Amamanta un macho

Amamanta un macho

 

Hablo desde lo vivido, hablo desde el cansancio y desde el hartazgo, desde mi derecho a quejarme. Desde la ironía, y también un poco desde el humor… Esto es para todas aquellas compañeras y amigas que en algún momento han pasado por momentos como los que se describen más abajo, o en algún momento se han sentido o han pensado igual…

Podría sonar a eslogan de campaña publicitaria con el fin de apadrinar un machista, o incluso a un anuncio de una aplicación para móvil que responde a una filia determinada – visto lo visto últimamente, tendría hasta sentido-. Pero no, el fenómeno del amamantamiento a machos es real, existe, y las mujeres feministas, unas más y otras menos, lo han llevado a cabo en algún momento de sus vidas.

Algunas hemos rechazado esta práctica y le hemos puesto fin, otras siguen incansablemente poniéndola en práctica aún con todo el desgaste físico y mental que supone.

Las feministas, en nuestra constante idea de sustentar la educación como base para el cambio social, vamos ejerciendo un rol de profesora gratuita de igualdad las 24 horas del día 7 días a la semana

Os podríais preguntar en qué consiste exactamente esto de amamantar machos… pues bien, se trata de lo siguiente: las feministas, en nuestra constante idea de sustentar la educación como base para el cambio social, vamos ejerciendo un rol de profesora gratuita de igualdad las 24 horas del día 7 días a la semana. Una disponibilidad completa que supone un servicio para la comunidad. Este oficio no remunerado a menudo nace de planteamientos como: “nosotras las feministas tenemos que educar a los hombres para que entiendan el feminismo” “nosotras las feministas tenemos que hacer entender a los hombres que la igualdad es necesaria” “nosotras las feministas tenemos que incluir a los hombres en nuestros espacios feministas para que comprendan mejor nuestra realidad”… Señoras, no tenemos que educar machos, no está entre las competencias obligatorias de nuestra militancia.

Este discurso del que hablamos proviene desgraciadamente de boca de mujeres, de nosotras mismas. Y yo me pregunto compañeras, ¿acaso los hombres tienen menos capacidad de aprendizaje? ¿de entendimiento? ¿son menos válidos para investigar y aprender sobre qué es realmente el feminismo? No creo… Si luchamos por la igualdad es precisamente porque creemos que todas las personas, independientemente de su género, son igualmente capaces de todo.

Entonces, ¿por qué nos empeñamos en acoger en nuestro seno a señores que en la mayoría de los casos ni si quiera están interesados en este discurso? Es más, son perfectamente conscientes de que el modelo de igualdad no les conviene, pues comprenden que eso significaría perder una cantidad enorme de privilegios sociales, económicos, políticos…

¿Acaso los hombres tienen menos capacidad de aprendizaje? ¿de entendimiento? ¿son menos válidos para investigar y aprender sobre qué es realmente el feminismo? No creo…

En ningún momento abandonamos entonces el rol tradicional de la mujer cuidadora, la mujer que trata de cuidar a sus crías y luchar porque se sientan incluidas en la manada incluso cuando a esa cría en cuestión le trae sin cuidado que venga un animal más grande y te coma.

Cuando hablo con compañeras feministas, amigas, o activistas, sobre cómo ha sido su desarrollo y su camino dentro de esta lucha, en su mayoría contestan que llegaron al feminismo por sus propios medios. A través de su curiosidad. Empleando su tiempo, su dinero, su esfuerzo… investigando, leyendo, hablando con otras compañeras, escuchando lo que tenían que decir de su experiencia o de sus vivencias. A base de esfuerzo, de lucha, de comprensión y en muchas ocasiones a raíz de situaciones nada agradables, encontrando en el feminismo una defensa ante una realidad con la que ya no querían seguir conviviendo.

Nadie nos dio nada hecho, ni tampoco nada que haya sido creado por el privilegio masculino y normativo que rige este sistema en el que sobrevivimos. Porque hemos de recordar que las que sobrevivimos somos nosotras, día a día, a toda una serie de violencias, desventajas, injusticias, desigualdades y agresiones de todo tipo ante las cuales nada ni nadie nos defiende salvo nosotras mismas y nuestras compañeras.

Los compañeros feministas son necesarios, el feminismo habla de un cambio radical y total en la sociedad en base a una igualdad real en todas las capas y a todos los niveles. Pero no es de ellos de quienes hablo aquí, lo que se quiere señalar con toda esta reflexión es que nuestro conocimiento, nuestro saber, nuestras reflexiones, nuestra lucha… tienen valor. Nosotras podemos decidir si queremos regalarlo o no, pero desde luego, apadrinar un macho con el propósito de devolverlo al mundo hecho un feminista es algo además de iluso, inútil.

Las que sobrevivimos somos nosotras, día a día, a toda una serie de violencias, desventajas, injusticias, desigualdades y agresiones de todo tipo

Dejemos de perder el tiempo en ello, usemos ese mismo tiempo para reunirnos, debatir, trabajar en acciones, en hablar con personas que realmente estén interesadas en hacer y aprender… No con machitos de cualquier signo político o tendencia concreta que crean que nos hacen un favor por tener la deferencia de ejercer el acto humano de convivir.

El tiempo de las mujeres es uno de los bienes, y a la vez una de las fuerzas más importantes dentro de nuestra lucha hacia la liberación y la conquista de nuestros derechos. No lo malgastemos más intentando educar machistas que no tienen ningún interés en cambiar, y que se inmiscuyen en espacios feministas con el fin de boicotear, desalentar y hacer mansplaining. Ellos solitos, de igual modo, son capaces de encontrar su senda feminista como lo hemos hecho nosotras.

Basta de sentirnos culpables o responsables de los hombres, basta de forzar esa integración dentro de nuestros círculos, de nuevo, en este proceso cada unx es dueñx de sus decisiones. Y, por supuesto, olvidémonos de ese papel de madre lactante permanente en lo que a activismo se refiere, las mujeres nos vimos destetadas de cualquier privilegio desde el mismo momento de nuestro nacimiento.

 

 

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