El “Machito chillón” o «no-machista inconsciente»

El “Machito chillón” o «no-machista inconsciente»

 

 En mi propio y rudimentario mecanismo de clasificación de los hombres de acuerdo con nuestro nivel de machismo, yo me declaro en una categoría que me gustaría descaradamente llamar la de “Machito Chillón”.

Y sí, el nombre de la categoría que me contiene es ese. Y sí, el nombre lo tomo de un capítulo del memorable Chavo del Ocho, en el que el agrio Don Ramón interpela al Chavo, que se encuentra poseído por una de sus legendarias pataletas:

  • Bueno, pero no es para que chilles, ¿qué no eres machito?
  • Sí, soy machito.
  • ¿Entonces por qué lloras?
  • Soy machito chillón!

Me gusta esta conclusión, a través de la cual éste encantador personaje ratifica su rol de “machito”, al tiempo que reivindica su soberano derecho a chillar; una de las libertades más comúnmente vedadas a los hombres en el marco de la sociedad machista.

Antes de profundizar más en ésta y las otras categorías propuestas, es necesario que mencione el contexto en el que éstas surgen.

Hace varios años, durante un evento de tipo organizacional, oí hablar sobre un esquema del proceso de aprendizaje, propuesto por Abraham Maslow, reconocido psicólogo humanista, autor de la famosa “Pirámide de las necesidades”, también conocida como “Pirámide de Maslow”; un modelo ampliamente difundido sobre la jerarquización de las necesidades humanas.

El proceso de aprendizaje, de acuerdo con el modelo de Maslow, se desarrolla en cuatro etapas concretas. De acuerdo con la situación de una persona en cuanto a un conocimiento o competencia específica, se encuentra en una de las cuatro etapas, que pueden definirse como:

  1. Incompetencia Inconsciente: El estado de una persona que no tiene un conocimiento o competencia específica, pero al mismo tiempo ignora este desconocimiento. No reconoce que tiene esta deficiencia. Existe, por ejemplo, una máquina rarísima que no conoces, no tienes ni idea que existe. No la sabes manipular, pero tampoco eres consciente de que no la sabes manipular.
  2. Incompetencia Consciente: Es aquel momento en que no se tiene una competencia o conocimiento frente a algo, pero, a diferencia del caso anterior, hay consciencia de este desconocimiento. Sería algo así como no saber manejar un avión: eres consciente de que no lo sabes hacer, conoces esa deficiencia.
  3. Competencia Consciente: El estado de una persona que tiene una habilidad o comprensión sobre algo, no obstante, esta destreza no se manifiesta de manera natural, espontánea, sino que requiere de toda atención y concentración. Podría ser el caso de alguien en su primer mes de manejar un auto: puede hacerlo, es permanentemente consciente de que puede hacerlo, pero aún no tiene el conocimiento tan naturalizado; cada una de sus maniobras es deliberadamente calculada.
  4. Competencia inconsciente: La condición de quien tiene una destreza, un conocimiento, pero además puede ejecutarlo con naturalidad, sin esfuerzo. Es el caso de quien conduce un auto hace mucho tiempo y ejecuta todas las maniobras sin tener que racionalizarlas antes: éstas fluyen con espontaneidad.

 

La extrapolación o adaptación de este modelo al polémico y complejo tema del machismo, me llegó como una inevitable consecuencia de varios momentos de reflexión en torno a la cuestión machista. Una vez hecha mentalmente esta desparpajada relación de temas inconexos, me pareció que no era tan descabellado. El esquema puede ser un poco útil para la comprensión de la cuestión. Adicionalmente, buena parte de la solución a los temas de genero radican en el aprendizaje -y desaprendizaje-, por lo que una teoría sobre el proceso de adquisición de competencias no es tan inoportuno.

En esta clasificación, los machitos estaríamos inmersos total o mayoritariamente en una de las categorías disponibles:

  1. Machista Inconsciente: Un estado en el que lamentablemente se hallan muchos y muchas. La replicación inconsciente e incesante de una cantidad de conductas heredadas, que no son más que la “normalidad” en el estado de cosas. Seguramente muchas personas no entienden (o incluso ni siquiera han oído hablar sobre) lo que es machismo, el feminismo, el concepto de género. Así como en el derecho “el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento”, el no reconocimiento de una conducta como machista por parte de quien la asume, no debería ser una disculpa para esquivar la amonestación o la condena, sobre todo cuando se trata de conductas que lesionan significativamente al otro. No obstante, es importante reconocer que la herencia machista es de gran influencia, y que en muchos casos la repetición de estas conductas no son más que la única realidad para una cantidad de personas.
  2. Machista Consciente: El machito chillón. Muchas personas comenzamos a entender cómo y por qué el contexto en el que nos encontramos y nos hemos desarrollado es machista en esencia. No obstante, este conocimiento o comprensión de la realidad no es suficiente para modificar una estructura mental consolidada. Es decir, percatarse de la cuestión no significa per se la realización de cambios. Es posible que sigamos replicando conductas machistas, sólo que ahora con una resaca monumental. Un recuento breve de la vida basta para identificar los pensamientos y las conductas de macho que hemos tenido y realizado. En lo personal, considero éste un estado un poco doloroso. No obstante, en esta categoría emerge una oportunidad invaluable de cara a la necesidad de realizar cambios en el entorno social, comenzando por el entorno personal de cada uno: la posibilidad de tomar una decisión entre aceptar lo que se es y seguirlo ejerciendo (esta vez a conciencia), o inclinarse por tomar la iniciativa para realizar cambios en nuestra relación con los demás.
  3. No machista consciente. El llegar a este estado, depende de las decisiones tomadas en el anterior. Es, en esencia, lanzarse a la aventura de realizar cambios en la manera de relacionarse con sus semejantes. Estar atentos al lenguaje, al relacionamiento, al ejercicio de una existencia con unos criterios y características distintos a los que han configurado/perpetuado el orden patriarcal de la vida. Un estado en el que si bien hay consciencia, es necesaria la permanente atención en aras de este nuevo estado, de este orden más evolucionado de la sociedad.
  4. No machista inconsciente: Una sociedad nueva y mejor estaría conformada mayoritariamente por individuos insertos en esta categoría. Personas que se relacionan con sus semejantes de manera justa y adecuada en términos de género. El orden natural de las cosas está a salvo de la predominancia de un género por sobre otros; esta es la nueva “normalidad” de la sociedad. No digo que sea fácil. La evolución entre la etapa anterior y ésta probablemente requerirá de la militancia de varias generaciones. Seguramente esta es sólo una manera distinta de nombrar una realidad con la que sueñan muchas personas y organizaciones que dedican sus esfuerzos a esta causa.

 

Es importante mencionar la vergonzosa cobardía con la que tuve que enfrentarme para tocar este tema. Aunque se pueda afirmar que es improbable que como sujetos “beneficiarios” de la hegemonía patriarcal, la solución provenga de nosotros mismos, es evidente que como futuros agentes de cambio, las iniciativas que se tomen deben tenernos en cuenta. Cómo no, si somos aquellos a quienes es necesario reeducar. Nuestro involucramiento en esta causa tiene toda una lógica, si bien no ética para muchos, sí desde un punto de vista metodológico.

Respeto la posición de los individuos y/o colectivos que tienen por principio la no intromisión de los machos en esta cuestión. La respeto y la entiendo. Yo solo quiero hacer uso de mi libertad de expresión.

No desconozco las inquietudes de muchos hombres en este tema. Cierto que en algunos aspectos los hombres somos víctimas del machismo. Cierto que en varios contextos morimos más hombres que mujeres, precisamente por nuestro rol. Cierto que también hay casos de maltrato de mujeres hacia hombres. Cierto que nuestra edad de jubilación es por lo general mayor a la de las mujeres.Por supuesto, un verdadero cambio social en términos de género, tendría que dar respuesta a todas las cuestiones relacionadas con las injusticias que afecten tanto a hombres como a mujeres. Pero es cierto también (y justo) que tiene razón la militancia femenina, cuando pide que estas cuestiones no pretendan opacar sus reivindicaciones.

Antes de finalizar, es para mí indispensable señalar las motivaciones para la elaboración de este texto. Me urge hacerlo, puesto que las ideas que aquí expreso surgen como resultado de la reflexión y un poco de catarsis machista. En tal sentido, debo terminar mi catarsis.

Los diferentes medios de información nos presentan de manera permanente hechos relacionados con el abuso hacia la mujer. Las redes sociales arden con la permanente confrontación entre hombre y mujeres, entre machismos y feminismos. Razón suficiente para dedicar un momento de reflexión al tema.

En el plano personal, una revisión permanente de mi insignificante ciclo vital, un diagnóstico de lo que ha sido mi paso por la vida, me llevan a la inevitable conclusión de mi condición machista. Mea culpa. Como vaga defensa, debo decir que en el estado actual de la sociedad, es apenas lógico que se reproduzcan las conductas que han sido aprendidas no por azar o por defecto, sino porque han sido deliberadamente inculcadas y lo siguen siendo. He aquí la importancia de la categoría de Machista Consciente: a medida que se va adquiriendo consciencia, van perdiendo valor todos estos pretextos. La conducta machista deja de ser culpa de la sociedad a la vez que se va haciendo responsabilidad propia.

Aunque parezca absurdo, a mí toda esta verborrea descomunal no me sirve más que como pretexto para ofrecer disculpas a todas las personas que este machito, precisamente por su condición de machito, haya irrespetado, vulnerado, ofendido. Sé que lo he hecho, en mi pasado lejano y reciente. Y que muy probablemente vuelva a incurrir en la falta. Pero ahora con la resaca del machito chillón y la posterior voluntad de aprender, de evolucionar.

 

 

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