#felizdiadelamadre

#felizdiadelamadre

 

Durante todo el día de ayer hemos estado recibiendo cariñosos mensajes, llamadas, correos…flores, regalos… de hijos, hijas, amigas… era el día de la madre. Cuánta alegría compartida. Tantos recuerdos. Mujeres y madres. Las mujeres como nosotras nos ha tocado pelear duro. Hemos querido cargar a nuestras espaldas la responsabilidad de la maternidad e intentar compaginarla con la responsabilidad de un trabajo que nos llene, que nos haga libres, que nos haga independientes.

Leía ayer un reportaje cuya cabecera decía: “Ellas paren, ellas lo pagan caro” y ya antes de leerlo pasaron por mi mente muchísimos recuerdos envueltos entre sensaciones contradictorias. Claro que he sido feliz; pienso que todas las madres somos felices y nos sentimos orgullosas por dar vida a nuestros hijos e hijas. Me detuve un momento, antes de leer el artículo íntegro, y me pregunté si yo me identificaría con esas mujeres a las que imaginaba se refería el reportaje. ¿Pagué mi peaje? No hizo falta que pasara ni un segundo para que mi respuesta fuera ¡por supuesto que sí!; claro que he pagado peaje, como todas las mujeres que hemos tenido que solicitar ayuda a la familia o a otras personas de las que hemos dependido porque podíamos y queríamos trabajar.

Quería ser madre, pero también quería ser “yo misma” sin dejar de lado mis estudios y mi trabajo. Pero no niego que a veces pensaba si estaría haciendo lo correcto. Nadie cuestionaría a su padre, ni su trabajo; nadie le preguntó si sentiría culpable, esa era la ventaja de ser un hombre.

Algún recuerdo amargo se coló en mi mente. Tan solo hace 25 años que fui madre cuando tenía que dejar a mi bebé de seis meses a cargo de otra persona. Sentimientos de culpa. Cuestionamientos. Dudas. También caía algún que otro reproche: ¿Por qué no pides excedencia?… ¿No te da pena dejarla e irte a trabajar?… ¿No te sientes culpable?… ¿No te preocupa que la cuide una canguro?; en ningún momento pensé que estaba haciendo mal, todo lo contrario. Quería demostrarle a mi hija lo afortunada que sería por tener una madre “trabajadora”; ella seguiría más tarde mi ejemplo. Quería ser madre, pero también quería ser “yo misma” sin dejar de lado mis estudios y mi trabajo. Pero no niego que a veces pensaba si estaría haciendo lo correcto. Si sería una buena madre. También pensaba que mi madre había sido capaz de sacar adelante a su familia y ella trabajaba duro, si ella había podido, yo también. Estaba todo justificado. Nadie cuestionaría a su padre, ni su trabajo; nadie le preguntó si sentiría culpable, esa era la ventaja de ser un hombre. Hoy todavía recuerdo como aquél mes de marzo iba a trabajar cada dos noches a mi puesto de trabajo (para sorpresa de algunos de mis compañeros varones) trabajé hasta el último día. También recuerdo como algún compañero decía: “¡menudas vacaciones! si fuera mujer estaría cada año pariendo” banalizando la maternidad como si solo fuera cuestión de vacaciones y permisos. A pesar de todo ello terminaba diciendo una frase que aprendí y me sacó de esas situaciones violentas: “No importa la cantidad de tiempo que estoy con mi hija, si no la calidad” y así lo sentía y el tiempo me ha dado la razón. 

Volví la atención al titular un poco desilusionada, percibiendo lo que ya sabemos: la situación para la mujer no ha evolucionado tanto como deseamos. Desafortunadamente la desigualdad está tan arraigada, que incluso me atrevería a decir que en ocasiones aterra. Porque no nos engañemos, conseguiremos el cambio, pero no está ahí a la vuelta de la esquina. Muchas mujeres jóvenes creen que una vez hemos abierto el camino, ya está todo resuelto. No es más que una ilusión. Si nuestras referentes fueron las que en realidad abrieron camino y hasta ellas mismas lo pagaron caro.

En pleno siglo XXI las mujeres seguimos siendo, para nuestra sociedad, ciudadanas de segunda clase.

Según el estudio Maternidad y trayectoria profesional, elaborado por la escuela de negocios IESE y Ordesa (al que hace mención el artículo al que me refería); las mujeres han pagado caro ser madres. Más de la mitad no han podido continuar la trayectoria profesional que algún día empezaron, mientras que el 60% asegura que aunque tanto ella como él trabajen, se sienten en desventaja por la falta de la corresponsabilidad y con ello el 70% de las mujeres dicen estar sobresaturadas de trabajo, fuera y dentro del hogar. Para la mayoría de las mujeres (90%) las empresas no lo ponen nada fácil y casi el total de las mujeres consideran que no existen suficientes ayudas que favorezcan la maternidad. #felizdiadelamadre trabajadora, pareja, cuidadora y un largo etc.

Como no podía ser de otra manera, he recordado a todos los niños y niñas a quienes sus padres un día decidieron arrebatarle lo que más querían: a sus madres. Ayer era el día de la madre y yo lo he sentido especialmente diferente. No es cuestión de lamentarse, sino de dar un paso al frente, y seguir peleando como siempre lo hemos hecho, por nuestros derechos, por ser trabajadoras, independientes, amigas, felices, sanas, alegres, compañeras, jefas, soñadoras, divertidas, libres, emprendedoras, valientes, atrevidas, prudentes, inteligentes, creativas, educadas, pacientes, atentas, sencillas, raras, reservadas, optimistas, decididas, empáticas, generosas, cariñosas, apasionadas, sensatas, fuertes, femeninas, responsables, obstinadas, impacientes, solidarias, desobedientes, respetuosas… ¡madres y MUJERES!

 

 

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