Asistencia letrada contra la normalización de la violencia de género

Asistencia letrada contra la normalización de la violencia de género

 

Hace unos días, (13 de junio) se conocía el asesinato de una mujer en Granada a manos de su exmarido. El último fin de semana de mayo tres mujeres más fueron asesinadas. Ninguna de las tres había interpuesto jamás denuncia, y ninguna había requerido de los servicios de asistencia que el Estado de Derecho pone a disposición de las mujeres.

Ni vecinos, ni amigos eran conocedores de la situación que realmente vivían esas personas; no tenían conocimiento de nada, de aquellas con las que se encontraban en su lugar de trabajo o de residencia. Todas desconocían el infierno que tenían al llegar a sus casas o sus lugares de trabajo.

No podemos pensar que su asesinato fue fruto de un arrebato o que fue una obcecación que surgió de la nada, porque no es cierto. Lo que anida en la cabeza de los asesinos durante mucho tiempo hasta llegar a matar a una mujer no es fruto de un rechazo puntual, ni de una discusión esporádica, sino de mucho tiempo larvado en la creencia de que son seres superiores que dicen “nadie me lleva la contraria” y “no es posible que me rechace”.

Se activan Pactos de Estado, se activan protocolos de actuación, se vuelve con iniciativas legislativas, y resulta que muchas mujeres no encuentran la protección debida porque no quieren interponer denuncia

Se activan Pactos de Estado, se activan protocolos de actuación, se vuelve con iniciativas legislativas, y resulta que muchas mujeres no encuentran la protección debida porque no quieren interponer denuncia; no quieren, o no pueden, valerse de la protección que el Estado les brinda, posiblemente porque creen que no van a ayudarlas y que al final el día a día será suyo.

Beatriz Ros, la mujer asesinada en Molina de Segura, tenía un hijo de cuatro años, víctima también -por supuesto- de la situación que un asesino le ha creado. Un niño sin madre y sin respuesta a un asesinato, porque quien le quitó la vida a su madre, se suicidó. Y todo sigue igual. Es justo pensar también en la mujer de ese asesino, lo que debe estar pasando, con un hijo de diez años que tendrá que sacar adelante, y sin respuestas a muchas preguntas.

Como abogada, solo puedo recomendar el camino que conozco, el camino que he visto que tantas veces ha dado resultado, creo que es el bueno, el válido, en el que debemos continuar. Pero también con otras medidas educativas, de formación. Tenemos que darles armas de poder a las mujeres que viven esa situación y enseñar que lo que se “normaliza” no es lo normal, y que si cualquiera de ellas se acerca a una comisaria a interponer una denuncia le ayudarán, que contará con la presencia de un abogado o abogada que desde el principio le indicará los pasos que tiene el proceso, y que aunque no sea fácil, todos estamos con ella, sabiendo que su historia es real.

Tenemos que darles armas de poder a las mujeres que viven esa situación y enseñar que lo que se “normaliza” no es lo normal, y que si cualquiera de ellas se acerca a una comisaria a interponer una denuncia le ayudarán

Por último una reflexión. El Consejo General del Poder Judicial ha creado unos juzgados uniprovinciales con materia exclusiva de cláusulas hipotecarias. En el año 2.004 se crearon juzgados uniprovinciales en materia exclusiva de violencia de género, con personal formado, y con una exclusividad en la materia solamente en las capitales de provincia. Nadie se quejó, nadie dijo nada, yo tampoco. Cuando en muchos pueblos de España y ciudades no existen juzgados especializados en violencia de género, y por lo tanto no cuentan con los mismos medios (personal sin formación, sin fiscal especializado…) Sin embargo, cuando hablamos de cláusulas hipotecarias, parece – solo parece- que le damos más importancia.

Texto publicado originalmente en Abogacía

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