SOMOS NUESTROS CUERPOS (I)

SOMOS NUESTROS CUERPOS (I)

“La industria del sexo es una fuente inagotable de beneficios en el centro de la economía global”

Rosa Cobo

 

La globalización del capitalismo avanza de la mano de la ideología neoliberal y el patriarcado, el sistema de dominación más viejo del mundo está a salvo siempre que conserve sus mecanismos de reproducción, y el más eficiente de todos es la prostitución.

Resulta significativo que en la medida que el feminismo se extiende en su lucha por la igualdad, la libertad de las mujeres, su reconocimiento como sujetos con derechos y ciudadanía, no solo se produce un rearme del patriarcado, con el aumento de la violencia hacia todas nosotras, sino que crece la demanda y el consumo de prostitución.

La prostitución, como fenómeno social, ha sufrido una trasformación adaptativa, pero se mantiene en el viejo imaginario colectivo de su aceptación naturalizada con el mantra insistente del oficio más viejo del mundo, que surge de manera espontánea en cualquier comunidad.

Pervive la imagen del negocio local y la prostituta marginal y desarraigada. Es la lógica legitimadora de un submundo que ya no existe. A ella se suma la oscurantista narración académica, que desde una fingida distancia desinteresada, intenta justificar la prostitución desde el libre consentimiento de las mujeres prostituidas, desechando cualquier análisis crítico y sistemático, algo que sería obligado para la comprensión de cualquier hecho social.

No podemos abordar la prostitución al margen del capitalismo global, porque la magnitud y dimensiones que ha alcanzado son el resultado directo del desarrollo e implementación de sus propias políticas neoliberales. La prostitución es una macroindustria estratégica para el capitalismo neoliberal, un sector económico puntero, tal y como lo fue anteriormente la venta de esclavos.

Atendiendo a su realidad, la prostitución no puede ser considerada un oficio, sino la actividad que responde a la demanda masculina para acceder al cuerpo de una mujer a cambio de dinero. Quienes la justifican ocultan los intereses de unas élites neoliberales que ya no aspiran en exclusiva a nuestra fuerza de trabajo, quieren directamente nuestros cuerpos como el nicho de su gran negocio. Su intento es legitimar la actividad prostitucional y naturalizarla como hecho social, en la misma medida que legitiman y naturalizan la desigualdad.

El neoliberalismo crea una realidad, que a pesar del cínico negacionismo, viene desarrollándose como modelo económico desde hace décadas. Se ha naturalizado como el aire que respiramos y se impone sin alternativa justificando así su ilegitimidad.

Como sistema hace aguas, y ha quedado bien demostrada su inviabilidad social. Pero a pesar de su fracaso persistente, ha anidado culturalmente reforzando una individualidad en permanente lucha por la supervivencia, destruyendo la paz social, agravando la desigualdad y la pobreza que tienen rostro de mujer, de infancia y dependencia.

Como modelo económico se aguanta con la imposición de una precariedad resignada y sumisa, sin dejarse impresionar por la pobreza extrema. Sus estrategias son; la coartada del endeudamiento como modo de dominación y la financiarización de la economía, basada en la especulación de bienes y no en su producción, que acumula beneficios para unas élites divorciadas de la realidad económica y social, operando cual parásito al margen de la responsabilidad social y que según los investigadores pronostica una superación del capitalismo.

La cuestión es ¿qué tipo de superación y cómo? ¿Y qué tipo de sociedad será la resultante, cuál será el valor de las personas y cómo se definirán su humanidad y dignidad en un sistema que solo contempla la transacción económica centrada en la acumulación cortoplacista, independizado de cualquier responsabilidad social, política o ética, sin motivación alguna por la paz social o la trascendencia?

El neoliberalismo es antisocial y sobrevive invisible con promotores próximos, si no implicados en la economía criminal. Nada como pez en el agua en la corrupción, donde los deseos se compran, todos, no hay objeción moral alguna siempre que se puedan pagar. Su dios es el mercado sin rostro en el que todo puede ser apropiado para mercantilizarlo, trocando el valor en precio.

El mercado quiere ahora nuestros cuerpos. Como reflexiona Beatriz Gimeno (2011, La prostitución) cuando se abre un mercado y los pobres son obligados a entrar, su cuerpo es la mercancía.

La prostitución es consustancial al nuevo capitalismo neoliberal, como lo fue la esclavitud al capitalismo originario y al colonial. Para Saskia Sassen el capitalismo neoliberal ha entrado irremediablemente en una lógica destructiva de expropiación y destrucción, millones de personas son expulsadas de sí mismas, de su propia significación, de su historia y biografía para sobrevivir simplemente de lo único que poseen, la venta de sus cuerpos. Proclama la prostitución como un trabajo en un afán expropiatorio de nuestros cuerpos, que salgan a la venta, con un reclamo repugnante de emprendiduría laboral, las prostitutas como el nuevo ejército de reserva, emprendedoras de su propia esclavitud.

Ningún fenómeno social puede aislarse para su comprensión de su marco histórico y su momento. Las dimensiones que alcanza la prostitución son las siguientes; en el 2001, la UNDOC a partir del número de clientes, hace un cálculo de un millón de prostitutas en Europa. Otros datos difundidos por diferentes organismos, en fechas más recientes y aceptados para su investigación son; 400 mil mujeres en Alemania; 350 mil en España; 60 mil en Gran Bretaña; 17 mil en Grecia; 40 mil en Francia, estos últimos son datos del Parlamento Europeo en 2013.

La magnitud se extiende por todo el planeta, no es un fenómeno localizado en los “países ricos”. De hecho en los que no lo son, es algo endémico y la carta blanca a su práctica ha invitado a determinados Estados a participar de sus ganancias, cual vulgar proxeneta, incluyendo los resultados de la actividad en el PIB. Este tipo de operaciones no se dejan a la arbitrariedad de los diferentes Estados, sino que es una política participada con organismos internacionales, con una finalidad de legitimación de la industria prostituyente, bajo la denominación de “industria del ocio”, y es propiciada y recomendad por el FMI y el Banco Mundial como gran operación macroeconómica.

El proceso se repite en diferentes países; se dictan políticas que crean y alimentan una burbuja mediante la especulación, aumenta el crédito sin medida y sin cálculo de riesgo, crece la deuda y se impone la obligación integra de su devolución, sin auditar o calcular la posibilidad de deuda odiosa y finalmente, se recomiendan las políticas de fomento del ocio, con la creación de grandes entramados empresariales de inversión en casinos, hoteles, inmobiliarias… y macroprostíbulos, acompañado del fomento del turismo cual panacea al crecimiento y el desarrollo.

Como recoge María José Guerra Palmero en su Apunte sobre geopolítica de la prostitución en nota a pie de página- la prostitución representa el 14% del PIB de Tailandia, el 5% de Holanda y el 4% de Corea del Sur (…)


Según UNICEF el 10% de los turistas mundiales son turistas sexuales


De esta manera, el mismo Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional promueven el desarrollo de industrias del ocio en los países subdesarrollados para obtener divisas fuertes y poder pagar sus deudas. Para Poulin (experto quebequés que aporta los datos) aunque no lo especifiquen, estos organismos internacionales tienen muy claro que ese “ocio” significa prostitución, y en muchos casos, prostitución infantil.-

Es conocido el comentario del primer ministro tailandés sobre la necesidad de sacrificar una generación de mujeres en la prostitución para levantar el país. O el comentario en los medios del ministro de Gabón, sobre la necesidad de legalizar la prostitución para fomentar el turismo en el país africano.

En resumidas cuentas, mientras crece la desigualdad y las élites se automarginan de la sociedad, el Estado sobrevive con la explotación y la prostitución de sus mujeres y niñas. De la misma manera que otrora cargara su responsabilidad en la implementación del Estado de Bienestar sobre las familias, es decir las mujeres, ahora, echa sobre sus cuerpos la responsabilidad de una parte del pago de la deuda.

Las investigaciones sobre el fenómeno global de la prostitución apuntan la tendencia a la pedofilización. Expertos como Poulin reconocen que en las mujeres captadas impera la minoría de edad. La demanda de niñas y niños, aviva un gran negocio de reventa de la virginidad altamente cotizada. Las niñas y jóvenes son apartadas de la red educativa y comunidades de origen, lo que las deja a merced de la más cruda explotación. Juventud e infancia son el negocio más lucrativo para el proxeneta.

En estos momentos conocemos la existencia de 10 mil niños emigrantes perdidos en territorio europeo susceptibles de ser captados por las mafias para la explotación sexual, laboral o la mendicidad indistintamente, se calcula que 3.000 están en territorio español.

También se evidencian los vínculos estrechos entre prostitución y tráfico de mujeres y niñas para la explotación sexual. Las organizaciones criminales establecen redes que utilizan las mismas rutas para el tráfico de seres humanos, drogas o armas. Los traficantes comparten estrategias de reclutamiento y captación mediante la imposición de deudas, lo que les permite utilizar indistintamente los cuerpos para la explotación sexual o laboral, ambas estrechamente vinculadas. Las prácticas de reclutamiento son las mismas independiente de las diferencias culturales; los loversboys, actúan igual en Holanda, Rumanía, Latinoamérica, Asía… los matrimonios programados, el uso de las redes sociales, el acoso y secuestro… son viejas prácticas en un nuevo formato y se legitiman mediante la deuda contraída y la indefensión de la víctima.

Advierten que la prostitución afecta en mayor medida a las minorías étnicas y personas migrantes, lo que incide en su marginación y rechazo y alimenta el racismo. Es imposible aislar el fenómeno de la prostitución actual del fenómeno migratorio, si bien coexiste con la prostitución autóctona, siempre en menor medida que la extranjera. Aunque también hay que añadir la migración interna desde zonas rurales o empobrecidas hacia las ciudades y su captación por las redes de proxenetas. Entre la población autóctona, por ejemplo, en España ha habido un aumento de la prostitución de mujeres mayores de 60 años, lo que la vincula directamente con la pobreza que afecta a nuestras mayores y sus dificultades para sobrevivir en una vejez digna.

El hecho del predominio de la extranjería además de evidenciar el vínculo con la trata, alerta de la desigualdad en la transacción entre la persona prostituida y el prostituidor (ya sea tratante, proxeneta o putero), no solo por sesgo de género sino por determinantes de clase social, raza-etnicidad y procedencia nacional.

Empeñarse en analizar el fenómeno desde posiciones individuales sujetas a una supuesta autodeterminación, al margen de todo contexto y en una abstracción conceptual justificativa es maniqueo e interesado.

Cabe preguntarse, por ejemplo, qué motivación puede tener una mujer africana para prostituirse en un país extranjero, sin redes de apoyo, desconociendo el idioma y la cultura… pudiendo prostituirse en el propio, lo que le daría una mayor autonomía y control sobre su vida.

Contestar una pregunta sencilla puede desmontar todas las construcciones teóricas idealizadas, porque la realidad siempre es otra cosa y no siempre se aguanta en un papel.

La comprensión del fenómeno y el reconocimiento de las nuevas formas de prostitución necesitan ser analizados en el nuevo contexto del capitalismo global y su lógica dominante, visibilizando aquellos agentes que siempre se habían mantenido al margen sin exigencia de responsabilidad alguna, es el caso de los grupos de inversores y su visión del negocio, los proxenetas disfrazados de empresarios, los traficantes, sus mercancías y redes y por supuesto, los demandantes de prostitución. También, es imprescindible reconocer las nuevas prácticas y modos de captación de mujeres de aquellos agentes que se benefician de la que puede ser considerada una actividad industrial atendiendo a sus formas organizativas, de gestión y funcionamiento interno. Sin que por ello se le otorgue reconocimiento alguno de dignidad o beneficio social, sino tan solo la constatación de que la criminalidad y el funcionamiento delincuencial y mafioso se han contagiado de la operatividad empresarial, en la misma medida en que las empresas adoptan, en ocasiones, formas delictivas, mafiosas y corruptas en la persecución del máximo beneficio y en contra del interés social.

Tal y como señala la profesora Rosa Cobo en su estudio La prostitución en el corazón del capitalismo – La prostitución es el corazón de una industria internacional del sexo que incluye una gran variedad de negocios, desde macroburdeles o locales de striptease hasta editoriales, desde casas de masaje hasta agencias de acompañantes, desde películas hasta revistas sobre pornografía, sin olvidarnos de las cifras del turismo sexual.(…) también otros muchos actores económicos se lucran de esta industria y contribuyen a su apuntalamiento.(…) Entre ellos, hay que destacar hoteles, empresas de bebidas alcohólicas, periódicos, farmacias, taxis o karaokes. (…) La prostitución es el eje de todo un sector económico que se articula en torno a los cuerpos de las mujeres prostituidas.- La prostitución se ha adaptado a los nuevos tiempos y ha pasado de la sordidez de los clubs de alterne de estética decadente, con nostalgias reminiscentes de transgresión y bohemia, a la nueva gestión empresarial, aprovechando por completo la oportunidad de la globalización y el impacto de las nuevas tecnologías en su organización, desorbitando por completo el volumen de negocio, los agentes implicados, las cifras de mujeres prostituidas, y pervirtiendo el papel de los Estados como cómplices apadrinadores de la mafia proxeneta.
La prostitución ha sido y es la pieza fundamental del patriarcado para el dominio masculino. Ahora es un pilar fundamental del neoliberalismo como sistema de esclavitud “libremente elegida”.

En un sistema de democracia formal que acepta la venta de cuerpos cualquiera puede ser vendido. Las implicaciones éticas de este supuesto alcanzarán a toda la sociedad como sistema de explotación económica y sexual, dado que en un sistema que escoge ser prostituyente, cualquiera puede ser prostituido.


Bibliografía consultada;
El ser y la mercancía (Bellaterra) Kajsa Ekis Ekman
La prostitución en el corazón del capitalismo (Catarata) Rosa Cobo Bedía
La prostitución (Bellaterra) Beatriz Gimeno
Elementos para una teoría crítica del sistema prostitucional (Comares)Laura Nuño y Ana de Miguel
Neoliberalismo sexual (Cátedra) Ana de Miguel

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