Argumentario a favor de la prostitución y conclusiones “lógicas”

Argumentario a favor de la prostitución y conclusiones “lógicas”

 

Los partidarios de legalizar la prostitución manejan un argumentario muy repetitivo. Resulta entretenido desgranar los doce puntos principales de sus prédicas e ir extrayendo conclusiones.

1. Dicen que si no somos prostitutas no podemos opinar ni de la prostitución de las mujeres prostituidas. Conclusión: de igual modo, solo quienes pintan pueden hablar de los pintores o de la pintura; solo los funcionarios pueden opinar sobre sí mismos y sobre la función que realizan. Y así sucesivamente ¿no?

2. Dicen que quienes nos oponemos a la prostitución somos blancas y burguesas. Me maravilla que posean un fichero completo de todas nosotras –con foto y declaración de la renta incluidas, claro-. Pero supongamos que lo tienen y vayamos a las conclusiones: entonces ¿quienes no son mujeres blancas burguesas apoyan la prostitución? O sea, todos los hombres del planeta, más todas las mujeres asiáticas, amerindias, negras, etc… más las blancas no burguesas… Madre santa ¡cuatro gatas perdidas en ese océano de 7400 millones de personas que pueblan la tierra! No merece la pena ni que se peleen con nosotras.

3. Dicen que somos antisexo. Conclusión: sexo no es deseo y placer compartidos. Sexo es que un tipo al que no deseas te meta sus genitales por donde él quiera y use tu cuerpo para su placer.

4. Dicen que somos beatas y conservadoras. Conclusión: por raro que parezca, lo ateo y descreído es lo que siempre han bendecido todas las religiones –abiertamente o bajo cuerda- hasta el punto de que algunas tenían templos con prostitutas al servicio de los creyentes. Y, por rarísimo que parezca, lo innovador es lo de toda la vida: aceptar que cualquier hombre, por el hecho de serlo, pueda tener acceso a los cuerpos de las mujeres previo pago (y si se tercia, gratis, que por 20€ de diferencia no nos vamos a poner tremendas).

5. Dicen que tenemos un concepto “estrecho y ruin” de lo que es ese “trabajo” puesto que no solo se trata de que -20€ mediante- los hombres les metan sus genitales por donde les quepan. Que no, que qué va. Que algunos les piden que los azoten y fustiguen. Conclusión: cuando el “cliente” –que es quien manda- manda a la “mandá” que le pegue, la empodera más si cabe (digo “más si cabe” porque según los pro-legalización, lo otro también empodera).

6. Dicen que, según Deleuze (sí, habéis leído bien, Deleuze) el deseo es construido. Eso es lo que las feministas siempre hemos afirmado y sostenido (y desde antes de Deleuze). Conclusión: puesto que el deseo es construido, nada impide que se eduquen hombres cuyo deseo “construido” requiera considerar a las mujeres como iguales y no como receptáculos de sus genitales.

7. Dicen que si nos oponemos a la prostitución, nos oponemos a la libertad de las mujeres. Primera conclusión: las mujeres, cuando son libres, “se meten a putas”. Esto es lo que siempre ha alegado el patriarcado para justificar la necesidad de mantenernos encerradas y estrictamente controladas: igual que “la cabra tira al monte”, nosotras, si tenemos libertad, nos da por prostituimos. Segunda conclusión: aplicando la misma lógica, cuando denunciamos y combatimos el maltrato y la violencia, nos estamos oponiendo a la libertad de las mujeres maltratadas pues, en muchos casos, ellas, en “libertad”, conviven o mantienen una relación con sus maltratadores incluso durante años. Al enfrentarnos y denunciar el maltrato, coartamos la libertad de las maltratadas. Cuesta creerlo ¿verdad?

8. Dicen que no entendemos que comer pollas es un arte (pollas de cualquiera que pague por ello, aclaro). Primera conclusión: chicas, las que aspiráis al arte en cualquiera de sus modalidades (pintura, escultura, música, teatro, cine, etc. etc.) olvidaos. Aquí tenéis una rama artística extraordinaria. Segunda conclusión: quizá habría que instaurar el premio de las Bellas Artes en esta modalidad. Tercera: a las nigerianas, rumanas, ucranianas, rusas, chinas, etc. -en fin, a esas mujeres que andan tiradas por calles, parques, carreteras o encerradas en los puticlubs- se les debe explicar (a fin de empoderarlas) que, cuando chupan la polla de un tipo, se convierten en artistas. Les va a costar creerlo… Aunque casi seguro que ellas renunciarían gustosas a tal honor y se conformarían con ser libres y disponer de medios suficientes para vivir con dignidad.

9. Aseguran que a las prostitutas les gusta chupar pollas y, por lo tanto, no solo dan placer, sino que también reciben. Aunque, al mismo tiempo, dicen que lo hacen porque, al no ser blancas burguesas como nosotras, solo tienen esta opción para ganarse la vida. Y añaden que más tontas somos nosotras por hacerlo sin cobrar. Entonces, según eso: ¿las prostitutas lo son por dinero o por placer? ¿por las dos cosas? ¿resultamos subnormales si solo consideramos placenteras las relaciones sexuales con quien deseamos? Como no hay manera de aclararse, en este punto no es fácil sacar conclusiones. No concluyo nada, pues.

10. Dicen que somos odiapollas (sí, literal). Conclusión: la que no quiera tener trato con cualquier polla del mundo mundial que pague por ello, no es porque desee elegir con cuál o cuáles sino porque las odia a todas. Y, a la inversa, se deduce que, si te gusta una, te tienen que gustar las demás. Hala.

11. Dicen que si ese “trabajo” no está dignificado es por nuestra culpa, la de las abolicionistas. Conclusión dubitativa: ¿antes de que hubiera movimientos abolicionistas estaba bien considerado ser prostituta? ¿no están confundiendo el hecho de que los puteros las usen con el hecho de que las respeten? ¿han oído hablar a los puteros entre ellos sobre las prostitutas? Es más, si las respetaran ¿podrían follárselas tan “alegremente”? ¿podrían considerarlas “ganao”?

12. Dicen que las abolicionistas tenemos de nuestra parte los medios y todas las plataformas. Conclusión: no leen periódicos (digo, porque si lo hicieran verían páginas y páginas de anuncios de prostitución); no ven películas (porque si lo hicieran verían que para una que presente un panorama crítico hay aproximadamente cien laudatorias); no van por las calles recogiendo del suelo o de los parabrisas flyers, ni ven vallas publicitarias… O sea, yo no sé de qué país están hablando.

Muchas conclusiones son estas pero mi conclusión general es sencilla: no se puede defender lo indefendible.

 

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