Las mujeres damos asco

Las mujeres damos asco

 

Para los judíos ortodoxos, debe ser que las mujeres damos asco, ya que no se quieren sentar con nosotras. Esto causa problemas en según qué situaciones, por ejemplo en aviones, donde te venden el asiento y te toca donde te toca. Por ejemplo, el pasado febrero, diez pasajeros ultra-ortodoxos se negaron a sentarse junto a mujeres en un vuelo que viajaba de Tel-Aviv a Londres. Las mujeres tuvieron que aguantarse, y cambiar asientos, porque los hombres se negaban a sentarse con ellas, y hasta tuvieron que llamar a la policía inglesa para controlar a los viajeros una vez en Londres. De hecho, la policía los acompañó cuando se bajaron del avión, cosa que fue muy humillante para ellos, según este comentario en el periódico The Jewish Express (ni una palabra de la humillación que sufrieron las mujeres). Aparte de Israel, ha habido incidentes parecidos en vuelos en Estados Unidos también. Y no solo en el aire, también en tierra: hace unos años salió la noticia, con mucha atención mediática, de unos autobuses públicos en Brooklyn (Nueva York) donde las mujeres y niñas (judías o no) eran obligadas a sentarse en la parte de atrás del vehículo.

La ley judía protege a los hombres que se niegan a sentarse al lado de mujeres que no son de su familia o que no son su pareja, pero algunas mujeres están intentando luchar contra estas leyes machistas. Una señora, Renee Rabinowitz, ha denunciado a la compañía de vuelos El Al por sexismo y ha ganado. La jueza en la corte de Jerusalén le ha dado la razón. Rabinowitz, quien escapó los Nazis cuando era pequeña, dice que está deseando ver cómo otro pasajero se niega a sentarse con ella, y la azafata le dice que se tiene que aguantar. Rabinowitz es una persona religiosa, pero cuando en un vuelo de EEUU a Israel el pasajero de al lado le pidió que se cambiara, según este artículo del periódico inglés The Guardian, “Le dije al hombre, soy una mujer de 81 años, ¿cuál es tu problema?”. Él contestó que estaba prohibido por la Torá, pero ella respondió que no era verdad. El hombre admitió que ella estaba en lo cierto, pero que no quería sentarse con ella de todas formas.

Esto de no sentarse con mujeres o mandarlas a la parte de atrás de un avión o vehículo me suena a mí a la misoginia de siempre.

Las feministas radicales tenemos claro que las religiones –todas- son el brazo ejecutor del sistema patriarcal, así que esto de no sentarse con mujeres o mandarlas a la parte de atrás de un avión o vehículo me suena a mí a la misoginia de siempre. Debe ser que algunos tipos tienen miedo de que al tocarnos o estar cerca de nuestros cuerpos les vayan a salir ovarios de repente, o que nuestras menstruaciones les manchen o algo parecido. Pero eso son divagaciones mías.

En realidad dice la tradición que los hombres prefieren no sentarse cerca de mujeres para no ser tentados. Y es curioso que, sin embargo, somos las mujeres las que a menudo nos tenemos que mover para que sus majestades no sufran. Igual que en otras religiones las mujeres se han de cubrir de la cabeza a los pies por una razón parecida. Pero no siempre, hace unos años un grupo de judíos viajaron once horas de pie en un avión por no sentarse con mujeres. A mí me parece bien, mientras no hayan demoras en los vuelos; si hay que sufrir y molestarse, que lo hagan ellos.

Según parece, ha habido otras mujeres que han denunciado a las compañías de vuelos de Israel por casos parecidos. A ver si hay suerte y poco a poco, en los juzgados se empiezan a cambiar estas normas tan sexistas y tan absurdas. Ahora, que las mentalidades cambien, eso es más difícil.

 

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