Lo difícil de la triple militancia

Lo difícil de la triple militancia

 

Creo que en este puñado de palabras muchas de mis colegas se verán representadas, y sé que se ha escrito mucho sobre ello. Recordaba al buscar argumentos para este artículo a Nuria Varela y a su libro “Cansadas”, porqué sí, yo me siento cansada, cansada como feminista de tener que justificarme de que lo soy.

Yo soy de las muchas mujeres de mi generación que no pudimos estudiar a la edad que era lo normal, y lo hice ya de pasados los 25 años con la prueba de acceso a la Universidad. Y… no pudimos estudiar porque a los 14 años ya estábamos trabajando; lo primero que hice fue acercarme a un sindicato al comprobar en qué situación se trabajaba, era verdadera exclavitid (allá por el 1974), el sindicato en el que milito por entonces era ilegal, pero yo “quería cambiar el mundo”, cambiar el mundo sobre todo para las mujeres, yo vivía y veía situaciones muy distintas solo por el hecho de ser hombre o mujer. En mi casa el chico era el que tenía todo lo que pedía y volvía a la hora que quería, el que nunca se levanta en la mesa y nunca hacía nada, y en la fábrica donde yo trabajaba eran los hombre que mandaban y además ganaban más solo por ser hombres, por eso me afilié al sindicado en el que todavía milito.

Algunos años después fui a la Universidad, elegía estudiar aquello que me gustaba  dirigido directamente con los derechos humanos, allí terminé de descubrir el feminismo, me di cuenta que yo era feminista desde que nací, y  todo lo que hacía o estudiaba tenía como protagonista a las mujeres y a sus derechos

Algunos años más tarde me afilié a un partido político, la ausencia de mujeres en los espacios de decisión me enfadaba y me entristecía, y la forma de poder cambiar esta sociedad es desde las organizaciones que se presentan a las elecciones y llevar mujeres feministas en sus filas, mujeres que llevaran la voz de muchas otras mujeres.

Además me afiliaba .a su vez en varias organizaciones feministas e incluso creaba una  donde yo ahora soy la presidenta, pero… ¿cuál es la realidad en estos momentos?

En el sindicato las mujeres pasamos a ostentar puestos de decisión porque la ley de igualdad de 2007 según el famoso artículo de las cuotas obliga a que no haya menos de un 40% ni más de 60% de un sexo, pero no porque consideren que las mujeres tenemos que estar por mérito propio, no claro que no, no olvidemos que las organizaciones sindicales fueron creadas por los hombres para que los hombres solucionaran sus problemas, hombres mayoritariamente de la industria.

Hoy las mujeres feministas en el sindicato somos “las pesadas “éstas que siempre estamos con lo mismo, la violencia de género -en el sindicato se tiene la consideración que no hay hombres maltratadores, o  que dentro del sindicato no hay sexismo- nos toca pelear con las horas de las reuniones y los viajes para intentar conciliar, el lenguaje sexista, el techo de cristal, la discriminación salarial… y aún más doloroso, todavía no hemos podido incorporar a los estatutos del sindicato que es feminista, no hemos hablado de los vientres de alquiler, porque no es el momento, y la prostitución es un tema en el que no nos ponemos de acuerdo y es difícil de discutir, ahora “hay cosas más importes”, y por lo tanto no se habla de ello.  Son muchas las ocasiones en las que les digo a mis compañeros y compañeras del partido que me gustaría ver el mismo énfasis en derechos de las mujeres que en otros que se llevan a las asambleas y manifestaciones con mucha pasión.

En el partido algo parecido, las feministas “estas pesadas” ya estamos dando la lata con los temas de igualdad, con la confección de las listas, con el horario de apertura de las agrupaciones. Hasta se atreven a decir que toda la militancia es feminista solo por estar en un partido de izquierdas, algo que no es cierto y me indigna mucho, pero, luego en la ´última ejecutiva son 9 hombres más que las mujeres, pero ante mi queja…”ahora no era el momento”.

Y lo peor de todo que las compañeras del movimiento feminista, que  nos acusan a las feministas que estamos en organizaciones sindicales o de partidos políticos de estar en organizaciones donde no conseguimos que las mujeres feministas tengan voz.

Somos acusadas por compañeras feministas por estar en partidos y en sindicatos y, aunque lleves toda la vida en organizaciones feministas, nosotras llevamos un carnet detrás con unas siglas que nos  deberían de  avergüonzar delante de ellas, por no haber sido tajantes con los derechos de las mujeres, con la prostitución, con los vientres de alquiler, con las violencias machistas, con la custodia compartida, y con todos los temas políticos que hacen que las mujeres siguán siendo ciudadanas de segunda.

No voy a contar las anécdotas tristes que he vivido durante mi vida y esta triple militancia,  todas estas situaciones tiene un acento especial porque es algo libre que yo elegí para luchar por los derechos de la sociedad y sobre todo por los derechos de las mujeres, de nuestras hijas, hermanas, madres, amigas, etc…

Hay veces que me dan ganas de irme del sindicato, del partido, o de algunos espacios feministas, pero si lo hago habrá ganado el  patriarcado y nosotras tenemos que estar dentro de las organizaciones para conquistar derechos. Jamás he ido en unas listas no he tenido pretensiones políticas para dedicarme profesionalmente a ello, pero hubiera sido tan loable como si lo hace un hombre, aunque a mí se me hubiera soñando más que a cualquiera de ellos.

Hoy esta péquela reflexión la dedico a todas las mujeres que sufren, como yo, este desprecio por esta triple militancia, da igual las siglas del sindicato o del partido, pero no da igual las siglas del movimiento feminista  cuando a veces nos señalan por militar en espacios mixtos, sin pensar lo difícil que es para nosotras estar en esos espacio políticos y ser feministas.

 

 

 

 

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