Buscando a Mamá Noel

Buscando a Mamá Noel

 

Tal vez parezca una tontería -o lo sea- pero más de una vez me he preguntado si hay una Mamá Noel y, en su caso, quién es y qué hace mientras su esposo dedica el tiempo a preparar y repartir regalos. Y, puesta a darle vueltas, por qué nadie sabe de ella y por qué no se reparten las tareas.

Lo primero que quisiera aclarar es quién no debe ser Mamá Noel. Y no deben serlo las protagonistas de todas esas imágenes que se empeñan en mostrarnos en determinada publicidad de chicas con poca ropa que, aunque lucen idéntico gorro al de Santa Claus, llevan un cinturón por falda y lencería picante debajo de una escotadisima casaca roja y blanca. Esas chicas supuestamente sexys que podrían ser la hija o la nieta de Papá Noel, pero que es imposible que lo sean porque en Laponia se hubieran congelado de esa guisa. Una imagen que no sé si pondrá a alguien, pero que a mí lo único que me pone es de mal humor.

Pero más allá de lo que no sea, vayamos a quién sea, o a quien debiera ser. Si Papá Noel tuviera pareja, debería hacerla más visible, y repartirse las tareas con ella. No quiero creer que alguien tan bueno con las niñas y niños deje que sea ella quien le prepare la comida, haga la colada y le tenga bien planchado el traje mientras él trabaja fuera de casa una sola noche al año. Así que prefiero pensar que, para dar ejemplo, se reparte las faenas de la casa con ella, y hasta se turnan para reñir al reno Rudolph cuando hace alguna trastada.

Aunque la verdad es que debería turnarse también con ella para repartir los juguetes, que ya se sabe eso de que unos llevan la fama y otros cardan la lana. Y seguro que al bueno de Papá Noel no le gustará que piensen que invisibiliza a las mujeres, y menos aún que no deja salir de casa a la suya, aunque sea con la excusa de que coge frío, ni de que las mujeres no pueden salir de casa solas no vaya a ser que les pase algo, ni tampoco de que no sabe aparcar el trineo. Y tampoco cuela lo de que tiene que quedarse en casa cuidando a los elfos, que hasta en el Polo Norte ha de regir eso de la corresponsabilidad.

Papá Noel debería hacerse cargo que a las niñas también les gusta ver que las mujeres son reconocidas, y que no tienen que quedarse a la sombra de nadie, aunque se llame Papá Noel y reparta juguetes.

Aunque, claro está, pudiera ser que en vez de una compañera, Papá Noel tuviera un compañero, que seguro que en el Polo Norte no hacen distingos. Y si es así, querido Papá Noel, tampoco tiene por qué esconderlo. Aunque allí haga frío, se combate mejor junto a la chimenea que dentro de un armario.

Pero además de todo eso, querido Papá Noel, no se olvide de repasar bien lo que lleva en su saco. Olvídese de las etiquetas rosas y azules para niños y niñas, y compruebe que habrá niñas tan felices con un balón o un coche como niños con una cocinita o una muñeca. No se deje marear por los anuncios, ni por los pasillos que clasifican a los niños por colores, ni se crea todo lo que dicen en la tele. Y piense que quienes le escriben son tanto niños como niñas, y que puede hacer mucho para enseñarles a vivir en un mundo donde seamos cada vez más iguales. Y que tal vez aprendan más si ven que Papá Noel predica con el ejemplo que si se lo enseñan en cualquier charla aburrida.

Así que, querido Papá Noel, no sé si llego a tiempo, pero no quería dejar de enviarle mi carta, aunque ya haga bastante que dejé de ser una niña. Y, por cierto, si coincide con los Reyes Magos comprando juguetes, comente también con ellos el tema. Porque cuanta más gente se una a la lucha por la igualdad, más pronto la conseguiremos.

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