CARTA ABIERTA AL ACOSADOR SEXUAL CALLEJERO

 

Por una ciudad libre de misoginia

Esta carta va destinada a ti, sí a ti, hombre de cualquier edad o profesión, médico, estudiante, camarero, albañil, cajero, ingeniero, cantante, artista,jubilado, anciano, hombre de cualquier clase social, educativa o de cualquier país.Hoy te escribo a ti para que dejes de una vez de oprimir y de acosar a las mujeres y niñas. Te exijo que dejes de aplicar tu masculinidad y patriarcado destructivo por las calles de mi ciudad, de cualquier ciudad y país. Eres molesto, no nos gustas, no queremos tus opiniones y miradas soeces y groseras, no queremos que claves tus ojos en nuestros senos y trasero cuando estamos paseando por la calle, esperando la cola del cine, el bus que nos lleva al trabajo o la universidad. No necesitamos tus comentarios o risistas, sobre este pantalón que llevo, sobre mis tetas que se mueven porque no me sale del alma llevar sujetador, sobre aquella joven que lleva unos pantalones cortos y luce su cuerpo porque si, no para escuchar tus piropos, que nada tienen que ver con la libertad, con el amor, con el respeto y con la admiración hacia las mujeres,porque de eso entiendes y tienes poco.

Tú solo quieres darte el gusto de decirme que me puedes poseer como y cuando quieras y tanto es así que te permites gritarlo en la calle desde un coche o moto, desde una ventana, desde el acerado de enfrente. Tus palabras y tus gestos me provocan al mismo nivel repulsa , tristeza, miedo y rabia. Repulsa porque veo cómo instrumentalizas mi cuerpo, cómo solo puedes verme como un objeto de placer y humillable. Tristeza porque me conecto de lleno con todas las violencias patriarcales que nos atraviesan a las mujeres, porque estas violencias son universales y porque arrancan nuestras vidas.

Tu machismo callejero no es inocuo, date cuenta de que cuando me asaltas en la calle con tus risitas, piropos, miradas abusivas, no me estas haciendo sentir hermosa, ni enciendes mi apetito sexual, me haces pasarlo mal… Te conviertes una vez mas en cómplice y perpetrador del machismo atroz que contamina nuestras sociedades y existencias. Porque cuando tu me increpas con tus palabras y gestos obscenos tu mensaje no es inocente, no es un acercamiento natural, cómo siempre nos hicieron pensar… El patriarcado disfraza esta violencia y ejercicio de poder contra las mujeres de algo normal e incluso deseable para nosotras, nos dicen que esto de que un hombre te increpe por la calle en cualquier lugar y a cualquier hora es algo que debe incluso gustarnos y hacernos sentirnos alabadas. Tanto es así que cuando reaccionamos contra estos insultos y humillaciones, los mismos perpretadores y la sociedad nos dice que somos unas desagradecidas, feminazis, reprimidas y un largo etc.

Miedo porque detrás de tus palabras, gestos, incluso roces o tocamientos, esta el mensaje eterno de la violación, del daño irreparable, incluso del asesinato. Porque no sé hasta donde puedes llegar con tu mente patriarcal, porque te dijeron que mi cuerpo siempre podía estar disponible y que si además me rebelaba con mas razón todavía para ejercer tu fuerza y violencia. Porque aunque salga a la calle y te diga a la cara que me molestas, siempre esta la amenaza latente y viva de la violación, de la agresión y no es cualquier cosa.

Rabia porque detrás de este piropo esta el ¿donde vas tan solita, no tienes macho? ya puedes ir preparándote porque aquí estoy yo, ese mensaje de respeto intermachos a través de sus hembras, ese terrible mensaje que te deja claro en cada esquina de tu ciudad que si estas paseando sin un hombre eres carne de cañón. El mal llamado piropo es un arma psicológica para perpetuar el encierro de las mujeres en todas partes, para que a las mujeres no se nos ocurra salir a la calle solas ( es decir sin hombre), porque nuestro lugar esta en la casa, en el espacio privado, porque si somos y nos sentimos libres, somos malas mujeres, desacarriladas y tienen que venir a aleccionarnos de la forma mas eficaz posible, violentándonos. Porque estos mal llamados piropos los vivimos cada día, en las calles de cada ciudad, con descaro, alevosía e impunidad. Nadie o muy pocas personas (siempre mujeres y grupos de mujeres feministas ) denuncia abiertamente a estos perpetradores y ahí seguimos las miles de mujeres de todas las edades y profesiones, de todos los países, las madres, las primas, las hijas, las hermanas, las sobrinas, las tías, las compañeras de trabajo, sufriendo cada día esta invasión y colonización psicológica de nuestros cuerpos, de nuestro ser en definitiva.

Volviendo tras una intensa jornada de trabajo o de estudios, a nuestras casas con el plus de los tres o cuatros roces del abusador de turno en el bus, las miradas lascivas del jubilado de turno en la plaza, los comentarios entre varios colegas que se toman una copa frente al cajero donde fuiste a sacar dinero, el tío de la tienda de enfrente que siempre que pasas para recoger a tu hijo/a del cole, te mira las tetas e incluso te dice algo entre dientes. El jóven estudiante que sale de marcha y te roza con sus genitales mientras tratas de bailar libre con tus amigas, el que se te acerca a la barra para decirte que bonitos ojos mientras su mirada no se aparta de tu escote, el que grita a la camarera del bar y el que dice anda morena lo que yo te daría… entre otras tantas lindeces que no voy a repetir y que es el pan nuestro de cada día.

Acosador callejero, esta carta es para ti, para que te plantees cambiar tu estrategia para estar con las mujeres, para que te pares y pienses en lo violento que eres cuando haces esto. Esta carta también va dirigida a aquellos hombres respetuosos y que transitan por otras masculinidades, que no van por la calle rompiéndose el cuello y gritando borderías, también es para vosotros, porque vuestro silencio os hace cómplices, porque vuestro silencio puede decir que no veis tan grave esto… y esto va para ambos, porque quizás doblando la esquina a quién increpen, griten, siseen, digan groserías o incluso agredan físicamente sea a tu hija, tu madre, tu hermana, tu compañera, tu mejor amiga o tu pareja.

Escribo esta carta para reivindicar los espacios públicos libres de acoso y de misoginia, para que la mujeres por fin podamos conquistar la calle con nuestros pasos firmes, sin titubear o cambiar de rumbo porque la amenza de los hombres salvajes, violentos y machistas siempre esta ahí. Escribo esta carta porque quiero una calle y una vida diferente para mi y para mi hija, mi sobrina, mi hermana. Porque la agesión sexual callejera es grave, limitante y perpetua la desigualdad entre las mujeres y los hombres.
Escribo para denunciar esa violencia y poder que se ejerce en todos los rincones de nuestra existencia, para denunciar esa concepción microscópica del poder, de la que hablaba Kate Millett, poder que se ejerce en todos los lugares hasta en las calles o plazas mas recónditas de la ciudad. Hasta con la mirada y el gesto, hasta con el susurro y los movimientos…
Escribo esta carta abierta,para decir que aún con repulsa, tristeza, miedo y rabia, seguiré caminando con paso firme por las calles de mi ciudad, seguiré reposando en el banco de la plaza, paseando por el parque, respirando el aire fresco de la noche,danzando en la disco, riéndome alto y fuerte a carcajadas, sola o con amigas, a pesar de la caza incesante de mujeres y niñas, seguiré escribiendo y diciendo alto y claro basta de machismo, basta de patriarcado.

Y no quiero terminar sin exigir a los gobiernos y a todos los grupos políticos que de verdad pacten contra la violencia atroz que vivimos en España las mujeres, las jóvenes, las niñas y niños. Que se impliquen de lleno en la erradicación de este sistema misógino, que se dejen de tantas medidas parches y golpecitos de pecho, para hacer posible que la sociedad cambie, con leyes, con reformas, con recursos, con ordenanzas municipales, con condenas firmes contra los abusadores y maltratadores. Un estado en definitiva que luche por la igualdad real,que no escatime en educación, que por fin entienda que sin igualdad no habrá democracia.

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