Para muchos niños y niñas, la violencia tiene un rostro conocido

Para muchos niños y niñas, la violencia tiene un rostro conocido

Los niños/as deberían sentirse seguros en casa, en la escuela y en sus comunidades. Sin embargo, es en esos lugares donde ocurren la mayoría de casos de violencia; a menudo, a manos de personas a las que ven a diario. La violencia tiene un rostro conocido.

La violencia podría estar más cerca de tu hogar de lo que piensas. Reconócela. Denúnciala.

Mira el video y comparte. Ayuda a eliminar la violencia. #ENDviolence

La bofetada de un padre enfadado, las insinuaciones sexuales de un vecino o familiar, o el acoso de los compañeros de la escuela, niñas y niños son víctimas de la violencia cada día, en todas partes.

Cada cinco minutos, muere un menor a causa de la violencia. Millones más, viven con miedo de ser víctimas de violencia sexual, física y emocional.

Tienen el potencial de ser felices, estar sanos y prosperar. Sin embargo, cuando son testigos o víctimas de la violencia, ese potencial se deteriora y afecta a su salud, su bienestar y su futuro. Los efectos pueden dejarles secuelas de por vida.

El hogar debería ser un entorno alegre, cálido y propicio. Sin embargo, es en su hogar donde las y los menores experimentan la violencia por primera vez.

En ocasiones, padres y cuidadores utilizan métodos disciplinarios violentos con los niños cuando están enfadados o frustrados o porque no conocen otras formas.

Sea cual sea la razón, la violencia deja secuelas físicas y psicológicas en la infancia. Además, puede afectar a la actitud que tienen hacia la familia y las relaciones sociales cuando crecen, lo cual puede perpetuar el ciclo de violencia.

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Solo 60 países contemplan leyes que prohíben enteramente el uso del castigo físico en el hogar, lo que significa que más de 600 millones de niños menores de cinco años carecen de protección jurídica plena.

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Mapa: países que prohíben el castigo físico en el hogar

Normalmente, progenitores, profesorado, estudiantes y las comunidades esperan que las escuelas proporcionen un entorno seguro para el crecimiento, el aprendizaje, el desarrollo y la prosperidad de los niños.

Aun así, la violencia en las escuelas les impide extraer el máximo beneficio de las oportunidades educativas y desarrollar su potencial.

El acoso, los abusos sexuales, el castigo físico, los ataques y los tiroteos a las escuelas son algunas formas de violencia en la escuela, y todas ellas tienen un efecto destructivo en estas niñas y niños, en sus familias y en sus comunidades.

La violencia en la escuela afecta a la asistencia, contribuye a unos resultados académicos más bajos y conlleva tasas más altas de abandono escolar. Por último, les daña el futuro.

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732 millones de niñas y niños en edad escolar, la mitad de la población mundial de entre 6 y 17 años, viven en países que no les ofrecen protección jurídica contra el castigo físico en la escuela

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