​Estimada Amnistía Internacional: la violación no es un derecho humano

 ​Estimada Amnistía Internacional: la violación no es un derecho humano

Por Owen Lloyd

Texto original: 
Traducción realizada el 6 de agosto de 2014 por Esther Torrado, profesora-investigadora feminista. Universidad de La Laguna, Tenerife. Miembra del Instituto Universitario de Estudios de las Mujeres. IUEM. 


Como organización de derechos humanos más grande del mundo, no se puede alegar ignorancia acerca de los datos sobre personas que son objeto de comercialización sexual, para defender la prostitución como un derecho humano de los hombres. Repasemos algunos de ellos: Investigadores/as que han estudiado el caso de 854 personas prostituidas en 9 países (la gran mayoría mujeres) afirmaban que el 89% deseaban salir de ella pero carecían de alternativas para la supervivencia, el 71% fueron agredidas/os físicamente y el 63% fueron violadas por proxenetas o Johns, el 63% fueron violadas por proxenetas o puteros, el 75% había experimentado la falta de medios materiales básicos como la vivienda y el 68% cumplieron con los criterios de diagnóstico de trastornos de estrés postraumático.
Si aun así, consideran estos datos poco relevantes, podemos afirmar como ha dicho una de las sobrevivientes de la prostitución “la existencia de una negación de la protección, pues parece ser que una se tiene que convencer y convencer a los demás que todo es genial, construyendo una mentira: “Me gusta y lo hago bien” o “No ha sido una paliza….”.

Por lo que las mujeres junto a su drama, tiene el de tener que justificar y negar la verdadera realidad para poder sobrevivir.Ustedes afirman que la prostitución significa «trabajar» pero ¿acaso tolerarían cifras como éstas en cualquier otra industria? ¿Tolerarían estas cifras de trabajadores explotados? ¿Las tolerarían en IBM o Target o Nestlé? Por supuesto que no, la diferencia, como ustedes señalan en una nota es que:


“El deseo y la actividad sexual son una necesidad humana fundamental. Para criminalizar aquellos que no pueden o no quieren cumplir con esa necesidad a través de medios más tradicionales reconocidos, la prohibición de la compra del sexo, puede constituir una violación del derecho a la intimidad y socavar los derechos a la libre expresión y la salud.”


Esto no es nada más que una defensa cuidadosamente redactada y sutil de la violación como un derecho humano. En la primera línea se traduce como «Los hombres necesitan para follar a las mujeres” y en la segunda línea se traduce que «Si las mujeres no van a dejar que los hombres las follen, los hombres tienen derecho a obligarlas”. Pero es que en ningún caso la violación puede ser un derecho humano, ni mediante la utilización de la fuerza ni el dinero.

Ustedes creen que la legalización hará que los problemas de la prostitución desaparezcan, pero la situación de las mujeres no es mejor en los prostíbulos regularizados. Por ejemplo en Alemania, el 59% de las mujeres prostituidas encuestadas afirmaba que la legalización ha generado impunidad a los hombres, que violan y asaltan físicamente a las mujeres. En varios de los burdeles legales de Nevada, las mujeres tienen «permitido» salir sólo cuatro horas a la semana, en las restantes 164 deben estar disponibles para el uso sexual de los puteros y su libre demanda. En otros no se les permite poseer coches. El putero no necesita probar que no tiene enfermedades venéreas, mientras que si las mujeres dan positivo en VIH y siguen en la actividad, se las puede acusar de intento de asesinato. Por el contrario ninguna ley restringe que un Jhon infectados por el VIH pueda pagar por tener sexo con mujeres. En los burdeles legales de Nevada y en los Países Bajos los proxenetas, literalmente marcan con tatuajes a las mujeres, definiéndolas de su propiedad.

Seguramente ustedes han escuchado las voces de las mujeres con las que trabajan. Voces como la mujer canadiense que dijo a los investigadores que «Lo que es violación para los demás, para nosotras es lo normal”. O la mujer que dijo que «me siento como imagino que se sentían las personas en los campos de concentración, con un profundo dolor por el asalto a mi mente, mi cuerpo y mi dignidad como ser humano. Siento que lo que fue tomado de mí en la prostitución es irrecuperable”. O la sobreviviente del burdel de Nevada la que se le pidió que describiera su experiencia y dijo: «Las primeras palabras que vienen a la mente son: degradada, deshumanizada, usada, víctima, avergonzada, humillada, insultada, esclava, violada”, u otra que dijo: «es como si usted firmara un contrato para ser violada”.

Y es que ¿no han oído las voces de las mujeres negras o indígenas que hablan sobre las conexiones entre la prostitución y el racismo? Por ejemplo esa mujer indígena que fue agredida por un John: «Yo pensaba que las habíamos matado a todas ustedes” o Sarah Mah que señaló la gran sobrerrepresentación de las personas de color dentro de la prostitución. O Fátima Nat Dhuniya, superviviente del tráfico que declaró «Mientras haya un comprador, la prostitución no se puede desmontar” o Cherry Smiley (Nlaka pamux Dine) quien dijo en la ONU que la prostitución es un «sistema de la colonización» rechazando el término de «trabajadora sexual» a favor de «mujeres prostituidas» puesto que ese término «reconoce las fuerzas de la colonización, el racismo, el patriarcado y el capitalismo que están canalizando a las mujeres a ejercer la prostitución.»

Si no pueden o no quieren escuchar a las mujeres, tal vez al menos puedan oír a los hombres que las usan. Por ejemplo al John que dijo «los chicos controlan a las mujeres utilizando la fuerza física, es el pagador de una violación. Están haciendo de ellas subordinadas durante ese tiempo, ejerciendo de persona dominante para hacer con ellas lo que ellos quieran”. O el que dijo» La prostitución nos dice que las mujeres tienen menos valor que los hombres”. U otro tercero que le dijo a una mujer en prostitución» he pagado por ello, usted no tiene derechos y está conmigo ahora para hacer lo que yo desee”.

Si algunos pueden admitir ser potenciales violadores, entonces ¿por qué es tan difícil que ustedes puedan admitir lo mismo?. Dejen de defender como derechos humanos, una cultura de la violación y defiendan a sus verdaderas víctimas. Mientras ustedes mantienen su apoyo a la prostitución con argumentos de “inexistencia de coacción, amenazas o violencia asociados a esos actos» no tienen en cuenta que la prostitución es “per se” una institución coercitiva para las mujeres, por el simple hecho de ser mujeres en situación de vulnerabilidad social, lo que es suficiente para ser sobornadas para su participación. Melissa Farley ha comparado esta interdependencia entre el género y la situación económica en la prostitución con la situación de las mujeres maltratadas:


“Por muchas razones la gente puede «elegir» situaciones y personas que son profundamente perjudiciales para ellos/as, unas veces porque han crecido viendo o sufriendo daños y otras a que no tienen alternativas. Se podría así asumir, que muchas mujeres maltratadas durante muchos años, han podido “elegir libremente” volver con sus parejas violentas, cuando en realidad han sido forzadas a regresar por la escasez de recursos económicos u el terror a sus agresores”. 


Esta coerción económica se agrava aún más por la adicción a las drogas: un estudio encontró que el 78% de las mujeres comenzó a usar cocaína en su reclutamiento. La drogadicción es conocida por ser «una táctica común utilizada por proxenetas y traficantes para controlar a las mujeres prostituidas», no obstante una pequeña minoría optaría por quedarse en esta industria y la mayoría sigue en ella por no tener los medios necesarios para escapar. Por tanto esa idealización y defensa de un mundo donde los hombres pueden prostituir mujeres sin «amenazas o violencia» es una fantasía según Melissa Farley:

“Los proxenetas no creen en el falso mito de que la prostitución es una opción de trabajo, por lo que necesitan emplear tácticas extremas para engañar, atrapar, dominar y lavar el cerebro a las mujeres. Al igual que los torturadores militares, los proxenetas usan la fuerza para llevar a la gente a la desesperación. A las mujeres se les da a elegir entre hacer daño a otra persona o ser golpeadas y controladas, por lo que éstas se verán presionadas a dar su consentimiento para la prostitución y así evitar en muchos casos perjuicios para sus familiares”. 

Deberían saber, que la prostitución también depende de la trata de niñas y niños y que la edad media de reclutamiento en los Estados Unidos es de 13 a 14 años de edad. De acuerdo con UNICEF, hay más de 250.000 menores prostituidos en Brasil, país donde la prostitución es legal. Algunos de estos/as niños/as no tienen más de siete años de edad. Cabe recordar, como hace dos años La Corte Suprema de Brasil absolvió a un hombre que violó a tres niñas de 12 años de edad con el eximente de que eran «trabajadores del sexo». En aquel momento ustedes emitieron un comunicado de prensa denunciando esta decisión que definían como 4 “escandalosa» y que daba «luz verde a los violadores», pues ahora parece que ustedes han cambiado esa consideración, hasta el punto de reconocerlo como un «derecho humano».

Amnistía Internacional en su documento borrador, descarta la posibilidad de defender el modelo nórdico, por castigar a proxenetas y prostituidores y no lo defienden por ser el que apoya a las verdaderas víctimas del sistema, las mujeres que son prostituidas. Por el contrario, su documento se basa en una preocupación por «los derechos humanos» de los hombres para acceder a los cuerpos de las mujeres mediante su comercialización y a esto le llaman libertad y defensa de los derechos sexuales, lo que les aproxima a los grupos beneficiados de esta actividad y repercute notablemente en la imagen y credibilidad de una organización dedicada a la justicia social y los derechos de supervivencia de las mujeres y otros grupos oprimidos.


 Nota: La palabra John significa putero en países de habla inglesa. 
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