Mito: Los hombres con discapacidad tienen derecho a las «prostitutas»

Mito: Los hombres con discapacidad tienen derecho a las «prostitutas»

Mito: Los hombres con discapacidad [1] tienen derecho a las prostitutas

Por Jacqueline Gwynne

Traducción: Olga Baselga

Texto original: https://nordicmodelnow.org/myths-about-prostitution/myth-disabled-men-have-the-right-to-paid-sex-with-prostitutes/

Una de las razones esgrimidas para justificar la prostitución es el derecho de los hombres a tener relaciones sexuales con una prostituta. “¿Y qué hay de los hombres discapacitados? Ellos también tienen derecho al sexo, ¿no?”, se dice. Sin embargo, cabe señalar que esto no es algo que sugieran las organizaciones de personas con discapacidad sino por personas sin discapacidad que justifican el comercio sexual.

Trabajé como recepcionista en un burdel legal de nivel alto en Victoria, Australia. Antes de eso, yo hubiera estado de acuerdo con esa idea, pero una vez visto el interior de la “industria del sexo”, lo misógina, miserable y explotadora que es, y los burdeles de mala calidad, veo las cosas de otra manera. Ahora entiendo que es discriminatoria y ofensiva por múltiples razones.

Es degradante y capacitista porque implica que las personas con discapacidad son demasiado grotescas para ser sexualmente atractivas y no son capaces de expresión sexual y de asociarse con otras personas con y sin discapacidad.

Es sexista porque sólo considera las necesidades sexuales de los hombres y no las de las mujeres. Es degradante y capacitista porque implica que las personas con discapacidad son demasiado grotescas para ser sexualmente atractivas y no son capaces de expresión sexual y de asociarse con otras personas con y sin discapacidad. Es explotadora y clasista porque implica la prostitución de una clase de mujeres. Estas mujeres suelen estar socialmente desfavorecidas y muchas de ellas tienen discapacidad, a menudo no diagnosticadas. Pero eso ya sería para otro artículo.

Como recepcionista en el burdel cogía el teléfono, atendiendo consultas y reservas. Ni una vez tomé una reserva para un hombre discapacitado o una consulta en su nombre. Después de unirme al movimiento de supervivientes del comercio sexual en abril de 2016, sentí curiosidad y empecé a hacer preguntas e investigar el tema. Hice un llamamiento a través de mis redes sociales para evaluar qué demanda había de hombres discapacitados. También hablé con trabajadores sociales en Australia.

Recibí respuestas de 10 mujeres que habían trabajado en la “industria del sexo”, algunas durante décadas. Dijeron que sólo el 2-5% de sus clientes estaban físicamente o mentalmente discapacitados. ¿Por qué se utiliza este pequeño porcentaje para justificar toda la “industria del sexo”?

Carrie[2] «trabajó» como prostituta durante más de una década. Me dijo:

“Vi a muy pocos hombres discapacitados, aunque en realidad los prefería como clientes, porque no me amenazaban físicamente como los hombres sin discapacidad física. Por lo general los traía una cuidadora que, en el cumplimiento de su deber que se quedaba vigilando mientras yo hacía «el servicio”».

“Los hombres estaban tan profundamente discapacitados físicamente y / o mentalmente que dudo que fueran capaces de dar un consentimiento sexual”.

Si los hombres no eran capaces de dar su consentimiento, ¿qué o quién lo hace? ¿Quién decide por ellos? ¿Quién paga? Qué degradante debe ser para la mujer prostituida tener a alguien mirando…

Es común en Australia que las trabajadoras sociales y cuidadoras tengan que llevar a clientes masculinos a las prostitutas. Se dice que eso hace a los hombres más fáciles de manejar. Pero ¿por qué sólo las trabajadoras sociales y cuidadoras (mujeres) tienen que hacerlo? En cualquier otro lugar de trabajo, ser obligado a mirar a alguien manteniendo relaciones sexuales sería considerado acoso sexual.

Ambas trabajadoras sociales con las que hablé dijeron que no tuvieron opción a negarse. Si expresaban rechazo al respecto, eran condenadas al ostracismo o despedidas. Lisa[2] de Melbourne ha sido despedida dos veces por oponerse a tal práctica porque no estaba cómoda con la idea de la prostitución y la explotación sexual de las mujeres.

Barbara[2] de Queensland expresó su inquietud por el hecho de que los hombres no puedan dar su consentimiento se vean obligados a acudir a prostitutas:

“La sexualidad de los hombres discapacitados es considerada sacrosanta y tiene prioridad sobre los derechos de una mujer en situación de prostitución, socialmente desfavorecida, y sobre los derechos de las trabajadoras sociales. A las mujeres con discapacidad, por el contrario, se les niega cualquier tipo de sexualidad y es práctica común esterilizarlas. A las mujeres con discapacidad a menudo se les practica una histerectomía y ovariectomía. Esto equivale a una castración: cortar los testículos de un hombre. Se considera demasiado cruel actuar sobre los pedófilos convictos, pero las familias optan por hacer esto a sus propias hijas”.

Según Carrie, los clientes a menudo no podían llegar al clímax y parecían incómodos por estar allí. Si no hubiesen sido obligados por su familia o cuidadores, probablemente nunca lo habrían considerado. Es abuso sexual si no lo elige voluntariamente.

El precio promedio de un ‘servicio básico’ de una hora con una prostituta es de aproximadamente 180-200 dólares australianos. ¿Quién paga? ¿Está financiado por el gobierno? ¿Cómo puede justificarse para los hombres discapacitados cuando a las mujeres discapacitadas se les niega por completo su sexualidad?

El sexo no es un derecho humano y no es una cuestión de vida o muerte. Un hombre discapacitado no morirá si no tiene un orgasmo.

Si son las familias de los hombres discapacitados las que pagan, la práctica debe limitarse a las familias acomodadas, lo que convierte a todo este asunto sobre la necesidad de prostitución en elitista, clasista y absurdo.

El sexo no es un derecho humano y no es una cuestión de vida o muerte. Un hombre discapacitado no morirá si no tiene un orgasmo.

El deseo sexual de los hombres no tiene preferencia sobre los derechos de las mujeres. Los hombres discapacitados representan un porcentaje pequeño de los usuarios de la prostitución y es un mito que se utiliza para justificar toda la prostitución. Las necesidades sexuales de los hombres no son más importantes que la dignidad y la seguridad de las trabajadoras sociales y las cuidadoras, incluso si se trata de discapacitados. La discapacidad nunca es una razón para justificar la explotación sexual de una clase de mujeres desfavorecidas. Sugerir esto es misógino, capacitista, elitista, clasista y francamente ultrajante.

El relato de Jacqueline Gwynne cuando trabajaba como recepcionista en un burdel legal de alto nivel en Victoria, Australia, fue publicado por Spinifex Press en Prostitution Narratives.


[1] Elijo conscientemente el término discapacidad/discapacitado en lugar de con diversidad funcional/funcionalmente diverso, no por desconocimiento ni por considerarlo más apropiado (al contrario), sino por evitar sobrecargar el texto. (N. d. T.)

[2] Los nombres de las mujeres entrevistadas se han cambiado para proteger su intimidad.

 

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