Maltrato infantil y patriarcado

 

“La que ha liado Alicia Murillo Ruiz” pensé, cuando vi la imagen que había colgado en su muro de Facebook. Y es que esta artista-activista feminista había puesto un gráfico de estadísticas de maltrato infantil, con números basados en la Unicef y de una organización gubernamental de EEUU*. Los comentarios, de todo tipo, no se hicieron esperar, aunque mayoritariamente fueron (creo yo) de no querer tratar mucho el tema, un poco de poner cara de póker. Después de todo, siendo feministas queremos echarle la culpa de todo al patriarcado, ¿no? Y esa imagen lo dice bien claro, en Estados Unidos los menores de edad están siendo abusados mayoritariamente por sus madres. No por los padres, sino por ellas.

No soy una experta en este tema, pero voy a tratar este asunto desde mi perspectiva de una mujer que ha dado a luz en una situación de vulnerabilidad social y en Estados Unidos. Desde esta perspectiva, puedo decir que es un asunto complejo, en que se mezclan varias causas: la mística de la maternidad, el hecho de que al fin y al cabo las mujeres son las que nos ocupamos de los pequeños y las pequeñas, los roles de género, la mal llamada “conciliación” etc. Pero desde mi visión de feminista radical y tras haber vivido en Estados Unidos más de 20 años, creo que hay otras causas.

Leyendo el PDF (en inglés) que colgó Alicia, y sin querer profundizar mucho en ello, porque el asunto es horroroso, leo que en Estados Unidos, hubieron 683.000 víctimas “oficiales” de maltrato infantil en 2015. La mayoría del abuso, 73.3%, consistió en abandono y el resto en palizas, abuso sexual etc. 54.1% de las personas culpables habían sido las madres. Las razones, según el informe, son el uso de drogas y alcohol e historial de abuso familiar.

Si un hombre no se quiere poner un condón y los anticonceptivos son difíciles de conseguir y el aborto se castiga cada vez más, eso contribuye a un número bastante considerable de embarazos no deseados y por consiguiente, a muchas mujeres que maltratan o potencialmente pueden abusar.

Voy a ir al tajo: El sistema heteropatriarcal capitalista, que es el que manda en EEUU, es directamente culpable de que las cosas estén como están. Y es que, tal y como lo veo, que tantas mujeres abusen a sus hijos e hijas está relacionado con el hecho de que muchas mujeres hubieran preferido no ser madres. A estas alturas, en 2017, la maternidad sigue siendo, más que un goce o siquiera una expectativa, una obligación a la que se llega por razones diversas. Según el informe del Instituto Guttmacher, en 2011, casi la mitad de los embarazos en EEUU fueron sin querer (2.8 millones de un total de 6.1 millones). La situación empeora cuando hablamos de mujeres pobres (cinco veces peor, de hecho). Ese año, el 18% de los embarazos en EEUU fueron absolutamente no queridos (o sea, que no es que el momento de ese embarazo en particular no sea bueno, sino que la mujer no deseaba estar embarazada en ningún otro momento “mejor”).

De los embarazos que son “sin querer”, 42% acaban en aborto y 58% acaban en un nacimiento. Ahí tenéis una razón principal, de la que mucha gente no habla, pero que yo tengo clarísimo: una mujer obligada a ser madre en contra de su voluntad, va a aborrecer ese rol, un papel, que es, encima, tan sacrificado.

Los datos del instituto Guttmacher dicen que de estos embarazos sin querer, 54% de las mujeres no usan métodos anticonceptivos y 41% los usan a veces.

Las razones del maltrato infantil son complejas, pero la solución, creo yo, puede ser bastante simple: la sociedad se tiene que involucrar más y de maneras concretas.

En Estados Unidos, el tener acceso a la píldora anticonceptiva y otros métodos está ligado a tener seguro sanitario, el cual se obtiene a través del trabajo. Y esto es algo que mucha gente pobre no tiene. ¿Qué método es el mejor para evitar embarazos no deseados y enfermedades? El condón. Precisamente el método del que las mujeres tenemos que depender que los hombres usen y que muchos aborrecen utilizar.

Naturalmente, los dedos acusadores siempre le dicen a la mujer que no folle si no está dispuesta a acometer las circunstancias. Voy a ir más allá y añadir que, en mi historial de relaciones sexuales con hombres, la situación de vulnerabilidad puede fomentar relaciones no igualitarias en las que muchas mujeres no tienen relaciones sexuales (bueno, mete-saca más bien) con consentimiento pleno. Hablo de cuando muchas de nosotras nos “dejamos follar” por nuestras parejas estables “para que termine y me deje dormir en paz”. Este tipo de sexo con consentimiento “no pleno del todo” (por no decir violación), como lo que cuenta June Fernandez de Píkara en este relato. O de lo que dice Chloé Fontaine en su vídeo “Soy ordinaria” sobre la violación en la pareja. Lo que intento explicar es que ciertamente muchas mujeres follan queriendo, pero muchas veces no, y que en relaciones no igualitarias es más frecuente que el consentimiento de la mujer importe menos. Si un hombre no se quiere poner un condón y los anticonceptivos son difíciles de conseguir y el aborto se castiga cada vez más (hablo de eso aquí), eso contribuye a un número bastante considerable de embarazos no deseados y por consiguiente, a muchas mujeres que maltratan o potencialmente pueden abusar. Si algunas de estas mujeres no querían sexo, mucho menos van a querer un bebé. Y esto es así en Estados Unidos y en cualquier otro lugar.

Yo fui una de esas maltratadoras potenciales. No voy a ahondar mucho en el tema, pero muy a principios de los años 90 di a luz en California a mi hijo. En aquella época yo llevaba muy poco tiempo viviendo en Estados Unidos, todavía no hablaba del todo bien el idioma y estaba emparejada con un hombre al que apenas conocía. No siendo consciente aún de que mi cuerpo me pertenecía a mí, tuve sexo en ocasiones sin consentimiento pleno. Añadiendo a eso la falta de acceso a anticonceptivos, la situación resultó en un embarazo. Yo por aquel entonces tenía 22 años y pesaba poco más de 50 kilos, y mi hijo pesó al nacer a los ocho meses casi cuatro y medio. El parto fue una sangría literal. Episiotomía y sangrado de varios días (las hemorragias siguen matando a mujeres aún hoy) y un post-parto en el que estaba muy sola, con pocos recursos y ni familia ni apoyo. Recuerdo esa época en una especie de neblina y, sintiéndome bastante desesperada a medida que mi hijo crecía, hubo gritos y azotes en el trasero. No fue hasta que un tiempo más tarde pasé unos meses en el sur de España con mi madre, y pude descansar que empecé a recuperarme de la pesadilla y a plantearme que tenía que tener paciencia con mi hijo y buscar soluciones a mis problemas. En mi caso, el hecho de que yo no me criara con violencia hizo que la cosa no fuera a más. Pero en muchas otras situaciones en las que a la ambivalencia o el rechazo de un embarazo se unen el alcohol, un historial violento y falta de ayuda, así vemos las situaciones que vemos.

El maltrato de las madres a sus pequeños no es sino un síntoma de que vivimos en una sociedad que a pesar de llenársele la boca hablando de la santidad de la vida no denuncia la violencia sexista, no le da control a las mujeres sobre sus cuerpos, fomenta la desigualdad entre hombres y mujeres y luego mira para otro lado en los casos de violencia infantil.

Hace unos años, cuando vivía cerca de Washington, leí en la prensa local una historia tristísima: Una mujer llevaba toda la noche columpiando en un parque de Maryland el cadáver de su hijo de tres años. Una vecina por fin llamó a la policía a las 7 de la mañana. Que una madre columpie durante toda la noche el cadáver de su hijo no es normal. Pero es el resultado de vivir en un sistema cada vez más individualista, donde manda el “cada palo que aguante su vela”, donde los gobiernos cortan ayudas y presupuestos sociales mientras meten a las mujeres en la cárcel por abortar (sí, pasa en EEUU también). En el momento en el que escribo esto, leo en las noticias que la administración de Trump (siguiendo la onda de Obama, por cierto) va a cerrar varios centros de Planned Parenthood, que tanto ayudan a las personas sin recursos (más información sobre estos centros aquí). ¿Y luego nos echamos las manos a la cabeza porque tantas madres maltratan a sus hijos?

Como he intentado explicar en este artículo, las razones del maltrato infantil son complejas, pero la solución, creo yo, puede ser bastante simple: la sociedad se tiene que involucrar más y de maneras concretas. En un futuro lejano tal vez dinamitemos el sistema capitalista que fomenta tantas desigualdades y opresión, pero mientras tanto podríamos empezar por no votar a políticos que odian a las mujeres. Como escribí arriba, el horror de mujeres que maltratan a sus pequeños no es sino un síntoma de una sociedad muy disfuncional. Pero también creo que el no hablar de ello no significa que el problema vaya a desaparecer.

*Alicia Murillo, tiene su muro de Facebook abierto.

 

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