Ylenia y el feminismo neoliberal

Ylenia y el feminismo neoliberal

Fotografía de Ylenia Padilla, tomada de su cuenta de Twitter

El pasado 25 de mayo, la web Buzzfeed España publicó el artículo de Beatriz Serrano titulado Todo lo que te molesta de que Ylenia sea feminista es todo lo que está haciendo bien. En él, su autora defiende al personaje mediático Ylenia Padilla (conocida por su participación en el reality de MTV Gandía Shore y en el programa Mujeres y Hombres y Viceversa de Telecinco) como representante del feminismo de las clases populares, y reivindica la necesidad de contar con un “feminismo de calle” cuyo mensaje alcance a aquellas mujeres más alejadas de los discursos feministas académicos de la “élite cultural”.

Ylenia, como señala el artículo, es víctima de la ridiculización masiva por parte del público. Una visita rápida a su cuenta de Instagram es suficiente para constatar el machismo recalcitrante de los comentarios que los usuarios de la red comparten en su espacio. De hecho, el acoso sexual de Ylenia en la red está presente en cada uno de sus posts, con mensajes como “Ylenia te follava [sic]”, “Yo a ti Ylenia te follo”, o “Quiero tocarte él [sic] culo para calentarme”. También comentarios misóginos como “Más puta que tú no hay nadie”, “Tetas de goma”, o “Guarra” se encuentran fácilmente entre los mensajes de sus seguidores en las redes sociales.

A mí, como a cualquier otra feminista, me parece escandaloso y repugnante que este tipo de trato sea algo normal, ampliamente aceptado como parte de la comunicación en las redes, y poquísimas veces tomado en serio como algo realmente dañino. Es conveniente, sin embargo, saber identificar el contexto en el que este tipo de ataque tiene lugar, ya que un diagnóstico certero del problema es la única forma de atisbar los primeros pasos hacia su resolución.

Volviendo al artículo de Beatriz Serrano, la autora afirma:

“[Ylenia] representa todo lo que la sociedad quiere que sea una mujer (rubia, delgada, explosiva, sexual, disponible) y, al mismo tiempo, todo lo que esa misma sociedad detesta, es decir, todo lo anterior pero libre. Es la encarnación del objeto de deseo más puro del imaginario colectivo masculino, pero al contrario de lo que la sociedad espera de ella, ella ha tomado el control sobre su propio cuerpo y sobre sus actos.”

Es esta aparente liberación la que, según el artículo, hace de Ylenia una amenaza para las estructuras heteropatriarcales: el hecho de que Ylenia “tenga el control sobre su propio cuerpo” es lo que genera ese odio colectivo hacia ella.

La misoginia por parte de la sociedad no está especialmente dirigida a mujeres ‘liberadas’ o ‘feministas’, sino que es una ideología que afecta a absolutamente todas las personas del sexo femenino, independientemente de su edad, raza, posición social, etc.

Este argumento no se sostiene por dos razones. La primera es que la misoginia por parte de la sociedad no está especialmente dirigida a mujeres ‘liberadas’ o ‘feministas’, sino que es una ideología que afecta a absolutamente todas las personas del sexo femenino, independientemente de su edad, raza, posición social, etc. La segunda es que Ylenia no es más “libre” que cualquier otra mujer en circunstancias parecidas a las suyas porque la liberación de las normas opresoras del patriarcado no es cuestión de “agencia personal” o “empoderamiento”, sino de cambios sociopolíticos efectuados desde los cimientos de las estructuras sociales.

La liberación de las normas opresoras del patriarcado no es cuestión de “agencia personal” o “empoderamiento”, sino de cambios sociopolíticos efectuados desde los cimientos de las estructuras sociales.

La sociedad patriarcal odia a Ylenia porque Ylenia es una mujer, y el patriarcado odia a las mujeres: guapas y feas, gordas y delgadas, rebeldes y sumisas. Ylenia es, además, un personaje público conocido en todo el país y que se encuentra inmerso en un mundo televisivo que se nutre precisamente de esta misoginia. No es difícil por tanto imaginar por qué Ylenia no pasa desapercibida entre los espectadores de este lamentable circo.

Ylenia es la prueba de que incluso aquellas mujeres que muestran una hiper-conformidad con la imposición patriarcal de feminidad son consideradas merecedoras de abuso, degradación y escarnio. Para muchas, tomar conciencia de esto es tan sumamente descorazonador que no les queda otra que proclamar que este estatus inferior no es más que el resultado de la “libre elección”: una especie de intento de preservar la propia dignidad. El intento de defenderse de los persistentes ataques machistas se vuelve “feminismo” o “empoderamiento”. Lo que antes era una lucha por la liberación de todas las mujeres es ahora cuestión de “decisión personal”.

Lo que antes era una lucha por la liberación de todas las mujeres es ahora cuestión de “decisión personal”.

Cuando no estás dispuesta a cobrar menos que un hombre porque sabes que eres mejor que él. Eres feminista!” sentencia Ylenia en su cuenta de Twitter. El feminismo consiste desde esta perspectiva neoliberal, en tomar decisiones que te “empoderen” como mujer. La forma en que el contexto limita o elimina por completo las opciones se obvia totalmente. Se entiende, según este argumentario, que una mujer que acepta un trabajo con un salario más bajo que el que recibe un hombre en ese puesto no es feminista —no parece ser necesario considerar cuáles son las otras opciones de esta mujer: paro, desahucio, no poder alimentar a sus hijos, etc.—.

Según el artículo de Buzzfeed, Ylenia no solo defiende el mensaje de feminismo, sino que lo práctica:

“… su voz nunca se silencia porque a alguien no le guste, no permite ser tratada como un objeto por su forma de vestir, con quién se acuesta puede entrar a debate en los platós de Telecinco —por decisión propia—, pero ella no le otorga a nadie el poder de calificarla como una ‘zorra’ por ello. Ella es libre para utilizar su sexualidad como le viene en gana.”

De nuevo, la autora equipara, recurriendo a la retórica del “empoderamiento”, el feminismo con la “libre elección”, aunque tu elección sea casualmente responder a la perfección a las demandas del patriarcado y de la cultura del porno a través de la presentación de una imagen hipersexualizada y de la ausencia total de conciencia de clase.

La cosificación de las mujeres no es algo a lo que tengamos que acceder previamente para que sea un hecho omnipresente en nuestra sociedad.

Ylenia no necesita otorgar a nadie el poder de llamarla “zorra” para que la sociedad se tome la libertad de hacerlo. Del mismo modo, la cosificación de las mujeres no es algo a lo que tengamos que acceder previamente para que sea un hecho omnipresente en nuestra sociedad. Me pregunto si Beatriz Serrano considera a las mujeres responsables de esta cosificación por “permitir” que nuestro alrededor nos vea como objetos. Me pregunto si esas “adolescentes a las que los chicos de su edad tratan como trozos de carne” de las que habla el artículo son conscientes de que, en realidad, más allá de cualquier desigualdad estructural, todo se reduce a su “empoderamiento” y su “libertad” para… ¿defenderse y arriesgarse a sufrir una agresión machista o encerrarse en sus casas hasta que el mundo cambie?

Ni Ylenia ni ninguna otra mujer, adolescente o niña, es merecedora de un trato degradante. Por eso es crucial que dejemos atrás esa retórica neoliberal de la “libre elección” y volvamos a un feminismo capaz de deconstruir la opresión de las mujeres desde su raíz.

Aunque es cierto que es necesario que las mujeres de las clases obreras se unan a la lucha feminista (también las de las clases medias y las altas), resulta penoso pensar que la única forma de llegar a ellas sea a través de iconos del pop y famosas del corazón cuya máxima es la de ‘yo con mi cuerpo hago lo que quiero’. Este enfoque ignora deliberadamente todas las formas de opresión a las que las mujeres y niñas de clases más desfavorecidas están sometidas y de las que no pueden librarse como lo hacen las estrellas multimillonarias como Beyoncé o Miley Cyrus. También es necesario que el compromiso con la lucha feminista haga revaluar a todas las mujeres que se consideran participantes activas en ella su colaboración en proyectos que contribuyen a la difusión de estereotipos perjudiciales para las mujeres o que directamente atacan los derechos que con tanta dificultad hemos ido adquiriendo.

La solución a la inactividad política de las mujeres de cualquier clase no es la de venderles la moto del feminismo con un videoclip de Katy Perry.

La solución a la inactividad política de las mujeres de cualquier clase no es la de venderles la moto del feminismo con un videoclip de Katy Perry. Debemos establecer canales de participación reales donde poder compartir nuestras experiencias y demandar los cambios necesarios para que esta sociedad se vuelva más habitable para nosotras. Debemos sumar fuerzas porque, si lo hiciéramos, el cambio vendría antes.

Necesitamos olvidarnos de quién es feminista y concentrarnos en hacer feminismo. Todas. También Ylenia.

 

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