Una de cada diez niñas de Sudán del Sur falta a clase durante su ciclo menstrual

 

  • La UNESCO estima que una de cada diez niñas falta a clase durante su ciclo menstrual. Según sus datos, estas faltas podrían suponer que pierden un 20% del año escolar.

“En agosto perdí cuatro días de clase porque estaba en mi ciclo menstrual”, dice una niña. “Yo perdí tres días de clase en octubre porque mi familia no podía comprarme compresas”, explica otra durante una charla informativa entre un grupo de estudiantes en una escuela de la ciudad de Magwi, al Sur de Sudán.

Estas son historias habituales entre las adolescentes de África. Para muchas niñas y mujeres, las compresas son caras e inaccesibles. La menstruación continúa siendo un tabú y ellas sufren burlas, vergüenza y marginación en la escuela, en la vida familiar y en las actividades sociales.

A menudo, las niñas prefieren quedarse en casa cuando tienen el periodo.

A menudo, las niñas prefieren quedarse en casa cuando tienen el periodo. Atong, una niña de 15 años, no va a la escuela, no visita a sus amigas ni tampoco entra en ningún espacio donde haya mucha de gente cuando tiene la menstruación. “Incluso temo ir a visitar a nuestros vecinos porque me siento muy mal”, dice.

La profesora Rachel Ayuen está de acuerdo en que la mayoría de las niñas pierde clase varias veces al mes durante sus periodos. “Hay menos asistencia de niñas en el colegio, pero es algo que ocurre especialmente cuando tienen la regla”.

Esto afecta a su rendimiento en comparación con los niños en muchas asignaturas, explica: “Incluso si ellas están en clase tienen miedo de interactuar libremente porque sienten que los niños descubrirán que tienen la menstruación”.

Para abordar esta cuestión y como parte de su trabajo por la promoción de la educación de las niñas, Plan International suministra kits de dignidad en las escuelas, que incluyen compresas reutilizables.

“Hemos experimentado un mayor rendimiento en las clases después de esta intervención. Muchas de las niñas utilizan las compresas porque ahora son accesibles incluso si no tienen dinero”, aclara Rachel, y continua: “Esto también ha reducido la carga de la compra de nuevas compresas cada cierto tiempo por cuenta de los padres – lo cual es un alivio para su economía”.

Hasta el momento la ONG Plan International ha distribuido 170 kits de dignidad en la escuela, empezando por las alumnas más mayores. Cuando las niñas alcanzan la edad de pubertad, se les entrega un kit con el fin de que puedan seguir asistiendo a sus clases regularmente, también durante su menstruación.

Para las niñas en esta escuela, los kits de dignidad no son solo una necesidad sanitaria e higiénica, sino que también representan su libertad. Les dan la oportunidad de permanecer en la escuela más tiempo y continuar hacia la educación secundaria, lo que también contribuye a prevenir el matrimonio infantil –al que se verían forzadas en muchas ocasiones si se quedaran en casa y sus padres no dispusieran de recursos- y les brinda una oportunidad de futuro.

 

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