¡Que coman texto! La verdadera política del posmodernismo

¡Que coman texto! La verdadera política del posmodernismo

Por Karla Mantilla

Traducción: Raquel Rosario Sánchez

Texto original

Después de leer algunos libros sobre teoría postmodernista, hay varias cosas sobre esa teoría que me resultan incongruentes. He intentado no solo analizar lo que dicen los/as teóricos/as posmodernistas sobre su teoría, sino hacer algo más importante, que es analizar cómo funciona la teoría posmodernista en el mundo- cuales serían los efectos de adoptar el pensamiento posmodernista y sus teorías. Después de investigar me resultó evidente que el efecto fundamental del posmodernismo es silenciar el pensamiento y el discurso, tanto en el ámbito personal como político. Se que esta es una afirmación escandalosa dado el grado de atención que otorga la teoría posmodernista a la idea de resaltar y privilegiar las voces de personas marginadas, de amplificar las voces que quienes han sido silenciados/as, y a investigar los silencios latentes en el discurso dominante (para utilizar un poco la prosa del posmodernismo). No obstante, en una lectura profunda de cómo funciona la teoría posmodernista, encuentro que estas afirmaciones no son más que propaganda falaz. Lo importante no es lo que el posmodernismo dice que hace, lo importante es entender cómo funciona de verdad.

Algo que me ha llamado la atención sobre el posmodernismo ha sido mi experiencia trabajando con pasantes, en su mayoría, estudiantes universitarias/os, en las oficinas de la revista Off Our Backs. Constantemente, cuando estamos revisando la correspondencia, el envío de las nuevas ediciones y alguna que otra labor de oficina, terminamos conversando sobre el feminismo. Mas frecuente de lo que me gustaría, después de ofrecer mi punto de vista sobre algún evento o alguna teoría particular, las y los pasantes me dicen: “No puedes decir eso”. Mi respuesta usualmente es: “Lo acabo de decir”. No quiero ser irreverente con mi respuesta, pero les quiero comunicar que sí puedes expresar tu opinión sin auto-censurarte y sin tener que expresar una renuencia exagerada a decir algo con lo que alguien pueda estar en desacuerdo. Se pueden decir las cosas de manera clara y concisa, incluso cuando son controversiales. Otras personas pueden estar en desacuerdo pero tú si puedes, no obstante eso, expresarte.

Una pasante, a quien habían asignado para que cubriera un evento en contra del aborto, mostró mucha confusión respecto a la idea de que “no se puede decir que la gente que está contra el aborto está equivocada, porque también tienen un punto de vista. En realidad, no puedes decir que su punto de vista no es el correcto”. Ella se confundió bastante respecto a su propia posición en lo que concierne al aborto luego de escuchar las fervientes opiniones de los que están en contra. No porque la hayan convencido con los méritos de sus argumentos; eso hubiese sido un error honesto. La confusión fue por su inhabilidad de sostener un argumento como más valido que otro argumento. Ella entendía que mientras hubiera posiciones en competencia las unas con las otras, ella no podía fijar posición. Esto, a mi entender, es el efecto cumulativo de las enseñanzas del posmodernismo en la academia, especialmente en los Estudios de la Mujer últimamente. El estudiantado queda inhabilitado de fijar posiciones con convicción respecto a cualquier tema.

La llegada del posmodernismo como la teoría prevalente en la academia tiene un impacto significativo, no solo dentro de las universidades, sino también en el feminismo como movimiento progresista. Existen varios problemas dentro del posmodernismo, el primero tiene que ver con la manera en la que ha infiltrado algunas perspectivas del feminismo radical, pero solo para evitar que tengan impacto político.

FEMINISMO RADICAL, DILUIDO

Uno de los planteamientos más fundamentales del posmodernismo es que todo es una construcción social, el género, la raza, la clase, los atributos personales, etc. Los y las posmodernistas se esmeran en justificar como cada matiz de cada sistema social ha sido el resultado de una construcción social. Hay un gran énfasis en presentar las construcciones como cosas que surgen de lugares particulares dentro del orden social. Por ejemplo, un hombre blanco estadounidense se adhiere a una perspectiva del mundo que confirme y legitime su posición. Esto no es nuevo (el feminismo radical viene diciendo eso desde hace años): los sistemas sociales afectan de manera profunda, y determinan las vidas de las personas de maneras que pueden resultar no evidentes. Incluso aspectos íntimos y personales de la vida de las personas como sus roles de género, su sexualidad e incluso sus percepciones de sí misma.

Lo interesante es la manera en que los y las posmodernistas presenta esto como si fuese un gran descubrimiento. Las feministas radicales llevan años haciendo este análisis. Y en una clásica reversión patriarcal (a la Mary Daly), los y las posmodernistas acusan a las feministas radicales de ser esencialistas, es decir, de creer que el género y otras cualidades son biológicas. Esto es todo lo contrario de lo que argumentan las feministas radicales; que como el género es algo construido socialmente, puede ser construido de una manera diferente, más equitativa. La disyuntiva entre las feministas radicales y el posmodernismo es sobre cuán difícil será el proyecto de desmantelarlo. El hecho de que las feministas radicales argumenten que no es fácil desmantelarlo es precisamente la razón por la cual el posmodernismo las acusa de esencialistas; porque ellas dicen que a pesar de que estas desigualdades no surgen de diferencias biológicas, ahora existe una diferencia marcada en cómo son socializadas las mujeres y los hombres, y es por eso que existen tantas diferencias. Pienso en el posmodernismo como un tipo de feminismo que minimiza las dificultades, que vive en una negación sobre cuán arraigado es el patriarcado y cuan enraizadas están las instituciones patriarcales en la sociedad.

SUBVERTIR EL PARADIGMA DE SUBVERSION

Aparte de infiltrar y denostar contra el feminismo radical, otra manera incluso más perniciosa con la que el posmodernismo subvierte el paradigma de subordinación es la manera en que, mientras dicen permitir que se escuchen más perspectivas, en realidad están silenciando más voces, lo que causa que quienes promueven el posmodernismo se vean amordazados y presenten un discurso turbio y enmarañado.

POSMODERNISMO: LAS HERRAMIENTAS DEL AMO

La epitome del pensamiento posmodernista es la manera en que sus herramientas y métodos sirven para reforzar el estatus quo. Incluso cuando repiten políticas radicales, las causas de las personas marginalizadas, el discurso de trabajar en contra de todo tipo de opresión, la herramienta del pensamiento posmodernista es desbaratar esta misión desde la raíz. Algunas de las herramientas que utiliza el posmodernismo para silenciar el debate son las siguientes:

El estilo de escribir: A pesar de que esa manera confusa de escribir es una crítica fácil, hay que enfatizar, una y otra vez, que incluso a las personas con un alto nivel de educación formal se les dificulta entender lo que el posmodernismo quiere decir. Me he visto batallando contra esos textos densos y esa prosa complicada que caracteriza escritores y escritoras posmodernistas, solo para darme cuenta que la idea central debajo de las capas de prosa compleja, no amerita una presentación tan confusa. Las ideas posmodernistas no son más complejas ni complicadas que las ideas de otras teorías progresistas, marxistas, feministas.

Este estilo de escribir, más que una inconveniencia o molestia, sirve un propósito. Como dice Katja Mikhailovich en Radicalmente Hablando: “Mi primera reacción, y la respuesta de muchas mujeres con las que he hablado al respecto, fue dudar de mi intelecto y mi habilidad de poder comprender estos textos”. El efecto (supongamos que no intencionado, pero efectivo sea como sea) es fomentar la inseguridad en las habilidades intelectuales de la persona que lee, y desincentivar al estudiantado de que teorice sobre sus propias experiencias y sus vidas, lo cual es fundamental para la creación de una concientización radical y para el activismo. La potestad de crear teoría queda relegada en aquellas personas con autoridad; el profesorado y su índole. Incluso estudiantes sensibilizadas/os y analíticas/os internalizan que esta teoría es excesivamente compleja y que esta fuera de su alcance intelectual.

Otro rasgo distintivo de la manera de escribir posmodernista es su renuencia en decir nada definitivo. Presten atención a como todo es presentado como una reflexión insegura, y a como siempre se posicionan preguntas… como para crear efecto. También es muy común eso de que hay que “poner en duda” y “acercarse hacia una teoría de…” y “la necesidad de un discurso sobre…”, en vez de establecer argumentos concretos.

Las ideas son nulas. Se crean nuevas palabras casi todos los días (tal parece que las palabras viejas son demasiado precisas en sus significados) que les añaden una mística y una incertidumbre a los argumentos. También hay que recalcar aquellas irritantes, innecesarias e inapropiadas pluralidades que lo que buscan es ofuscar. Se habla de “los conocimientos”, “los discursos” y “las posicionalidades”.

Lo irónico es que, en esta arremetida de verbosidad y teoría posmodernista, no se dice casi nada. Sheila Jeffreys señala en Radicalmente Hablando que: “…en los textos de feminismo posmodernista hay toda una agonía sobre lo difícil que es hablar y escribir”. El efecto de esta supuesta agonía es silenciar y amordazar los pronunciamientos e inhibir tener que fijar posición clara y apasionada sobre ningún tema.

Se denuncia la meta-narrativa: Para las personas que no lo sepan, la “meta-narrativa” es una explicación sistémica, una que busca explicar algo como un concepto generalizado, en vez de simplemente describir una situación individual sin tener que generalizar. Es decir que, según el pensamiento posmodernista, cada vez que alguien utiliza la temible “meta-narrativa”, está suprimiendo y silenciando otras voces. Si quieres decir algo concreto y definitivo, alguien de seguro tendrá una idea contraria a la tuya. Pero si dices algo con lo que nadie muestra desacuerdo, es muy probable que lo que dices no está desafiando el estatus quo (ni nada en particular). Entonces es un grave error asumir que las personas tienen siempre que auto-censurarse porque, al hablar, tu discurso está silenciando el de otras personas.

Otra táctica, este rechazo a la “meta-narrativa”, subvierte el significado de la frase feminista ‘lo personal es político’. En el posmodernismo, lo personal, en vez de ser visto como algo político, se vuelve única y exclusivamente como personal. Cualquier intento de crear alianzas entre individuos oprimidos o de elevar la concientización sobre como las experiencias individuales son en realidad un reflejo de fuerzas sociales macro, son reinterpretados como el silenciamiento de otras voces. Cualquier intento de generalizar es visto como silenciamiento y como una invisibilización de aquellas personas a quienes la generalización no se aplica. Esto contradice un principio básico de la cómo funcionan las generalizaciones. Obviamente que no pueden aplicarse a cada una de las personas en un grupo determinado; es por eso que se consideran generalizaciones. Pero las excepciones no invalidan ni refutan las generalizaciones.

Si decimos que, generalmente, las personas se detienen ante una luz roja mientras conducen, la verdad es que ocasionalmente algunas personas no lo hacen. Pero aun así es una afirmación cierta y útil decir que la gente se detiene ante las luces rojas. La afirmación describe, con cierta veracidad, un fenómeno social. Decir que las generalizaciones no son ciertas simplemente porque no se aplique a unas cuantas personas es ridículo, y nos hace incapaces de describir e incluso nombrar las normas sociales más obvias.

El efecto de esta refutación de las “meta-narrativas” es impedir que la gente pueda describir sus condiciones sociales. Es impedir que sean capaces de generalizar sobre sus experiencias personales en sus propias vidas, que sean capaces de ver los comunes denominadores de sus experiencias de una manera que pueda movilizar a las personas para que comprendan sus problemas como políticos, en vez de como coyunturas personales. El efecto de esta tendencia es que gran parte del estudiantado de las licenciaturas de Estudios de la Mujer termine diciendo: “No podemos afirmar nada”, incluso sobre las verdades más básicas.

Se condenan los binarismos: Pensar en términos de binarismos significa pensar que existen categorías que se excluyen mutuamente. Categorías como el bien o el mal, gay o hetero, mujer o hombre, etc. En el pensamiento posmodernista, los binarismos son malos (lo cual, de por sí, es un binarismo). Algunas personas teorizan que los binarismos son la causa de todas las opresiones; que sin ellos no sería posible oprimir otras personas. Desafortunadamente, sin binarismos tampoco podemos elaborar afirmaciones definitivas. Pues afirmar cualquier cosa, especialmente las afirmaciones políticas, precisan que establezcamos que una cosa es mejor (o peor que) otra cosa. Sin el uso de binarismos (una hazaña que algunos/as escritores/as posmodernistas consigue con esa prosa tan desganada y tan incierta que les caracteriza), no podemos decir, por ejemplo, que la liberación es mejor que la opresión, que ser alimentado es mejor que vivir en hambruna, que ser saludable es mejor que estar enfermo/a.

Al condenar los binarismos, el efecto es impedir un discurso articulado conciso y claro. La gente se atasca tanto en evitar escoger una cosa sobre la otra que termina siendo incapaces de sustentar convicciones fervientes sobre ningún tema.

Pretender que puede haber construccionismo social sin análisis social: quizás el aspecto más fascinante de la teoría posmodernista es como, a pesar de que hablan constantemente sobre como las cosas son una construcción social, parece que se les olvidan las implicaciones de “lo social” en las construcciones sociales.

Después de haber ganado este, supuestamente nuevo, entendimiento de que casi todo es una construcción social, la teoría posmodernista no aboga mucho por la transformación social. Es decir, por cambios en las instituciones, en las normas sociales, en las estructuras sociales como la familia, etc.… Contrario a eso, se enfocan mucho en acciones transgresivas individualistas y las presentan para argumentar que las normas sociales son un constructo que no es ni natural ni inevitable.

Este tipo de rebelión en el posmodernismo es una actividad muy aislada; consiste en que los individuos tengan que cargar con el peso de pelear todas las batallas en solitario. En la teoría posmodernista no hay mucho énfasis en construir una masa crítica de personas unidas bajo un movimiento social cuyo propósito sea provocar cambios a nivel social. En vez de eso, lo que encontramos es un entendimiento muy superficial sobre cómo funcionan las estructuras; un énfasis ingenuo y libertario en las acciones y decisiones individuales, como si el efecto acumulativo de cada decisión o acción individual aislada conseguirá la transformación social. El resultado de esta atomización de las actividades individuales es prevenir, no fomentar, el cambio social.

LA EXTRAÑA COINCIDENCIA DE LA LLEGADA DEL POSMODERNISMO

Para mí lo más interesante del posmodernismo no es lo que dicen sus proponentes sobre el mismo, sino como funciona en el mundo material (asumiendo que exista un mundo material), en términos de la transformación social. El efecto de esa prosa intimidante y ofuscadora, de inhibir las generalizaciones y que se establezcan comunes denominadores entre personas, de prohibir el pensamiento binario y de esta manera eviscerar las convicciones apasionadas y de enfatizar lo individual en vez de lo colectivo, es crear un sistema multidimensional de desconexión, silenciamiento y desempoderamiento.

También interesante es la llegada de la teoría posmodernista. Como explicaron Somer Brodribb y Barbara Christian en Radicalmente Hablando, el posmodernismo se hizo popular en la academia justo cuando las voces de las mujeres y minorías raciales empezaron a ganar una presencia significativa en las universidades. Tal parece que cuando grupos que no forman parte del estatus quo intentan afirmar y elaborar ideas, de repente la verdad se disuelve y se vuelve nada. Para mí esto es demasiada coincidencia.

Esta concomitancia se vuelve incluso más extraña cuando nos damos cuenta de que no es la primera vez que esto pasa. Justo después de la primera onda del feminismo (estadounidense), en los años 1922, cuando las mujeres habían alcanzado algunos avances, obtenido el derecho al voto y empezado a ganar acceso a la academia, otra teoría de tendencia nihilista causo furor en la academia: el relativismo. Repito, justo cuando las mujeres empezaban a ganar acceso, y a articular nuestros puntos de vista, de repente nada es válido y la objetividad desaparece, todo es relativo y lo sin sentido fue vanagloriado como teoría suprema.

Yo sugiero que el posmodernismo no es más que un nuevo relativismo y que las teorías relativistas surgen como una nueva línea de defensa cuando las estructuras de poder se ven amenazadas. Es una táctica muy perniciosa y una defensa bastante ingeniosa porque enuncia las palabras de la liberación al mismo tiempo que las transforma en nada. La verdadera agenda queda enmascarada en una confusión astuta: preserva el estatus quo mientras que presenta las voces disidentes como ineficaces, incapaces de concertar poder ni político ni social.

 

A pesar de las supuestas intenciones del posmodernismo de deconstruir las normas sociales y de esta manera abrir paso para que se produzcan cambios, su efecto real es atomizar las experiencias de las personas, aniquilar el potencial para la solidaridad, silenciar argumentos claros y rotundos y convertir las convicciones apasionadas en nada. Nos deja incapaces de condenar cosas que consideremos equivocadas u opresivas con claridad, certeza o convicción. Mas que eso, casi todos los mal llamados “descubrimientos” del posmodernismo son simplemente ideas del feminismo radical pero diluidas y despolitizadas.

El posmodernismo es una teoría que condena el acto de teorizar, es una perorata que silencia discursos, es prosa que embrutece y oculta, es una posición que aboga por no fijar posición, es una política que rehúsa a tomar posiciones políticas. Y a esto hay que verle el lado político: es una víbora que los departamentos de Estudios de la Mujer y de Literatura han amamantado en su seno colectivo. Es una teoría llena de bombos y platillos pero nihilista. Una teoría sigilosa que contiene un virus que una vez incorporado, destruye cualquier posibilidad de argumentar en pos de acciones colectivas que puedan cambiar las condiciones sociales de nuestras vidas.

CATEGORÍAS
Comparte