Mujeres indígenas: Líderes ambientales

Mujeres indígenas: Líderes ambientales

 

Con los estragos que ocasiona el cambio climático, el nivel de vulnerabilidad de algunos conjuntos humanos como las comunidades indígenas y, en especial, las mujeres indígenas se hace cada día más evidente. Y es que, debido a la distribución de roles y funciones en sus comunidades, estas se encuentran más expuestas frente a la escasez del agua, incendios forestales, sequías, etc.

“El cambio climático afecta a las mujeres porque, por lo general, son ellas quienes se ocupan de cultivar la tierra […] La falta de lluvia por el cambio climático les afecta directamente. Las jóvenes tienen que abandonar los estudios para trabajar para la familia.” sostenía Voré Gana Seck, directora ejecutiva de Green Senegal.

Estas condiciones las enfrentará a un mayor peligro a sufrir violencia doméstica o soportar jornadas cada vez más extensas en búsqueda de agua. Sin embargo, así como se ha demostrado su alto nivel de afectación; también, está comprobado su gran potencial para contrarrestar los efectos del calentamiento global y contribuir con un ambiente sano.

Hoy en día, como sostiene Oxafam, “las mujeres están luchando para ser escuchadas en el debate sobre el cambio climático. Teniendo en cuenta su papel central en las familias y comunidades, ellas tienen conocimientos inestimables cuando se trata de pensar e implementar maneras innovadoras de adaptarse a un ambiente inestable”

Innovadora y emprendedora en Jamaica

«Aquí estamos, comprometiéndonos con los elementos que nos rodean. Quiero construir un negocio que les brinde trabajo a las persona […] no solo para hacer la vida mejor de [ellas], sino por mi país y el medio ambiente» decía Shirley Lindo, agricultora y emprendedora.

Shirley Lindo, original de Jamaica, es una empresaria y, ahora, innovadora de combustibles verdes.  Al igual que muchas familias, ella se dedica a la elaboración de aceite de ricinio cuyo  proceso de elaboración puede ser muchas veces dañino a la salud y contaminante, según el Banco Mundial De esta manera, durante mucho tiempo como agricultora, Lindo no solo se dio cuenta de los prejuicios que puede causar cocinar o elaborar sus productos con carbono y madera, sino que encontró en los “residuos” de este una gran solución para muchas familias y para el ambiente.

Después de un proceso de preparación,  las semillas de ricinio son hervidas con agua ocasionando –como en toda cocina a leña y carbón-  daños a la salud y producción de CO2.  Consiguientemente, se extrae la materia aceitosa- para la venta-, mientras que, la fibra sobrante con los residuos de aceite ricino es considerada inservible y desechada. Sin embargo, Shirley encontró en estos residuos una opción para fabricar briquetas ecológicas y, de esta manera, reemplazar el uso de carbón en la elaboración de sus productos. Junto a Outha Earth, su empresa íntegramente ecológica, ella viene experimentando con esta nueva propuesta verde que, según Caribbean Climate Innovation Center (CCIC), no solo ha demostrado ser más económica, sino que no produce CO2 y es de bajo consumo de humo, lo que reduce la contaminación ambiente y no afecta a la salud de las personas. Los beneficios no se detienen allí, ya que al optar por estas briquetas, se desincentiva la tala de árboles y reduce el uso del carbón- principal causante de contaminación ambiental, lo cual genera, beneficios económicos y sociales a las más de 500  familias rurales jamaiquinas.

Como vemos, Shirley es un gran ejemplo de emprendimiento e inspiración. Ella demuestra cómo, con un poco de creatividad, se puede hacer crecer una empresa, generar bienestar para la salud de una comunidad y para el ambiente. Sin embargo, ella no es la única que ha decidido explorar nuevas formas de generar ingresos y contribuir con la conservación del ambiente.

Diversificadoras y  trabajadoras en Haití

“Deja de mantener a las mujeres atrás y mira todo lo que estamos haciendo” Catherin, Presidenta de Finanzas de proyecto Conservancy en Kenya

Naitemu Leletur, líder del grupo femenino Mbarunye, es una mujer haitiana que, con su negocio de mostacillas, aporta a la manutención de su familia -azotada por las sequías del cambio climático-. Además, diversifica el mercado, desplazando el monopolio de la ganadería (productor principal de CO2) y posicionando la producción de nuevos servicios menos contaminantes con el ambiente.

Según el BID  (Banco Interamericano de Desarrollo), más de la mitad de la población de Haití vive en zonas rurales. Estos se dedican, generalmente,  a actividades primarias como la ganadería que, como sostiene Philip Lymbery, director ejecutivo de CIWF, organización internacional líder en el bienestar de los animales de granja, “produce más gases de efecto invernadero que todos los trenes, aviones y vehículos del mundo”. Y, por ende, son un factor contaminante y trascendental en esurgimiento del Cambio Climático. Como respuesta a la masificación de la ganadería, contaminación e intensificación del calentamiento global, muchas familias se están quedando sin ganado, sin tierras fértiles y sin medios de subsistencia.

Frente a esta problemática, Naitemu Leletur y muchas mujeres decidieron no quedarse con las manos cruzadas y ver esta peripecia como una oportunidad de generar nuevas formas de obtener ganancias. Conjuntamente con Northern Rangelands Trust, organización comunitaria no gubernamental, hoy en día, más de 1200 mujeres haitianas,  producen ornamentos y mostacillas que son vendidos a zoológicos de la zona y empresas pertenecientes a EEUU y Australia. De la misma manera y para tener un producto más elaborado, ellas reciben talleres de artesanía de cuentas, capacitaciones de desarrollo de productos y aprenden habilidades básicas de marketing y contabilidad. Permitiéndose, de esta manera, solventar gastos de sus familias, demostrar sus grandes capacidades como empresarias e introducir nuevos conceptos de producción que, en competencia con la ganadería contaminante, son amigables con el ambiente y permiten plasmar su cultura. El posicionamiento de la elaboración de mostacillas que han logrado estas mujeres ha demostrado ser óptimo. Esto se evidencia en la cantidad de adeptos que consiguen y  en las más de 1500 familias que hoy se benefician por esta nueva iniciativa.

Sin embargo, estas iniciativas y la capacidad de innovación de las mujeres no tienen fronteras. En América Latina, ayacuchanas empoderadas son ejemplo de cómo combatir los efectos del cambio climático.

 

Recordadoras de prácticas ancestrales y empresarias en Perú

“Las mujeres indígenas tienen que ir a la chacra a deshierbar y traer productos, ahora no se puede traer como antes suficientes productos para mantener a la familia”

“Los hombres eran los únicos que podían tomar decisiones. Pero ahora las mujeres tienen voz, nuestras autoridades nos escuchan y nuestras opiniones son tenidas en cuenta” asegura Magaly Garayar líder de OMIL, Organización de las Mujeres Indígenas de Laramate

El cambio climático no solo está ocasionando olas de calor sino que, en Perú-Ayacucho, intensifica las heladas, produce sequías o genera lluvias torrenciales. Sin embargo, uno de los efectos más notorios que está ocasionando desastres en las distintas comunidades, según Chirapaq, es la reducción en la producción de los cultivos en las comunidades sureñas. De esta manera, productos que anteriormente eran la base de muchas familias, hoy en día, se queman por las heladas o se pudren. Esto genera desestabilidad económica y tasas de hambrunas que, según la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, conforman a las más de 2,5 millones de personas hambrientas en el Perú. Frente a la presente tragedia, distintos grupos de mujeres pertenecientes a las comunidades de Atocata, Miraflores, Patachana, Yauca y Tucuta se reunieron, guiadas por los conocimientos de sus ancestros, para desafiar los efectos del cambio climático.

Tras distintas pruebas, ellas evidenciaron que el reemplazo del uso de agroquímicos por prácticas tradicionales y técnicas ancestrales, generaba productos más resistentes a los efectos del clima, con mejor sabor y mayor duración. Según ONU Mujeres, “el resultado ha sido sorprendente. Los campos ahora rebosan de patata, olluco, maíz, verduras, frutas y granos como kiwicha. La producción es mayor y más diversa, los cultivos son más resistentes a las heladas y las sequías y los productos son más nutritivos”.

Las buenas noticias no terminan aquí ya que su identificación como colectivo ha permitido que ellas obtengan un reconocimiento en sus comunidades, sus opiniones sean tomadas en cuenta y puedan mantener acuerdos con las autoridades de sus localidades. Según OMIL,  ahora, ellas poseen lugares para comercializar sus productos locales y, lo más gratificante, son parte de una feria agroecológica cada mes que impulsa sus negocios. Paralelamente a la producción de cultivos y papas, estos grupos han empezado a diversificar sus materias con la elaboración de quesos, etc. obteniendo grandes resultados. “En esa ocasión vendimos todas los papas que trajimos y lo primero que se vendió fueron nuestros quesos. Nunca hemos tenido ese tipo de ingresos antes” sostenía Cira Huancahuari, productora ayacuchana.

En conclusión, hoy en día, las mujeres hacen posible muchas iniciativas para el bienestar de ellas, de su localidad y del ambiente. Desde inventoras como Shirley o empresarias e innovadoras como Naitemu y Magaly, la coyuntura está siendo testigo de cómo indígenas de todo el mundo movilizan a su comunidad, desafían al Cambio Climático y se convierten en lideresas ambientales.

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