«Cada cuento, un mundo entero»

«Cada cuento, un mundo entero»

Tribuna Feminista, en colaboración con Clásicas y Modernas, asociación para la igualdad de género en la cultura.

Cuatro años después de la traducción de la magnífica y premiada novela La piedra de moler de Margaret Drabble (Sheffield, 1939), llega la traducción de la mayor parte de sus cuentos, Un día en la vida de una mujer sonriente. Se trata de trece relatos conmovedores e inteligentes escritos entre finales de los años 50 y el año 2000 que versan principalmente sobre la condición humana.

Presentan un amplísimo abanico de protagonistas: las hay jóvenes, cultas, más o menos exitosas, mayores, sin estudios, de profesiones prestigiadas, viudas (atención a «La viuda alegre»), madres,  casadas…, y siempre, siempre de carne y hueso. A partir de sus vidas en continuo progreso, de sus anhelos y deseos, de sus intereses y motivaciones,desmenuza los recovecos del comportamiento humano, analiza razones y sinrazones, repasa maneras de estar en el mundo, dibuja posibilidades, propone modelos. Y, sobre todo, descuella en algo que comparten las literaturas de muchas escritoras: la portentosa capacidad de reventar los límites de los géneros. Maestras y modelos no le faltan, desde luego. Sin movernos de su tierra natal, es difícil no pensar en Shelley, Woolf, West, Byatt, Spark, Murdoch…

Presenta temas esenciales de la vida de las personas. Por ejemplo, el trabajo remunerado, las relaciones afectivosexuales, el continuo discurrir del cerebro, usos y costumbres. Tiene el acierto de presentar en sus tramas algunas cuestiones fundamentales, pero no como tema sino como parte del telón de fondo; por ejemplo, algo tan presente en la vida de las mujeres como son los malos tratos. En perfecta coherencia con todo ello,cuentos que son pura ficción devienen un iluminador y fidedigno fresco de la vida y de la sociedad de Gran Bretaña. Los relatos son una placentera manera de acercarse, por ejemplo, a la sociología; o incluso a la botánica. Instruyen con deleite.

En este mismo sentido, el último y precioso cuento, «Rumbo al oeste» —ojo al subtítulo—, no sólo es un amoroso tratado de geografía sino que en él también irrumpe gozosa y ajustada la literatura. En efecto, Drabble tiene una extensa obra como crítica literaria. O que en otro, «La Residencia de la Viuda», su experiencia teatral le sirva para la ficción. Ambos cuentos son también un bello exponente de los flexibles pero tenaces zarcillos que traban unos cuentos que suelen cerrarse con hermosas epifanías.

Maestra en los detalles (por ejemplo, el amor por los viajes), con una pincelada es capaz de mostrar el embeleso por la naturaleza y, al mismo tiempo y con ternura, su ironía:

Volví a bajar con mi puñado de hierbas, observando el declinar de la luz de la tarde sobre el cedro del Líbano, los acebos altos y el ciprés de Bután amarillo, presa de un arrebato de compasión y admiración por mí misma tan intenso que a punto estuvo de consumirme.

Termino con una adivinanza: ¿qué relación hay entre Margaret Drabble, Antonia S. Byatt —autora de la inmensa Posesión o de la tetralogía sobre Frederica Potter— y la historiadora Helen Langdon?

Lee aquí la crítica en catalán

Un día en la vida de una mujer sonriente

Margaret Drabble

Trad. Miguel Ros González.

Madrid: Impedimenta, 2017. 281 p.

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