Ellas cobran menos

Ellas cobran menos

 

De nuevo llaman mi atención los datos del INE reflejados en la Encuesta Anual de Estructura Salarial. De nuevo la brecha salarial aparece como nota destacada en el conjunto de números y estadísticas: El salario medio anual femenino es en España un 22’9% inferior al masculino. Nada nuevo en el panorama laboral, y eso es justamente lo preocupante. El Gobierno habla continuamente de recuperación, pero mira a otro lado, e incluso intenta negar la evidencia, cuando escucha en sede parlamentaria o en medios de comunicación referencias a esa discriminación laboral que, en cambio, no tiene nada de sutil. Al contrario, se trata de una diferencia salarial por razón de sexo tan contundente y tan evidente, que la alarma debería ser general y la respuesta, inmediata.

Podemos encontrar, de hecho solemos escuchar, excusas de mal pagador, como dicen en mi tierra. Pero, en el fondo del problema, subyace el más rancio machismo arraigado en nuestra sociedad, la diferenciación de roles y la estereotipación de la función social femenina. Cuestiones que mi generación creyó ilusoriamente superadas, no solo no desaparecen sino que irrumpen con una fuerza inusitada.

En el fondo del problema, subyace el más rancio machismo arraigado en nuestra sociedad, la diferenciación de roles y la estereotipación de la función social femenina.

Hace unas semanas pregunté al presidente de RTVE, cumpliendo con la misión de control que tenemos encomendada las personas que ejercemos como diputados y diputadas en el Congreso, por la presencia de mujeres en cargos directivos en la televisión pública. En este caso, como en la administración General del Estado, o como en la autonómica o local, estamos hablando de empleo público al que, en principio, se accede por pruebas selectivas u oposiciones. Pues bien, aún así, aún tratándose de acceso por méritos objetivamente medidos, que generalmente facilitan la ecuanimidad y dificultan la diferenciación salarial por razón de sexo, encontramos discriminación, en tanto en cuanto la discrecionalidad en los nombramientos entra en escena. De otra manera no se explica que un 72’1% de las personas en cargos directivos en la Corporación sean hombres, frente a únicamente un 27’8% de mujeres. Tampoco de otra manera podríamos dar respuesta al hecho de que las mujeres solo accedieron en la radiotelevisión pública española al 34% de los complementos salariales por disponibilidad en 2016, o que ese año desplazaran a los Sanfermines – que ahora empiezan de nuevo- a 12 mujeres de una delegación de 69, mientras que a los Juegos Olímpicos de Río fueran 24 de un total de 158 profesionales, con el agravio en cuestión de visibilidad que ello comporta pero también de menor acceso a complementos salariales y dietas que implica.

Es un ejemplo, éste, que ilustra cómo muchas veces se camufla, especialmente en el ámbito del empleo público, la brecha salarial, escondida en un marasmo de complementos salariales que sí obedecen a decisiones discrecionales y que siempre terminan afectando de manera negativa y discriminatoria a las mujeres. En el ámbito laboral privado, y mientras no se adopten medidas contundentes para evitarlo y perseguirlo, las discriminaciones suelen ser mucho menos sutiles, aunque frecuentemente adoptan forma de contrataciones a tiempo parcial, empleo temporal o menores remuneraciones en sectores feminizados, generalmente asociados al cuidado de las personas.

Las pensionistas y jubiladas aún difieren mucho más en sus percepciones salariales en comparación con ellos.

Podemos nadar en la autocomplacencia, como suele hacer la ministra Fátima Báñez, podemos convencernos a nosotras mismas de que estamos saliendo del agujero que horadó la crisis económica, pero la realidad es tozuda y nos indica que no sólo las mujeres en activo cobran menos que los hombres sino que las pensionistas y jubiladas aún difieren mucho más en sus percepciones salariales en comparación con ellos. Según el Informe de Igualdad entre mujeres y hombres en la Unión Europea publicado recientemente, las mujeres pensionistas españolas cobran un 36’1% menos que los hombres en esa circunstancia, un dato que en 2008 estaba en el 33%. Y, en lo referente al acceso a las pensiones, la brecha en España es de un 26%, mientras que la media europea se sitúa en el 6’2%.

Otros y otras, a diferencia de lo que hace -o no hace- la ministra del ramo, pensamos que hay que actuar y que debemos hacerlo con diligencia. Y proponemos el desarrollo de una legislación que actúe a favor de la igualdad salarial, un marco normativo que dignifique el empleo, derogando la reforma laboral. Y queremos permisos de paternidad y maternidad iguales e intransferibles.

En un país en el que una de cada tres mujeres trabaja a tiempo parcial, la mayoría porque no encuentra otro empleo, un país en el que un 29% de las mujeres en edad de estar activas laboralmente no lo están y en el que solo un 4’3% de los puestos directivos lo ocupan ellas, tenemos un problema. Y la mejor manera de empezar a resolverlo es aceptando que existe, que es grave y que las soluciones que requiere son urgentes.

 

 

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