Machismo como argumentario político

Machismo como argumentario político

Machismo como argumentario político

Hoy se cumple una semana del debate de la moción de censura de Podemos a Cristina Cifuentes en la Asamblea de Madrid. Un debate que dejó muchos titulares: «PP abrasado por la corrupción y el saqueo de lo público»; «Espantada de la bancada popular ante el contundente relato de Podemos sobre sus tramas de corrupción» y una bochornosa intervención del Consejero de Presidencia Justicia y Portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido.

Garrido, con la connivencia de la presidenta de la Asamblea, Paloma Adrados, arremetió contra la candidata de la moción de Censura, Lorena Ruiz-Huerta, hilvanando un discurso machista en tono de mofa, que ha sido objeto de encendidas críticas por escandaloso y denigrante. Durante su intervención, el consejero calíficó la moción de censura de “espectáculo, de feria de las vanidades orquestada exclusivamente con un fin: la puesta de largo de su candidata, la señora Ruiz- Huerta”. A continuación, recordó que el concepto se refiere a una fiesta que se celebra cuando la homenajeada cumple 18 años, «edad que de largo sobrepasa Ruiz-Huerta», y puso el acento en que en la delegación de Podemos «no abunda la juventud”. También rechazó que Ruiz-Huerta pueda ser la «heroína» que según Podemos necesita la CAM, porque «para ser esa heroína se necesitarían varias cualidades de las que usted carece». En esta línea, Garrido también acusó a Ruiz-Huerta de moverse impulsada por su «soberbia», sin contar con «experiencia de gestión», para después descargar una batería de acusaciones contra Podemos.

Rancio argumentario machista para ocultar su responsabilidad

En lugar de pedir perdón a la ciudadanía madrileña por el hecho de que su partido haya hecho del saqueo del patrimonio público de la Comunidad su “modus vivendi”, como lo demuestran las tramas Gürtel, Púnica y Lezo, entre otras, el portavoz del PP se dedicó atacar a la candidata de Podemos. Pero no tanto como adversaria política sino como mujer, tirando de rancio argumentario machista para ocultar su responsabilidad.

Un ataque similar, pero aún más feroz, tuvo recientemente como víctima a otra diputada de Unidos Podemos, en este caso la portavoz en el Congreso, Irene Montero. El presentador de Intereconomía TV, Eduardo García Serrano, se refirió a ella como “La zarina roja de Pablo Iglesias”. “Su chati”. García Serrano también criticó el currículum y la forma de vestir de Montero, a la que tildó de vaga.

La ofensiva de la caverna misógina del PP y sus afines ha tenido su remate en el comentario profundamente machista de Rafael Hernando durante el debate de la moción de censura a Rajoy en el Congreso aludiendo a “la relación” entre Montero e Iglesias. Todo ello demuestra, además, el nerviosismo del PP, ante la posibilidad de verse arrastrado por la riada provocada por la suma de casos de corrupción, que el muro de contención judicial que intenta impone no logra contener.

Pero no podemos permitir que el acoso político machista se utilice como arma arrojadiza contra las diputadas de Podemos, ante la falta de argumentario político para desmontar lo que los tribunales están dejando cada vez más claro: que el PP ha utilizado las instituciones públicas en beneficio propio.

En política no todo vale y faltar al respeto y denigrar a un oponente por su condición de género supera el límite de lo políticamente incorrecto

La situación de desigualdad de la mujer es mayor aún en el ámbito político, al que es difícil acceder y ocupar puestos de máxima responsabilidad. En política no todo vale y faltar al respeto y denigrar a un oponente por su condición de género supera el límite de lo políticamente incorrecto.

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