Todos los maltratadores son muchachos buenos

Todos los maltratadores son muchachos buenos

 

¡Qué fácil es canonizar maltratadores! Ese es el único análisis que puedo hacer después de leer las noticias estas últimas semanas. Como siempre, las noticias ofrecen un desfile de impunidad para los hombres que violentan mujeres y niñas:

En Utah (Estados Unidos), un juez se pone a cantarle alabanzas a un violador justo frente a la víctima y mientras lo sentencia se le vio visiblemente conmocionado. En Montreal (Canadá), un periódico dedica una página entera a deliberar que si la víctima (quien es una menor de edad) de una violación donde participaron tres hombres adultos, bebió alcohol o no. En Manchester (Inglaterra), un juez determina que una mujer no pudo haber sido víctima de violencia de género porque “no se ve como una mujer vulnerable” y pone a su agresor y esposo en libertad porque él tiene un supuesto futuro prometedor como jugador de cricket. En Veracruz (Mexico), un juez puso en libertad a un joven acusado de violar una menor de edad junto con 3 de sus amigos, porque el juez determinó que ella no se encontraba lo suficientemente “indefensa”. En Brasil, el equipo de fútbol Boa Esporte está celebrando la recién contratación de un jugador que fue acusado y sentenciado de haber mandado a matar (y a descuartizar) a una mujer hace apenas 6 años. Por ahí anda el feminicida, ¡tomándose fotos sonriente con sus fans!

Da la impresión de que para redimir sus reputaciones, los maltratadores sólo tienen que respirar e inmediatamente la sociedad vuelve a verlos como muchachos buenos que nunca quisieron hacerle daño a nadie y que solo cometieron “un error”. Es como si en el mundo existiera un sistema supranacional que funciona de manera exacta para proteger a los hombres que violentan y mandarle el mensaje de su impunidad no sólo a los potenciales maltratadores… sino también a las víctimas. El sistema existe; se llama el patriarcado. Pero saber de su existencia no reduce la indignación.

Da la impresión de que para redimir sus reputaciones, los maltratadores sólo tienen que respirar e inmediatamente la sociedad vuelve a verlos como muchachos buenos que nunca quisieron hacerle daño a nadie y que solo cometieron “un error”.

Repasemos estos casos uno por uno.

Empecemos en Utah, donde recientemente el obispo Mormón Keith Robert Vallejo fue encontrado culpable de diez cargos de agresión sexual y un caso de violación contra múltiples mujeres. A pesar de que el jurado lo encontró culpable, el juez Thomas Low decidió comentar, frente a una de sus víctimas, sobre la bondad y nobleza del violador. “La corte no tiene duda de que el señor Vallejo es un hombre extraordinariamente bueno…, pero a veces los hombres buenos hacen cosas malas”. Así se expresó el juez sobre un obispo mormón que tenía como táctica aprovecharse de la confianza que generaba su puesto dentro de la iglesia en una comunidad de estudiantes universitarios. Después de que algunas de las estudiantes se quedaran a dormir en su sofá, el obispo las tocaba sin su consentimiento y en al menos una ocasión llegó a violar a una joven: este es el hombre “extraordinariamente bueno” que aquel juez en Utah decidió elogiar.

Una de las víctimas, Julia Kirby, declaró a los medios de comunicación que el juez mostro más simpatía con el acusado que con ella misma, quien fue una de las víctimas de la agresión. “Sólo le importaba la persona que estaba enjuiciando y yo creo que eso es algo repugnante”, dijo Kirby.

¿Qué tal las cosas en Montreal? El Journal de Montreal lideró su cobertura sobre la violación de una menor, a mano de tres hombres adultos, con el titular “Supuesta víctima de violación colectiva había bebido mucho” (tras las críticas de las feministas, el periódico cambió el titular dentro de la página web pero aquí se ve el titular original como salió en la edición impresa). Dentro del artículo nos damos cuenta que el titular fue simplemente conjetura, ya que el diario no tenía análisis toxicológico de la víctima que confirmen siquiera la presencia de alcohol, pero en realidad eso es lo de menos. Lo que causa sorpresa es que, en el año 2017, un medio de comunicación decida que esta es la idea más importante de un caso de violación múltiple a una menor de edad.

La violación tuvo lugar en un evento para un público de adolescentes y jóvenes en el año 2014. La investigación concluyó que los tres hombres habían construido una especie de rincón aislado donde cometer el crimen y tras el evento se llevaron a la adolescente en el vehículo de uno de los implicados a un hotel. Allí continuaron lo que ellos dicen que fue sexo, pero lo que un examen médico a la adolescente determinó que fueron heridas consistentes con violación sexual. Tras terminar con ella, la dejaron en casa de una amiga. La investigación reveló que, debido al tiempo transcurrido antes de realizar los exámenes, es imposible determinar si la adolescente había consumido alcohol o (crucialmente) si los tres hombres le suministraron flunitrazepam, la droga de la violación. De esos dos datos, ya sabemos cuál decidió el Journal de Montreal escoger como su titular…

Un caso similar tuvo lugar en México, en el que cuatro hombres fueron acusados de secuestrar y violar a una adolescente menor de edad que había salido con unas amigas a celebrar el año nuevo. La razón del juez para poner en libertad al único de los acusados que llegó a juicio es verdaderamente inverosímil: dijo que el imputado “no lo había disfrutado”, refiriéndose a la violación. Qué razonamiento tan asqueroso. ¡Es como si esta sentencia les dijese a las potenciales víctimas de violación que si piensan presentar cargos, que se aseguren de que su violador al menos disfrute violentándolas!

¡Qué imposible es que se haga algún tipo de justicia en un caso de violación aun en el año 2017!

Pero sí. La violación ocurrió cuando la adolescente salía de una fiesta de fin de año el día 1 de enero del 2015. La investigación encontró que a ella la obligaron a subirse al vehículo de uno de los imputados y que varios de los cuatro muchachos, que son de familias muy adineradas en la región de Veracruz, la habían violado. El juez encontró que los hombres le habían tocado lo senos y le habían introducido los dedos en el canal vaginal pero que esto no constituye una conducta “lasciva” y que tampoco demuestra que el imputado haya tenido una “intención de copular”. El juez dijo que todo lo anterior no debe ser considerado un acto sexual, sino solamente un “frotamiento incidental”. ¿Qué significa eso? ¿Que los dedos del agresor violaron a la muchacha coincidencialmente?

¡Qué imposible es que se haga algún tipo de justicia en un caso de violación aun en el año 2017!

Sigamos con Inglaterra, donde un hombre fue puesto en libertad tras ser acusado de violencia de género contra su esposa porque el juez Richard Mansell le creyó el cuento a sus abogados de que el maltratador tenía un contrato lucrativo con un equipo de cricket en Leicestershire. Mustafa Bashir, de 34 años, admitió ante la corte haber golpeado a su esposa en múltiples ocasiones, incluyendo una ocasión en que la golpeó con un bate de jugar cricket. La incitaba a que se suicidara y en otra ocasión la obligó a beber blanqueador de ropa. De más está decir que ingerir un detergente tan corrosivo puede ser fatídico, ¿verdad?

El juez sentenció al maltratador a 18 meses de prisión, le ordenó atender un programa de comportamiento y a pagar una multa, pero le suspendió la pena porque sus abogados alegaron que a él lo habían contratado para jugar cricket en el equipo inglés Leicestershire County Cricket Club. Cuando el equipo se enteró de lo que el imputado había alegado, llamó al juzgado para aclarar que ellos ni sabían quién era ese individuo ante lo que el juez decidió reconsiderar la sentencia. OJO: fue por esta razón, no por los golpes que le dio a una mujer (su esposa) ni porque la obligó a tragar una sustancia altamente peligrosa que fácilmente puso matarla, que el juez decidió enviarlo a prisión.

La idea de que a algunas mujeres “se les ve que son vulnerables” y a otras no, es una falacia bien misógina.

No sólo la justicia inglesa dio más prioridad a la potencial carrera de un maltratador sino que en el proceso también expresó dudas sobre la víctima, que es inmigrante. “No es estoy convencido de que ella haya sido una persona vulnerable. A veces cuando las mujeres vienen aquí de sus países, se encuentran atrapadas en una relación porque no tienen una red de apoyo y no hablan el idioma. Pero este no es el caso con ella. Ella es obviamente una mujer inteligente con una Maestría, donde obtuvo muy altas calificaciones”. ¿Otra vez, qué quiere decir eso? ¿Que las mujeres a quienes los hombres maltratan son, por definición, brutas?

La idea de que a algunas mujeres “se les ve que son vulnerables” y a otras no, es una falacia bien misógina. Como explica Hadley Freeman en The Guardian, las estadísticas globales indican que 1 de cada 3 mujeres ha sido víctima de algún tipo de violencia machista, es decir que todos los días interactuamos con varias víctimas y sobrevivientes de violencia y no nos percatamos. Sin contar, obviamente, con que en muchos de los casos las violentadas hemos sido nosotras mismas.

Siguiendo con el enfoque deportivo, el caso de Brasil es quizás el más sorprendente. En el año 2009 el futbolista Bruno Fernandes de Sousa, del equipo Flamingo, empezó a amenazar a una joven llamada Eliza Silva Samudio después de que esta quedara embarazada de él. El futbolista, quien se rehusaba a hacerse responsable de su bebé, la presionaba para que abortara, a lo que ella se negaba rotundamente. En una ocasión, llegó a invitarla a su casa “para aclarar la situación” y le dio de beber una sustancia abortiva sin que ella supiera. La abofeteaba y la golpeaba. Cuando Eliza fue a denunciar al futbolista ante la Justicia brasileña, le negaron la orden de protección.

La situación tuvo un desenlace grotesco. Tras más de un año de asedio y violencia, durante el cual la joven acudía constantemente a los medios de comunicación brasileños denunciando que el futbolista amenazaba con asesinarla, el jugador cumplió su palabra. Un amigo y un primo de Bruno menor de edad, secuestraron a Eliza, quien se encontraba con su bebe de pocos meses, y los llevaron a una casa de campo del futbolista. Ahí la golpearon, la ahorcaron, la descuartizaron y le dieron a comer sus restos a los perros del maltratador. Todo esto delante de Bruno y del bebe que compartía con Eliza.

Por ese feminicidio a Bruno lo condenaron a 22 años de cárcel, pero fue puesto en libertad a principios de marzo 2017 por un error técnico en el proceso judicial. Inmediatamente salió de la cárcel, fue contratado por otro equipo de fútbol; el Boa Esporte. Sus abogados alegan que incluso antes de salir de la cárcel, varios equipos de fútbol estaban contactándolo con el interés de contratarlo.

Hoy, algunos 6 años luego del feminicidio de Eliza Silva Samudio, su feminicida ha logrado recuperar no sólo su imagen sino su fama y reputación. Se le ve posando con sus fans en estadios, los ejecutivos del Boa Esporte (todos hombres) también posan muy alegres en fotografías con su jugador maltratador y hasta sale en entrevista con cara triste alegando que quiere un acercamiento con su hijo.

Dice Bruno, el feminicida:

“Estoy feliz por esta oportunidad que me han brindado. La gente habla mucho sobre lo que aconteció en el pasado. Pero el Boa (Esporto) me está abriendo puertas. Es una oportunidad que me han brindado y estoy muy feliz”.

No es mucho pedir que la sociedad muestre más consideración y simpatía con las víctimas y supervivientes de la violencia machista en vez de simpatizar solo con los maltratadores.

Yo no digo que los maltratadores son personas intrínsecamente malévolas y que no se puede o debe trabajar con ellos para que se incorporen a la sociedad eventualmente. Tampoco apoyo la cadena perpetua o la pena de muerte ni para maltratadores ni para nadie. Solo digo que no es mucho pedir que la sociedad muestre más consideración y simpatía con las víctimas y supervivientes de la violencia machista en vez de simpatizar solo con los maltratadores.

La violencia contra la mujer es tan común que la sociedad la entiende como “un error” y como un desacierto en el currículo de vida de los hombres. Como dice Bruno, el feminicida de Eliza Silva Samudio, asesinar y descuartizar a una mujer es “algo que aconteció en el pasado”.

Si las sospechosas son las violentadas, ¿la inocencia que se debe presumir de ellas a donde se va? A los maltratadores. A ellos también van los buenos deseos de que “ojalá que pueda salir adelante después de este momento difícil” y también los lamentos de que “es un muchacho joven con un futuro por delante”. Todos los maltratadores tienen futuros por delante; todos tienen gran potencial.

Las sociedades patriarcales siempre exigen que a los maltratadores se les entienda como seres multifacéticos:

“Sí, él obligo a su esposa a tragar detergente, pero él juega muy bien a cricket”.

“Sí, el obispo invitaba a estudiantes, quien sabe si pobres, a pasar la noche en su sofá para luego violarlas, pero es un hombre extraordinariamente bueno”.

“Sí, él mandó a descuartizar a una mujer que era la mamá de su hijo, pero es que el talento de futbolista nadie se lo niega”.

“Sí, ellos obligaron a una adolescente a subirse a un vehículo para manosearla en contra de su voluntad y entrarle los dedos en la vagina, pero ellos no lo hicieron con intención lasciva”.

“Sí, entre los tres violaron a esta menor de edad en un concierto y luego se la llevaron a un hotel donde siguieron violándola, pero es posible que ella haya injerido alcohol”.

Todo maltratador puede ser redimido porque todo maltratador es, por defecto, considerado un muchacho muy bueno. Y, por consecuencia, toda violentada es, por defecto, imputable por alguna conducta con la que se pueda justificar el crimen contra ella.

La saña del patriarcado no cambia. Solo se recicla y protege los suyos.

Seguimos luchando.

 

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