En auxilio de tantas mujeres grandes

En auxilio de tantas mujeres grandes

 

Hoy pongo mis palabras al servicio de tantas y tantas mujeres mayores, niñas durante la guerra del 36, que hoy tras sus más de ocho décadas de vida sometida y sin ya fuerzas para seguir “sirviendo y cuidando”, siguen sin alzar la voz siquiera para gritar socorro, siquiera para pedir auxilio.

Puede ser mi madre, la tuya, mi tía o la tuya, puede ser cualquiera de las miles de mujeres que fueron educadas en el nacional-catolicismo, a las que se les inculcó que toda su existencia por el hecho de ser mujeres iba a depender de la “superior” voluntad de un varón, fuese su padre, su marido o su hermano,…

Niñas y jóvenes, campesinas pobres, que trabajaron en los campos, en las fábricas o sirviendo en las casas ricas, sin más proyecto vital que el matrimonio, la reproducción y el cuidado de la familia siempre sometidas a “sus amos y señores” aun cuando, como ocurría en mucha ocasiones, ellas además trabajaban fuera -limpiando, sirviendo, …- o dentro de la casa -cosiendo bolsos, tricotando,…- para que sus hijas e hijas pudiesen estudiar cuando la educación era un privilegio que había que pagar.

Niñas y jóvenes, campesinas pobres, que trabajaron en los campos, en las fábricas o sirviendo en las casas ricas, sin más proyecto vital que el matrimonio, la reproducción y el cuidado de la familia…

A ellos, a sus maridos, se les inculcó que debían “mandar en la casa”, que sus mujeres les debían obediencia e incluso gratitud y reverencia ya que a sus ojos, el trabajo de la crianza, de los cuidados de la familia y de la casa sin horario, sin descanso semanal, ni vacaciones, ni salario,… carecía de valor.

Al llegar a la edad adulta allá por la década de los sesenta, cuando la esperanza de vida de las mujeres era superior en 10 años a la de los hombres, estas mujeres pudieron conocer el fenómeno de las “revividas”, viudas que tras pasar el luto “florecían” gracias a poder gozar del confort que proporciona una existencia sin sometimientos, sin ataduras,… una existencia agente y libre.

Ese regalo del que disfrutaron muchas mujeres mayores desde los setenta se desvaneció con el nuevo milenio. En el 2016 la esperanza de vida era de 80 años para los hombres y 85 años para las mujeres. Y esto que de hecho es una muy buena noticia, se puede convertir en un viacrucis para todas aquellas mujeres grandes que con más de 75 años ya no tienen ni fuerzas, ni salud para seguir con las cargas del cuidado y del hogar pero sus “amos”, que llevan muchos años disfrutando de la jubilación, se niegan a jubilarlas a ellas. No solo no acceden a jubilarlas, ni siquiera aceptan que se contrate a una persona algunas horas para que ayude con la casa, la comida y los cuidados, e incluso protestan airados cuando “no son servidos como antes, como ellos se merecen”.

Ellas lloran porque se encuentran sin fuerzas, lloran porque no pueden con esa vida pero tampoco piden ayuda “para no molestar” a sus hij@s, lloran porque ellos les gritan y las asustan,… y por toda solución se las medica con “antidepresivos” cuando lo que necesitan es que las jubilen y las cuiden.

Así, muchas de esas mujeres grandes sometidas a vivir con esos hombres grandes que siguen ejerciendo de “amos del dinero”, de “amos de la casa y de ella misma”, que las han llenado de miedo y les han robado la autoestima “mira que te has vuelto torpe”, “sin mí estarías pidiendo por las esquinas”,… acaban enmudeciendo y se van alejando mentalmente de esa cruel y triste vida, se van deteriorando llegando incluso a la demencia.

Están sufriendo no solo violencia económica -ellos les niegan la gestión y el disfrute de al menos el 50% de los ingresos y de los bienes del matrimonio- sino también violencia psico-emocional que las mantiene sometida

Por ellas, que son tanto o más vulnerables que l@s niñ@s lanzo esta llamada de auxilio, lanzo esta alerta. Ellas son víctimas de violencia de género. Ellas están sufriendo no solo violencia económica -ellos les niegan la gestión y el disfrute de al menos el 50% de los ingresos y de los bienes del matrimonio- sino también violencia psico-emocional que las mantiene sometidas por el temor a sus “reacciones violentas si le llevo la contraria”.

Ellas necesitan de nuestra ayuda, de la ayuda de toda la sociedad reclamando a los poderes públicos medidas urgentes de protección contra la violencia de género hacia las mujeres mayores.

Me despido como pienso lo harían ellas: Agradeciendo y pidiendo. Agradeciendo a todos los hombres grandes que velan por que la vejez de sus esposas sea tan descansada y gozosa como sea posible; a todos los hijos e hijas, nietas y nietos,… que se preocupan y cuidan de sus necesidades y su bienestar, a sus cuidadoras y cuidadores, a todo el personal sanitario que atienden con cariño de su salud. Pidiendo a los poderes públicos que consideren a las mujeres mayores víctimas de esas violencias machistas como grupo especialmente vulnerable objeto de atención urgente en los protocolos de intervención social.

 

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