino también la misma producción de conceptos, inclusive a los que escapan de la psique humana”.

Implica el deseo de tener pareja, de formar familias nucleares, de caer en la trampa del amor romántico, en tener o no deseos sobre la maternidad o paternidad…

Ludditas sexxxuales, en su publicación Ética amatoria del deseo libertario, argumentan que en esta sociedad hay una adicción al romance, ya que dentro del régimen heterosexual hay una disciplina de valores/roles en torno al amor. Añado que sobretodo es la mujer la que ha sido creada para estar más (de)pendiente del amor, de la pareja (si tiene en mantenerla y si no en encontrarla) etc. Otra forma de opresión.

Dejar de ser heteropatriarcal

Heterosexualidad abarca mucho más que gustos sexuales-afectivos.  Hablar de heterosexualidad es hablar de una ideología atada al capitalismo; situación político-social actual.

Son muchas las teóricas feministas que han investigado y publicado sobre el tema; Monique Witting (Francia), Silvia Federici (Italia), Judith Butler (EUA), Liliana Mizrahi (Argentina) o Karina Vergara Sánchez (México). Así que no me invento nada nuevo.

Y de todas se saca la misma idea; el capitalismo no es posible sin un patriarcado heterosexual y viceversa.

Este sistema/ideología heteropatriarcal capitalista se basa y se sostiene con el sometimiento y la opresión de la mujer a nivel emocional, sexual, económico… Ahora pensareis que vengo otra vez con la misma historia feminista de siempre. Pues sí. Y me baso en el artículo de la mexicana Karina Vergara Sin heterosexualidad obligatoria no hay capitalismo”, quien además cita a algunas de las otras autoras ya nombradas.

Entendemos capitalismo como el sistema socio-político en el cual vivimos basado, entre otras cosas, en la propiedad privada. Se mantiene principalmente con la existencia de dos roles; explotador/ opresor (patrón, empresa, hombre…) y explotadxs/oprimidxs (planeta tierra, trabajadorxs, mujeres…).

La heterosexualidad es una institución; una forma de organización y control social donde sobretodo se oprime a las mujeres, ya que ellas son las que se encargan del trabajo doméstico no remunerado imprescindible para sostener el capitalismo. La mujer es necesaria puesto que gestiona la crianza, la producción de mano de obra.  Y lo hace sin recibir ni esperar nada a cambio (así es como la han creado).

Federici añade el concepto clave, la división sexual del trabajo: el hombre produce y provee, la mujer reproduce y cuida, creando así una nueva dependencia.

La heterosexualidad gobierna la esfera sexual, ya que nos inyectan que nos deben gustar y atraer los hombres y debemos satisfacernos sexualmente con la penetración (el porno, otra herramienta de dominio). La teórica feminista Adrienne Rich argumenta y defiende esta interesante idea.

Con la modernidad, parece que la sociedad está abierta a relaciones de gente del mismo sexo, pero no nos engañemos, hoy en día la idea heterosexual parece que va más allá de seguir o no la heteronormatividad. Es decir, puedes ser lesbiana y tener/desear relaciones que se enmarquen dentro de un contexto heterosexual.

Porque heterosexualidad implica mucho más que control sexual, es poder y la autoridad que ejerce el sistema en nuestras vidas.

Karina Vergara es clara y firme: “La mente heterosexual no puede concebir una cultura, una sociedad donde la heterosexualidad no ordene, ya no solo las relaciones humanas, sino también la misma producción de conceptos, inclusive a los que escapan de la psique humana”.

Implica el deseo de tener pareja, de formar familias nucleares, de caer en la trampa del amor romántico, en tener o no deseos sobre la maternidad o paternidad…

Ludditas sexxxuales, en su publicación Ética amatoria del deseo libertario, argumentan que en esta sociedad hay una adicción al romance, ya que dentro del régimen heterosexual hay una disciplina de valores/roles en torno al amor. Añado que sobretodo es la mujer la que ha sido creada para estar más (de)pendiente del amor, de la pareja (si tiene en mantenerla y si no en encontrarla) etc. Otra forma de opresión. “Mientras nosotras amamos, ellos gobiernan” (Kate Millet, 1984). Volvemos a ser objeto de los sujetos del patriarcado; los hombres.

Vergara se cuestiona que en las sociedades capitalistas actuales hay una heterosexualidad destinada cuyo sentido de la vida es vivirla en pareja (opio para las mujeres). Y vivir en pareja, es el primer paso para crear familias nucleares: “la familia en occidente es una creación de capital, una construcción para mantener la estructura capitalista” (Federici).

Históricamente uno de los pasos previos para formar estas familias era/es el matrimonio. Claro ejemplo de compra de objeto (mujer) por sujeto (hombre) mediante un contrato: el objeto-mujer pasa a ser propiedad del sujeto-hombre. En algunos países la mujer pasa a tener la etiqueta del apellido del marido; una marca de terreno que asegura la propiedad. Y volvemos a la idea inicial de la dependencia de ambos; hombre que provee y produce, mujer que reproduce y cría. La mujer se encarga de cuidarlo, a él y a sus hijos. Compra otra madre, pero con derecho sexual incluido vendido en forma de necesidad para la reproducción humana, siempre bajo su propiedad y control.

Poner la mirada en el contexto actual no nos vuelve más optimistas. Ya que bajo la idea del amor romántico (da igual si es heteronormativo o no) el capitalismo está consiguiendo que la gente se continúe juntando de dos en dos para poder vivir el falso deseo de formar familias.

De la teoría a la práctica

Os diré que no me siento partícipe de la heteronormatividad; he tenido parejas hombre y mujer. Más allá de las preferencias sexuales, todas mis relaciones las he vivido de manera heteropatriarcal; amor romántico y sus mitos, valores aprendidos como mujer, el sentido de la propiedad…

Los valores patriarcales me calaron tan hondo que dejé que me trataran mal, supliqué amor, quise que me cuidaran y me salvaran cual princesa de cuento y he sufrido como nunca, perdiendo mi eje hundiéndome en lo más profundo.

Como mujer creada bajo los parámetros de la sociedad descrita anteriormente, he tenido el rol de princesa y de salvadora tanto con chicos como con chicas. Y he sido dependiente viviendo más sus vidas que la mía.

Soy mujer que le gustan las mujeres. Feminista. Soy mujer que le gustan y le atraen otras mujeres feministas de manera sexo-afectiva. Y como “buena” feminista estás en contra del amor romántico que tanto nos oprime. Pero aplicar la teoría a la práctica no es tan fácil, primero porque cada una de nosotras ha aterrizado al feminismo por algún motivo. Puede haber sido víctima de violencia  (diría que todas en mayor o menor medida), haber nacido fuera de la heteronormatividad – lesbianas – o crecer en un cuerpo no aceptado, etc  casi todas y cada una de nosotras hemos crecido en una sociedad que no nos gusta, pero cuyos valores hace que asumamos actitudes nocivas, sobretodo para nosotras mismas. Soy feminista y me cuesta no caer en el victimismo o la dependencia emocional. Y conozco a feministas que entran dentro de una personalidad narcisista y egoica en la manera de relacionarse. Son solo un ejemplo de rasgos heredados del sistema, por eso es necesario darse cuenta de lo patriarcalizadas  que estamos y la importancia de desHeterosexualizarnos.

La heterosexualidad te vende un estilo de vida, normalmente entre hombres y mujeres, pero va mucho más allá. Es el querernos de dos en dos para controlarnos mejor, creando un entramado de relaciones sexo-afectivas donde 2 es el número de personas y pareja el nombre que se le otorga a las relaciones.

No es una idea fácil de desaprender, lleva con nosotras muchas generaciones. Lo importante es darse cuenta para construir otra forma de relacionarnos donde no tenga cabida la propiedad privada, los roles opresivos o las luchas de poder.

Al final, el capitalismo nos quiere divididas, ya que crean competencia entre nosotras a nivel individual y colectivo, y acabamos consumiendo más (para ser más delgada, estar a la moda…). Y el patriarcado nos quiere sometidas y calladas. La mezcla de los dos es la mejor combinación para generar violencia a nivel global.

Podemos empezar por cambiar nuestro lenguaje cuando hablamos de relaciones; referirnos por el mismo concepto de relación en lugar de pareja, quitar los pronombres posesivos tan feos “mi novia, mi pareja…” (la maté porque era mía). Podríamos llamarnos por el nombre en lugar de etiquetar. Dejar la competitividad por la cooperación.

Es nuestro deber como feministas relacionarnos de manera feminista y no heterosexual; luchar y aprender de manera continua contra el capitalismo heteropatriarcal amando de otra manera. Amando en libertad.

Volvemos a ser objeto de los sujetos del patriarcado; los hombres.

Vergara se cuestiona que en las sociedades capitalistas actuales hay una heterosexualidad destinada cuyo sentido de la vida es vivirla en pareja (opio para las mujeres). Y vivir en pareja, es el primer paso para crear familias nucleares: “la familia en occidente es una creación de capital, una construcción para mantener la estructura capitalista” (Federici).

Históricamente uno de los pasos previos para formar estas familias era/es el matrimonio. Claro ejemplo de compra de objeto (mujer) por sujeto (hombre) mediante un contrato: el objeto-mujer pasa a ser propiedad del sujeto-hombre. En algunos países la mujer pasa a tener la etiqueta del apellido del marido; una marca de terreno que asegura la propiedad. Y volvemos a la idea inicial de la dependencia de ambos; hombre que provee y produce, mujer que reproduce y cría. La mujer se encarga de cuidarlo, a él y a sus hijos. Compra otra madre, pero con derecho sexual incluido vendido en forma de necesidad para la reproducción humana, siempre bajo su propiedad y control.

Poner la mirada en el contexto actual no nos vuelve más optimistas. Ya que bajo la idea del amor romántico (da igual si es heteronormativo o no) el capitalismo está consiguiendo que la gente se continúe juntando de dos en dos para poder vivir el falso deseo de formar familias.

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