Mayara sigue tocando, ¿la escuchas tu también?

Mayara sigue tocando, ¿la escuchas tu también?

 

Era mala en el fútbol. ¿Qué tan mala? Peor que su hermana, y eso es decir mucho. Pero a Mayara poco le importaba. Con disciplina practicaba todos los jueves; cuando su hermana estaba en Brasil jugaban juntas, pero cuando Pauliane se fue a estudiar francés a Bélgica, Mayara consiguió otras amigas con quien practicar.

No importa si lo del fútbol no se le daba bien. Su verdadero talento era con la guitarra clásica. Era buena, buenísima. ¿Qué tan buena? Experta. Mayara era ella y su guitarra, al menos eso me cuentan quienes la conocieron.

En los mensajes que intercambie con Pauliane, la hermana de Mayara, note a una mujer que estaba atravesando un dolor inmensurable pero cuya determinación era férrea: su hermana no sería convertida en un titular morboso. A Mayara había que humanizarla. Yo supongo que esa fue la única razón por la que accedió a hablar conmigo, porque yo prometí ayudar a humanizarla.

Entonces, ¿procedemos?

Este artículo va a ser diferente. Para que este artículo funcione les pido que hagamos un trato entre ustedes y yo. Les pido, por favor, que veamos juntas/os dos videos de Mayara plena y feliz como ella era (con su guitarra). Un vídeo al inicio y otro al final del artículo. Yo considero que esto es importante porque en algunos medios de comunicación brasileños nos están presentando otra imagen de Mayara y nuestro compromiso como feministas debe ser reivindicar la humanidad de todas las compañeras que perdemos, de forma cobarde, ante la violencia machista.

¿Que tal si conocemos a Mayara Amaral como ella quería que la conociéramos? A través de uno de los videos que ella misma subió al Youtube. Si dan un clic sobre estas palabras, verán a Mayara, en sus propios términos.

¿Quién fue Mayara Amaral? En este intento de revertir el rumbo que ha tomado la noticia del feminicidio de su hermana, ocurrido el día 25 de Julio del 2017, yo contacte a Pauliane y le pregunte si quería contarnos un poco sobre ella. Le pedí que me contara de Mayara no solo lo bonito. Sin elogios ni alabanzas, solo saber cómo era ella.

“Mayara siempre tenía el semblante serio. Yo siempre fui la payasa y ella la más introvertida. Uno de sus pocos momentos extrovertidos era cuando tocaba su guitarra. Nunca fue vanidosa y a pesar de tener 27 años, ella apenas estaba descubriendo el lado divertido de ser mujer, el maquillaje, la moda…”, recordó Pauliane. “Tenía una bicicleta que adoraba- le puso de nombre Ruth. La otra pasión de mi hermana era la repostería. Ella amaba hacer bizcochos y postres complejos. Cuando armó su casita, los primeros enseres que compro fueron los de la cocina. Nunca falto un dulce en la nevera de mi hermana”.

“Era un talento vigoroso, genial. Ella era una entre millones”, dice Marcelo Fernandes, su antiguo profesor en un reportaje exclusivo del periódico brasileño Folha de Sao Paulo. Fernandes dice que Mayara tenía el potencial de transformarse en una de las guitarristas más importantes de la nueva generación. “Ella quería ser concertista. Es una puerta muy estrecha, pero su mundo se estaba abriendo”. Inicialmente se formó como música en la Universidad Federal do Mato Grosso do Sul, donde trabajaba como profesora de guitarra clásica. Mayara acabada de graduarse de la Universidad Federal de Goias, con una Maestría en Música. Ella defendió su tesis (titulada ‘La mujer compositora y la guitarra en los 1970: vertientes analíticas y contextualización histórica-estilista’) el día 30 de marzo del 2017, hace casi exactamente cuatro meses. Ese día Mayara escribió: “Ahora es momento de dar continuidad al doctorado y seguir difundiendo estas obras de mujeres compositoras”. Su hermana Pauliane dice que el tema de la disertación de Mayara no fue coincidencia: fue muestra de su compromiso con la sororidad. “Ella quería dar voz y divulgar las obras de compositoras brasileñas, que nunca tuvieron visibilidad que correspondía en la música clásica”, expresó.

Efectivamente, los planes para el fin de semana del 28-31 de Julio eran claros. Ese domingo, Mayara le iba a decir a su familia durante el almuerzo que la habían aceptado en un programa de Doctorado en una universidad de Sao Paulo para seguir especializándose en el estudio profesional de la guitarra.

El almuerzo nunca tuvo lugar porque el 25 de Julio del 2017, en un motel de Campo Grande, a Mayara la mataron tres hombres con un martillo. Antes de eso la violaron y después de muerta, calcinaron su cuerpo. Los tres hombres hoy enfrentan cargos por robo y por ocultar un cadáver… pero no por violación ni feminicidio.

El crimen atroz contra Mayara ha acaparado la atención de Brasil, en parte, por el hecho de que la Policía Civil se rehúsa a cambiar la tipificación del crimen. Insisten en considerarlo ‘latrocinio’ que es cuando luego de cometer un robo, se asesina a la víctima.

¿Qué fue lo que paso? Paso que Mayara Amaral salió a ensayar con su guitarra y nunca regreso. Su mama Ilda, preocupadísima, llamo a una amiga de ella y le pregunto sobre su hija. La amiga le explico que Mayara estaba siendo amenazada por un ex-novio. Al ver que su hija más pequeña no aparecía, Ilda fue a la jefatura a reportarla como desaparecida cuando recibió un mensaje de texto que provenía del teléfono móvil de su hija: “Él está loco, mama. Me está persiguiendo. Estaba en su casa y peleamos bien feo”. Eventualmente salió a relucir que este mensaje fue enviado desde el teléfono móvil de Mayara luego de que moradores encontraran su cuerpo calcinado en la comunidad de Inferninho. Enviarle ese texto a la mamá de la mujer que acaban de violar y asesinar demuestra un sadismo escalofriante por parte de los feminicidas.

La hermana de Mayara, Pauliane, se encontraba en Bélgica estudiando francés cuando se enteró de la noticia del asesinato de su hermana. Cuando la llamaron para contarle, el papá de ambas, un señor llamado Alziro, de quien Mayara aprendió el amor por la guitarra, se encontraba reconociendo el cadáver. “Solo sobraba una parte de una mano y un poco de un pie de ella para poder reconocerla. Pero él ya sabía casi con certeza que era ella”, contó Pauliane al Folha do Sao Paulo.

Los sospechosos de haber violado, matado y calcinado el cuerpo de Mayara son tres. Un batería llamado Luiz Alberto Barros, de 29 años, que llegó a tocar batería en una banda junto con Mayara y en algún momento sostuvo una relación amorosa con ella. Y dos hombres más: Ronaldo Olmedo de 33 años y Anderson Pereira de 31 años. Luiz ya confesó y dice que Rolando y Anderson fueron cómplices, pero estos dos últimos lo niegan. Luiz llego al lugar donde cometería el crimen con el martillo homicida en la mochila, aunque ahora dice que el solo la mató “porque ella se resistió al robo”.

Aquí hay que tener cuidado porque la cosa se complica.

¿Qué le hicieron a Mayara? Bueno, depende de a quién le pregunten. Luiz, el feminicida confeso, alega que invito a Mayara a un motel con la intención de robarle el carro. Ronaldo entro por la puerta de atrás (las cámaras del motel muestran que entro escondido en el baúl de el vehículo de Luiz). Según ellos dos, los tres (Luiz, Rolando y Mayara) tuvieron relaciones sexuales pero que eventualmente Mayara descubrió que los hombres tenían fines violentos e intentó huir. Fue en ese momento en que, entre los dos, la mataron a martillazos. Luego llevaron el cuerpo de ella a la casa de Anderson, el tercer sospechoso, donde la enterraron en un pedazo de tierra. Pero cambiaron de opinión, la desenterraron y la llevaron a una carretera. Allí prendieron en fuego el cadáver de ella con la intención de que nadie la pudiese identificar. Los moradores de la comunidad se acercaron cuando vieron las llamas.

Esta es la versión que están presentando los medios de comunicación brasileña, con todas las algarabías que incita el morbo de esta noticia en el patriarcado misógino. Es una versión inconsistente que carece de secuencia lógica… pero al día de hoy (2 de Agosto 2017), la Policía les cree.

La familia alega que el robo del carro de Mayara, algunos objetos de ella, su computadora y su teléfono móvil son solo una excusa para que los sospechosos de puedan librar del verdadero crimen: feminicidio. Aunque cabe destacar que en Brasil, el latrocinio conlleva una pena más elevada que el feminicidio (pena mínima de 20 años y pena máxima de 30 años) ya que, hasta el 2015, el Código Penal brasileño no contempla la figura del feminicidio. El homicidio de mujeres es considerado un ‘crimen hediendo’, es decir, un homicidio agravado pero no tiene tipificación, lo cual es común en la región.

“Eso es violación”, desmiente Pauliane en la entrevista telefónica con Folha do Sao Paulo. Ella no descarta que su hermana se haya querido reunir con Luiz porque ellos tenían una relación establecida previamente, pero si descarta que Mayara haya acordado con el otro hombre. “Ellos armaron una emboscada, uno de ellos entro escondido al motel con un martillo. ¿Que tipo de sexo consensuado es ese?”
Entonces al dolor de la perdida de Mayara se le suma la indignación de que la estén matando dos veces: una sus feminicidas y otra los medios de comunicación.

“Yo voy a dedicar mi luto a la memoria de mi hermana, y no voy a permitir que ella sea vilipendiada por la versión inmunda de sus matones”, escribió en un manifiesto Pauliane. “Como tantas otras víctimas de violencia, Mayara merece justicia- eso no va a disminuir nuestro dolor, pero puede ayudar a curar una sociedad enferma y a proteger a otras mujeres del mismo destino”.

El periódico local Campo Grande News entrevisto a Tiago Macedo, investigador principal del caso, quien expresó: “Todo indica hasta el momento que no hubo homicidio. Lo que ocurrió en ese lugar es que el autor (del crimen), verificando la posibilidad de cometer un robo, sedujo a la víctima y tuvo como resultado este crimen, que es un crimen contra el patrimonio, la muerte de la víctima. Hemos verificado que existe una tendencia en algunas personas de afirmar que, porque maten a una mujer, es un feminicidio pero eso no corresponde con el ordenamiento jurídico”.

Otra vez, Pauliane responde con coraje cuando dice que omitir el término ‘feminicidio’ de la cobertura tanto en los medios, pero más importante, en el proceso jurídico contra los asesinos de su hermana, es un insulto. No he visto esa palabra -feminicidio- en la prensa, tal vez porque sea difícil para una sociedad responsabilizarse de que una vez más le fallo a una mujer”.

Algunos medios de comunicación transcriben la versión de los supuestos asesinos como si fuese cierta, legitimando una historia con índole sexual que culpa, tanto directa como indirectamente, a la víctima de su propio feminicidio. Esta es la versión de los asesinos, quienes, entre el momento en que asesinaron a Mayara y el momento en que prendieron en fuego su cuerpo, duraron 8 horas planeando su coartada.

Ante los comentarios salaces y el morbo que culpa a Mayara, sus amigas la defienden. “Es puritanismo. Ella era una mujer independiente, trabajaba… Ir a un motel no puede colocar en duda su carácter”, la defiende una colega en su misa de los siete días. Resulta algo extraño que existan personas que la culpan a ella por ir al motel, pero no a ellos por no solo haber ido al motel, sino también por haber ido al motel con un martillo escondido con la premeditada intención de, como mínimo, robarle a una persona y, como máximo, violarla y asesinarla.

Al mismo tiempo que la reputación de Mayara sufre una descendencia en la opinión popular de algunos medios de comunicación, la de Luiz, su feminicida confeso, es elevada por otros medios. En el periódico local Campo Grande News lo describen como un tipo chevere y se asombran de que esté involucrado en un crimen como este. “Nadie puede creer que un ‘hermano de buenas vibras’ como el, un tipo positivo, sea capaz de hacer algo de esta índole. Él era una persona que se preocupaba por los otros”, expresó uno de sus amigos en las redes sociales.

Al confeso feminicida lo humanizan: los medios nos indican que él es vegetariano, que le gusta la naturaleza. Dicen que era hasta un pacifista y muy amigable. Algunos resaltan que es buen mozo. De manera perniciosa, los amigos de Luiz también dicen que él tenía un serio problema de drogas, como si eso atenuase o exculpase su responsabilidad. Entonces según sus defensores, Mayara es una levente por ir a reunirse con un ex en un motel, pero Luiz es un alma trastornada cuya adicción a las drogas lo llevo a matar una mujer a martillazos: la mentalidad patriarcal es un asco.

En esta irremediable perdida Mayara no es única. Según el Atlas de Violencia 2016, 13 mujeres son asesinadas todos los días en Brasil. La Rede Sonora, un colectivo de mujeres músicas con perspectiva feminista explica que: “El asesinato de Mayara es también una tragedia colectiva que nos lleva a ver la necesidad de visibilizar esta noticia. Si bien es cierto que esos datos son alarmantes, el debate sobre la violencia contra la mujer muchas veces queda invisibilizado entre los mayores índices de violencia letal entre hombres, pero también por la resistencia que existe para reconocer este tema como un problema de política pública”.

De Mayara nos queda lo mismo que nos queda de esas 13 mujeres que Brasil pierde a diario, en promedio, por culpa de los hombres agresores.

También nos queda su música.

Es por eso que para terminar este articulo ustedes van a dejar de leer mis palabras y les imploro que abramos juntas/os el segundo enlace de nuestro trato inicial. En el enlace esta Mayara, tocando su guitarra que tanto le gustaba, la que ya no podrá tocar jamás pero cuya música aun suena. La familia de Mayara dice que, no obstante haberla perdido, su memoria queda. “Haremos todo lo posible para preservar el amor que (Mayara) nos dejó”.

Pauliane, que ante la muerte de Mayara embarcó en una misión para reivindicar la humanidad de su hermanita pequeña y compañera de fútbol, ha buscado paz. Cuando le confirmaron que el cadáver que su papa fue a identificar era de su hermana, Pauline dice que ella “recé por el alma de ella y colocó flores en un rió, como forma de despedirme de mi hermana”.

Pero más que paz, Pauliane busca justicia y una respuesta articulada que erradique la violencia no solo por su hermana, sino por todas las mujeres y niñas. “Mi hermana era una feminista. Siempre lo fue. Ella ejercía la sororidad todos los días. Era una feminista activa. Yo, como hermana, como mujer y como testigo de la violencia con la que somos tratadas en nuestro país, siento la fuerza que tenemos, el poder de la sororidad de todas aquellas que me escriben para darme apoyo. La lucha, el debate y el activismo son nuestras armas en este momento”, dice Pauliane.

Es hora de terminar este obituario. Se siente tan cruel que todo esto le haya pasado a Mayara… a las esas exponenciales 13 brasileñas diarias… ¿Que mejor manera de cerrar este articulo biográfico que de la mano de la artista misma? Hay que escucharla. No solo por su talento sino porque el feminicidio de Mayara refleja que la desvalorización sistémica de las mujeres en la sociedad es tal que aun luego de asesinar mujeres, el patriarcado a veces mata otra vez solo por su misoginia feroz.

Para erradicar la violencia de los hombres hacia las mujeres hay que luchar todos los días para reivindicar que las mujeres y niñas son seres humanos. Seres humanos con voces, y en el caso de Mayara Amaral con guitarras también, que seguirán sonando hasta que escuchemos la urgencia de su mensaje.

Aquí les dejo este último video de Mayara, grabado hace menos de un mes, donde se la ve contenta y feliz, tocando su guitarra clásica al compás de la canción ‘Menina, Mulher’ (‘Niña, Mujer’): la canción es un llamado urgente al feminismo.

¿La escucharon? Ojalá que nunca se nos olvide la melodía.

 

 

 

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