“El gran aliado del Patriarcado, el silencio”

Tengo que decir que no soy una fanática de los refranes, y no admito como verdad universal que siempre “tengan la razón”, cuando además uno dice: “Nada es verdad, nada es mentira sino que depende del cristal con que se mira”. Estos días leyendo las noticias en relación con los casos de acoso sexual denunciados, por primera vez, en la Comisión Europea, los casos de denuncias a productores y directores de cine o del mundo del espectáculo en general, dos refranes se me han hecho muy presentes, uno que dice: “cuando el río suena, agua lleva” y el otro de que “quien calla, otorga”.

Parece que a nadie le extraña que el acoso sexual  contra las mujeres existe, ha existido siempre y según muchas personas seguirá existiendo. Es gravísimo escuchar este tipo de afirmaciones, por dos motivos principalmente, porque tenemos interiorizado que un hombre con poder puede hacer todo lo que quiera y por otro que siempre van a existir mujeres que son las que provocan sus acosos.

Debemos pararnos a pensar como puede ser posible que haya dos visiones de una misma realidad, completamente antagónicas. Estamos ante casos de delitos contra los derechos humanos, porque no olvidemos, que en el  “Convenio de Estambul”, el Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra la mujer y la violencia doméstica  de 1 de agosto de 2014, la violencia contra la mujer se reconoce como una violación de los derechos humanos y como una forma de discriminación, considerando responsables a los Estados si no responden de manera adecuada.

Parece que los casos de acoso sexual  contra las mujeres en la Comisión Europea eran como un río que sonaba, y que llevaba agua históricamente. No ha sido algo de hace días, lo que ha ocurrido es que, el silencio, el gran aliado del acoso, y del patriarcado, se ha saltado las “reglas del juego”. Porque en un lado han estado conviviendo, sin hacer ruido, los acosadores y sus silenciadores, hombres y mujeres, hijos e hijas del patriarcado que ni siquiera se cuestionaban que esto fuera algo inaceptable, censurable y obligatoriamente denunciable, o si lo hacían, sabían que el “acoso pasivo”, que es violencia institucional se volvería contra ellos. Por un lado el “quien calla, otorga”  debe estar tipificado, y donde lo está  no puede quedar impune, pues no puede ser sólo una cuestión moral, es justiciable “callar y mirar para otro lado”. Existe jurisprudencia en nuestro país, del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco  en una sentencia de 2016, que  admite como causa de despido la tolerancia del acoso laboral a otro compañero o compañera, de quien sea  testigo o conocedor de una situación de acoso laboral y sexual y no lo denuncie. Un precedente muy interesante ya tener en cuenta.

Cuando hablamos del que calla, del que tapa, del que convive sin inmutarse con este tipo de situaciones estamos hablando de un “acoso pasivo”, desde mi punto de vista punible y que va más allá de una acción, o mejor dicho inacción individual, pues este “acoso pasivo” es más amplio, estamos hablando también de un “acoso pasivo institucional y/o institucionalizado”. ¿A qué me estoy refiriendo? me refiero a esa estructura informal que viene de muy lejos y que sigue presente en la actualidad, donde mayoritariamente los hombres actúan en “manada”, donde sin hablar se entienden y callan, y dónde desgraciadamente mujeres,  hijas del patriarcado,  tampoco lo hacen, o por miedo y amenazas dejan la “sororidad” a un lado y siempre el silencio es el aliado del acosador y sus pares.

Ha pasado, está pasando y seguirá pasando en la Comisión Europea, en las Universidades, y en muchas instituciones privadas o públicas como son también los Partidos Políticos, éstos y el acoso pasivo merecen un artículo a parte. Porque si cualquier forma de violencia de género es denunciable la que se ejerce por aquellos que tienen la responsabilidad de legislar o gobernar y proteger a las víctimas está claramente agravada, pues el actor es además un indeseable hipócrita, cuya responsabilidad no es sólo no ser un acosador “sino parecerlo”, aludiendo también a todo refrán.

El acoso silencioso y silenciado que sufrimos las mujeres cada día es responsabilidad de quien acosa y violenta y de quien sabiendo no denuncia, no es responsabilidad de la víctima. En los últimos días, ocurre otro fenómeno, el de la reacción ante estos hechos cuando dejan de ser silenciados. Las fauces del patriarcado más rancio y violento, re-victimiza a las mujeres que sufren el acoso y la violencia en muchas de sus formas. Ese refrán de que “quien calla, otorga” se utiliza tristemente por la mayoría de la ciudadanía, como un dardo contra la mujer atacada, porque si ella calla y no ha dicho nada es que otorga. Hemos escuchado estos días frases como “pobre acosador, él lo hacía y reincidía  porque ella no decía nada”, “si ella no dijo nada es porque le gustaría”, “seguro que no denunció porque lo hizo queriendo para conseguir un trabajo”, etc.

El machismo “reactivo” contrataca, no se defiende, acusa e intenta como siempre deslegitimar la palabra de las mujeres. Intenta revertir la carga de la prueba y lo lamentable es que muchos y muchas, les creen.  Si además este asunto lo ubicamos en el contexto del cine, el teatro, las televisiones, el mundo de la farándula en general, aquí el nivel de descrédito y desconfianza hacia las mujeres que están denunciando es mayor. Además de todo lo anterior hay que añadir que son  guapas, que se visten para provocar, que para eso se han metido en este mundo y que ellas se lo han buscado.

Estos últimos días las cavernas del machismo están disfrutado, han tenido espacios en televisiones y otros medios de comunicación para defender su virilidad de acosadores y hasta mofarse de ello. En caso de la “manada violadora” ha puesto de manifiesto que la lucha contra la violencia hacia las mujeres sufre grandes déficits, y que estamos retrocediendo. Es inadmisible que se admitan este tipo de programas, entrevistas y espectáculos ante hechos tan graves. Me apena enormemente que se sigua dudando de nosotras las mujeres, por el mero hecho de ser mujeres. Esas dudas en privado o en público de nuestra palabra es el germen del silencio de tantas y tantas mujeres que cada día sufren una forma de acoso o violencia machista. Pero la diferencia de ese silencio es, que este proviene del miedo o de la vergüenza, el silencio del acoso pasivo es doloso y debe ser perseguible social, política y jurídicamente.

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