La Medicina: ¿una profesión feminizada?

La Medicina: ¿una profesión feminizada?

No he estudiado la carrera de Medicina, ni es a la profesión a la que dedico mi vida. Pero como periodista una de mis áreas de especialización es el periodismo sanitario, algo que me permite poder observar la Medicina desde muchos prismas y conocer datos que dan una curiosa visión de conjunto.

Desde que empecé a trabajar en esto, no he dejado de escuchar que la Medicina es una profesión muy feminizada. No son solo percepciones, los datos lo avalan.

Desde que empecé a trabajar en esto, no he dejado de escuchar que la Medicina es una profesión muy feminizada. No son solo percepciones, los datos lo avalan. Si en términos generales, en la Universidad española, en  el curso 2013-2014, el 54,4% de los estudiantes universitarios eran mujeres, el porcentaje aumentaba a un 69,7% si hablábamos de carreras relacionadas con las ciencias de la salud  y a más del 70% si  nos referíamos a la carrera de Medicina en particular.

Imagen: II Jornada Europea “Retos y orientaciones de la profesión médica y el sector sanitario en la UE” (julio 2016).

Sin embargo,  aunque parece que el futuro de la Medicina pasa por una importante presencia femenina, esta no se atisba en los organismos que representan a los propios médicos. La gran mayoría de Sociedades Médicas tiene un presidente masculino, al igual que en el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, donde además también son hombres la mayoría de sus representantes nacionales. Algo que, de hecho, no extraña si pensamos que el presidente de la Organización Colegial de Enfermeríatambién es hombre.  Asimismo, si echamos un vistazo a los académicos de número de la Real Academia Nacional de Medicina, de los 50 nombres solo 3 corresponden a mujeres. Tampoco parece haber mucha más paridad en la gestión sanitaria. Cabría pensar entonces, que el problema está en las instituciones, en que el famoso techo de cristal no solo se aplica a los altos ejecutivos y a la empresa privada, sino también a la Sanidad Española. Tanto a la pública, como a la privada.

En debates y en entrevistas a doctoras suele salir a relucir casi siempre un mismo hándicap: ellas tienen que ganarse el respecto del paciente. Más si son jóvenes.

Pero la feminización tampoco ha llegado a la práctica clínica. Porque el problema no solo está en los profesionales, sino también en los pacientes. Así, en debates y en entrevistas a doctoras suele salir a relucir casi siempre un mismo hándicap: ellas tienen que ganarse el respecto del paciente. Más si son jóvenes. Algo así como si su palabra, al salir de los labios de una mujer, no tuviera el mismo peso ni el aval social que al salir de la boca de un hombre, aunque ambos lleven la misma bata blanca y tengan colgado el mismo diploma en su consulta. Porque cuando se piensa en un médico, el inconsciente piensa en masculino, por muchas doctoras que nos hayan atendido.

¿A lo mejor hay más suerte en el ámbito docente? Pues parece que se avanza, pero tampoco lo suficiente. Volviendo al informe de las universidades españolas en 2014-2015, en el área de ciencias de la salud, el porcentaje de mujeres docentes era aun de 44,2%. Una cifra que incluso parece alta si se comparaba con el 20,6% de las carreras de ingeniería y arquitectura. En lo referente a investigación, el problema parece estar, curiosamente,  más en los sujetos de estudios. Y es que la perspectiva de género tampoco está del todo implantada en la investigación biomédica. Tal y como explicaba Rosario López, profesora de Salud y Género en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid en un coloquio  investigación en salud con perspectiva de género realizado por FUINSA, “falta perspectiva de género en los ensayos clínicos”.

Generalmente, la industria farmacéutica alude a la falta de inclusión de mujeres en los ensayos clínicos,  a la dificultad que supone en el caso de que las mujeres que participan se queden embarazadas

Generalmente, la industria farmacéutica alude a la falta de inclusión de mujeres en los ensayos clínicos,  a la dificultad que supone en el caso de que las mujeres que participan se queden embarazadas, sin tener siempre en cuenta que algunas de las mujeres que tendrán que hacer uso de estos tratamientos, también podrían estar en periodo de gestación. Sin embargo, incluso ahora que parece que se incluyen más mujeres, no siempre se disgregan los datos por géneros, pese a las diferencias biológicas claras.  López no era la única investigadora en remarcar este hecho.

Ya que ediciones anteriores de esta misma jornada eran diversas las expertas que insistían en la idea de que es evidente que existe una morbilidad diferente para hombres y para mujeres. Incluso hábitos como el tabaco o el alcohol tienen efectos diferentes en hombres y mujeres, puesto que fumar solo produce osteopenia en el caso de las mujeres o el alcohol, en una misma dosis, afecta más a la mujer que al hombre. Todo ello sin tener en cuenta las enfermedades relacionadas con el propio sexo, como podrían ser los cánceres de los diferentes órganos reproductores. Pese a ello, la ciencia no siempre presta la atención suficiente a estas diferencias, con lo que todo ello supone.

El problema de fondo, es que ni si quiera está bien decir que la Medicina, pese a ser una profesión que cada vez incluya más mujeres, no sea una ciencia de mujeres. No hay que olvidar que hay a quién no le gusta que les recuerden todo este tipo de cifras. Sin ir más lejos, hace solo unos meses una periodista era amenazada de muerte por señalar el escaso número de mujeres que habían sido galardonadas con un Premio Nobel.  Espero que al leer los datos aquí expuestos, las y los lectores de este artículo lejos de desearme la misma suerte, lleguen a otro tipo de reflexiones.

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