La revolución de las nombrables

 

Todo el mundo en su interior guarda en mayor o menor proporción un pequeño Donald Trump. Todos y todas tenemos una pequeña dosis de ser xenófobo, machista, intolerante y violento. Somos producto de la una cultura que ha normalizado la invisibilidad de las mujeres y el rechazo a  todo ser humano diferente.

Pero, ¿cómo se despierta esta parte oscura que todo ser llevamos dentro? ¿Cómo se desarrolla ese mínimo germen que puede llegar a ser un tifón que azota con violencia y que hace arrastrar a las masas? ¿Cómo se puede llegar a ser la persona más poderosa del mundo con estas actitudes y aptitudes? Es la pregunta del millón, el gran enigma por descubrir, como el secreto de la tumba de Tutankamon o el de la Santísima Trinidad.

Cuando observamos este nuevo personaje somos más conscientes de que todo esfuerzo que se haga es poco en educar en valores. La educación en igualdad resulta imprescindible. Si no se invierte, si no estamos rodeados de buenos referentes, si nuestros ídolos, líderes y modelos a seguir son personas como este estrenado Presidente, (desde que fue nombrado para mí pasó al “club de los innombrables”, en honor a un gran amigo que acuñó este término para denominar a esos seres que existen pero que no alcanzarán en su vida la categoría de “personas), será difícil levantar cabeza. Como Meryl Streep pronunció ante los asistentes a la entrega de los Globos de Oro, la falta de respeto que fomenta el “innombrable”, resulta el germen, el detonante, que hace replicar el mal ejemplo.

El a partir de ahora, innombrable Presidente, de una manera habitual, inconsciente, en un acto reflejo, anula, invisibiliza, desprecia y humilla públicamente a las mujeres, ni que decir tiene que a la primera a Melania, a la que nombro por supuesto, a la que hay que mencionar por su nombre, ella sí ha alcanzado la categoría de persona aunque él intente todos los días “cosificarla”.

Saquen del fondo del armario palabras tan megautilizadas y ahora olvidadas como revolución, sororidad, unión y hagamos que esa gran alianza entre las mujeres derrote a esos monstruosos animales que han comenzado a salir de sus cavernas.

La guerra que el innombrable ha abierto contra las mujeres, ha producido un efecto imprevisible, toda una revolución mundial que está llegando a todos los puntos más recónditos del planeta.

Es esa chispa que faltaba para hacer desarrollar el gen feminista que toda mujer lleva dentro también en mayor o menor proporción. Ese destello que nos hace abrir los ojos, que nos hace que se caigan los velos, y veamos la realidad, esa realidad en la que no aparecemos, en la que ni se nos nombra.

¿Cuál es el aquella pócima que una vez digerida torna a la sociedad de la noche a la mañana de tolerante a racista/machista?

Saquen del fondo del armario palabras tan megautilizadas y ahora olvidadas como revolución, sororidad, unión y hagamos que esa gran alianza entre las mujeres derrote a esos monstruosos animales que han comenzado a salir de sus cavernas.

Somos imparables y falta que nos desprendamos de etiquetas, de marcas que nos hacen diferenciarnos para tener una voz única que empodere que haga frente a este tipo de fenómenos de estos antimodelos que proliferan en nuestra actual sociedad.

PREPÁRATE INNOMBRABLE QUE LA REVOLUCIÓN DE LA MUJER HA COMENZADO Y ESTE TSUNAMI NO HABRÁ MURO QUE LO PARE.

 

 

 

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