Con el dolor de tu vientre

Con el dolor de tu vientre

 

En Varsovia, muy cerca a la Plaza Principal o Rynek Starego Miasta, se encuentra la Iglesia del Santísimo Sacramento de San Casimiro (Kościół Sakramentek pw. św. Kazimierza). Durante la Segunda Guerra Mundial, la iglesia barroca, que originalmente fue un palacio, sirvió de hospital para la gente de Varsovia, pero cuando se supo que también atendían a los insurgentes, o sea a los miembros de la resistencia polaca, los bombardeos fueron implacables, por lo que tuvo que ser reconstruida desde sus cimientos, al igual que toda Varsovia.

Tenía, pues, mucha curiosidad en conocerla por su valor histórico, pero no hizo falta ni siquiera tres minutos dentro para ver entre los anuncios parroquiales un «llamado a la vida» que convenientemente estaba escrito en inglés como para que sea muy fácil para propios y extraños enterarse del pedido: «Reza para acabar con el aborto», «Dios es pro vida, ¿lo eres tú?», «Respeta la vida» y otras frases junto al afiche del encuentro de jóvenes diocesanos.

El sistema patriarcal de la mano de sistemas religiosos, se ha valido de múltiples herramientas, desde la propaganda más simple, hasta las formas más complejas de adoctrinamiento, pasando por el marketing de nuestra época y los medios de comunicación; todo esto para afianzar la idea que los hombres son mejores que las mujeres

Mucho se ha hablado sobre la tarea adoctrinadora de la Iglesia Católica, y cómo ese adoctrinamiento se aleja de la necesidad imperiosa que tenemos como sociedad para salvar las distancias impuestas entre los géneros, porque una cosa es patente: en algún momento de la historia, a alguien se le ocurrió que las mujeres debíamos ser menos que los hombres, todavía no sabemos a ciencia cierta quién fue el culpable, pero que tenía poder sí estamos segurxs. Para convencernos de esa idea, el sistema patriarcal de la mano de sistemas religiosos, se ha valido de múltiples herramientas, desde la propaganda más simple, hasta las formas más complejas de adoctrinamiento, pasando por el marketing de nuestra época y los medios de comunicación; todo esto para afianzar la idea que los hombres son mejores que las mujeres, que no somos iguales, que las mujeres debemos estar subordinadas al hombre, depender de él en todo, ser sumisas, permanecer calladas, ser un adorno, un complemento hermoso, un objeto deshumanizado que sirve únicamente para beneplácito del hombre y para perpetuar la sociedad desigual en la que vivimos, porque sí, en nosotras recae la tarea de engendrar, de multiplicar la prole masculina sin dejar de cumplir con todo lo que se describió antes, porque el mandato del dios católico es muy claro, tenemos que parir con el dolor de nuestro vientre, y a eso se reduce absolutamente toda nuestra posición en la sociedad: a parir.

Afiche en el interior de la Iglesia del Santísimo Sacramento de San Casimiro: «Reza para acabar con el aborto»

Parir, y todo lo que eso conlleva, es lo que quieren hacernos creer que nos define como mujeres. Históricamente nuestro derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos se ha visto coactado debido a toda la doctrina patriarcal que viene detrás, respaldada por un dios que, a diferencia de lo que muchos dicen, es patriarcal y no paternal. Porque los hijos del macho valen más que la vida de la mujer, incluso si son producto de una violación; se reduce así a la mujer a ser madre a pesar de todo, con la imposición divina de que esa es nuestra función fundamental dentro de la sociedad.

El dios católico que supuestamente da como mayor «regalo» el libre albedrío, nos obliga constantemente a elegir embarazos no deseados quitándonos la posibilidad de escoger nuestro propio destino y regir nuestros propios cuerpos.

Los sistemas religiosos deben alejarse del Estado y de los entornos de poder para que los gobiernos promuevan leyes sin ninguna injerencia externa haciendo prevalecer la igualdad para todxs lxs ciudadanxs que conformamos la sociedad.

La caza de brujas que la Iglesia promovía antes ya no es una preocupación actual, pero las mismas maniobras de censura e imposición de ideas retrógradas no han cambiado, la clave es tomar conciencia de eso, educarnos al respecto, organizarnos y combatir día a día para cambiar las imposiciones del patriarcado, evitando así que la autonomía que tenemos sobre nuestros propios cuerpos sea cuestionada por los sistemas religiosos a los cuales no les importa los derechos civiles de las mujeres.

Una bruja resguarda la plaza donde se encuentra la Iglesia del Santísimo Sacramento de San Casimiro

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