La difícil relación entre feminismo y comunismo

La difícil relación entre feminismo y comunismo

 

Las estructuras patriarcales disponen de múltiples y renovados recursos para interponer barreras que impidan o dificulten su relevo por otras planteadas desde la equidad y ello nos reafirma en la necesidad acuciante de que el feminismo avance, se asuma y se consolide, como verdadero camino para conseguir el imprescindible avance civilizatorio que supondrá nuestra necesaria liberación.

Ya falta menos para el centenario de la muerte de Lenin. El 21 de enero se cumplieron 93 años y su recuerdo me trajo el inacabado debate entre feminismo y comunismo, con algunos encuentros brillantes, como Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin, pero con inmensos desencuentros en la práctica de los regímenes herederos de esta ideología. Aún en estos momentos, vemos a la izquierda que se aproxima más a estos parámetros, entrando y saliendo de charcos que demuestran fallos estructurales en la forma de abordar la lucha de las mujeres por la igualdad como ciudadanas plenas, no sólo por ser reconocidas legalmente si no por la práctica social.

Hace algún tiempo, la extraordinaria revista, ya desaparecida, “Festa da palabra silenciada”, creada y dirigida por una de las grandes librepensadoras españolas, gallega militante y feminista precursora, María Xosé Queizán, dedicó su número 28 a Clara Zetkin. Por encargo de ella realicé un trabajo en el que se analizaban las relaciones entre Zetkin y Lenin, que me parece interesante para entender algunos comportamientos políticos del presente.

Como es sabido, Clara Zetkin fue pionera en muchas lides a favor de nuestra emancipación en la Europa que transitaba del siglo XIX al XX entre grandes cambios sociales, económicos y políticos. Nacida en 1857 en Alemania, formada académicamente para el magisterio, editora del periódico «Igualdad», escritora, fue militante socialdemócrata durante muchos años. Es especialmente recordada por promover la creación del Día internacional de la Mujer Trabajadora en la Conferencia de mujeres socialistas celebrada en Dinamarca en el 1910. En muchos de sus escritos y discursos presenta al socialismo como intrínsecamente feminista e imprescindible para conseguir la verdadera igualdad. Cuando Alemania entró en la I Guerra Mundial, radicalizó su posición política y se unió a la Liga Espartaco, grupo a la izquierda del Partido Socialdemócrata alemán que lideraba su amiga Rosa Luxemburgo y que con el tiempo se convirtiría en el Partido Comunista de Alemania (KPD). Clara Zetkin llegó a formar parte del primer Comité central del partido comunista alemán en 1918. Accedió al Reichstag en 1920, donde permaneció hasta 1932, cuando Hitler llegaba al poder. Entonces se exilió en la Unión Soviética donde falleció el año siguiente.

Era, por lo tanto, una persona muy madura y con una larga trayectoria cuando se afilió al comunismo pero llegó a convertirse en la más notable defensora de la doctrina que consideraba las mujeres como parte del movimiento obrero. En ese cambio, Clara Zetkin, renunció y fue beligerante con los postulados feministas que reclamaban y priorizaban la lucha contra la dominación patriarcal por considerarlos una herencia burguesa, para pasar a defender la lucha de clases como único camino para la emancipación de las mujeres trabajadoras. Creía, como Lenin, que los intereses de las mujeres no son homogéneos sino que dependen de su pertenencia a las diferentes clases sociales y desarrolló esta idea a traveso del análisis de la familia en coincidencia con la posición que ya habían Recogido Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, como indica la filósofa santanderina Ana de Miguel Alvarez en su estudio sobre «La articulación clásica del feminismo y el socialismo: el conflicto clase-género». (1)

Tenía 73 años cuando entró en el Parlamento alemán en 1920. Fue entonces cuando se produjo su famoso encuentro con Lenin que tenía tan sólo 50 años y moriría cuatro años después. En aquella entrevista abordaron la estrategia del partido comunista para movilizar a las mujeres y «liberarlas» del feminismo burgués. Esta fue la tarea que el dirigente soviético encomendó la experimentada y veterana luchadora alemana. Lenin -Vladimir Ilich Ulianov, procedente de una familia de clase media, con formación universitaria y que llegó a ejercer como abogado-, coincidía con Clara Zetkin en haber roto con el Partido Socialdemócrata ruso. Tras el triunfo de la Revolución de octubre de 1917, el nuevo partido se extendió por numerosos países y rompió definitivamente su vinculo histórico con el socialismo a favor de un nuevo internacionalismo proletario -despojado de compromisos democráticos- con el sistema de Partido único. 

Clara Zetkin fue una colaboradora imprescindible para el proyecto de Lenin. Así queda reflejado en la obra en la que recoge todos los sus encuentros, escrita en Moscú a fines de enero de 1925, poco después de la muerte del líder soviético (2). En «Mis recuerdos de Lenin» aborda muy diferentes cuestiones vinculadas al mutuo interés político compartido, dando una versión de primera mano de las opiniones de Lenin sobre la juventud, los movimientos artísticos de vanguardia, la enseñanza popular, la cultura, la economía, las estrategias internas partidarias, y, de una manera muy extensa, la ideología en base a la que el comunismo había debido contribuir a la emancipación de la mujer (3).

Sobre este aspecto, es interesante conocer previamente lo comentado por la autora en otro capíduo en el que relata la vida familiar de Lenin. Describe a su esposa, «la camarada Krúpskaia», como «la encarnación viva de la sinceridad, de la modestia de carácter y de una sencillez verdaderamente puritana (…) es, indiscutiblemente, la primera en sacrificarse con alegría y sin preocuparse de sí misma, la primera en entregarse la causa de los oprimidos y atormentados (…) Era la «mano derecha de Lenin», su suprema y mejor secretaria, su camarada más firme en ideas, la intérprete y mediadora más fiel de sus opiniones (…) Con su temperamento profundamente maternal, la camarada Krúpskaia -ayudada amorosamente por María Ilitchna, la hermana de Lenin- convertía la casa en «hogar» en el sentido más noble de esta palabra».

Considero de interés el comentario anterior a la hora de analizar su coherencia con el planteamiento defendido en el ideario comunista de que no hay más obstáculos para la emancipación de las mujeres que el conflicto o la lucha de clases. La dominación patriarcal no es abordada como algo propio y específico de las pertenecientes a un sexo secundarizado y sometido, no sólo en el capitalismo, sino en la misma hstoria de la humanidad. Por lo demás, el comunismo propugnado por Lenin veía al feminismo como una distracción para las mujeres respecto a su papel en la transformación de la sociedad, o de su liberación como parte de la emancipación de la clase obrera. Fue muy importante, sin embargo, la asunción «de la plena igualdad social de la mujer como un principio completamente indiscutible para un comunista». 

Zetkin se lamenta de que en su país, «todas las agitadoras y dirigentes instruidas y expertas que se habían destacado en la anteguerra y durante la guerra, casi sin excepción, continúan dentro de los partidos socialdemócratas» pero apunta que también «el propio Partido comunista alemán ya estaba organizando actividades sistemáticas entre las obreras». Lenin considera que no trabajan bastante en su conciencia proletaria de clase y ponen como ejemplo la iniciativa de hacer un periódico para las mujeres prostituidas: «¿Acaso no hay ya en Alemania obreras industriales a las que es preciso organizar, para las que debe existir un periódico y a quienes es preciso atraer a vuestra lucha? Aquí de lo que se trata es de una desviación morbosa». Su preocupación al respecto es clara cuando dice que «también en nuestro país la prostitución nos planteará muchas arduas tareas. Hacer que la prostituta retorne al trabajo productivo, encontrar para ellas un puesto en la economía social: a eso se reduce todo».

Otra falta en el trabajo que llevaban a cabo las comunistas alemanas, y que Lenin considera especialmente grave, es la organización de reuniones de lectura y discusión con las obreras sobre el matrimonio y la sexualidad: «Como si esto fuera el objeto de la atención principal en la educación política y en el trabajo educativo. No pude darle crédito cuando llegó a mis oídos (…) La situación en Alemania exige la mayor cohesión de todas las fuerzas revolucionarias y proletarias para hacer frente a la contrarrevolución que presiona cada vez más. Y mientras tanto, las comunistas activas examinan los problemas sexuales y la cuestión de las formas del matrimonio en el presente, en el pasado y en el porvenir. Consideran como su deber más importante instruir las obreras en este aspecto (…) Este enmascarado respeto a la moral burguesa es tan desagradable para mí como el mucho debatir sobre los problemas sexuales». A continuación y tras la defensa hecha por Clara Zetkin de la necesidad de intervenir también en estos asuntos, Lenin pregunta: «¿Puede usted darme una garantía seria de que en las reuniones de lectura y discusión, los problemas sexuales y del matrimonio son examinados desde el punto de vista de un materialismo histórico consecuente, basado en la vida? Esto presupone un conocimiento profundo y multilateral y un dominio marxista muy preciso de un material enorme. ¿Dónde tienen ustedes hoy camaradas con preparación para eso?».

Debaten ampliamente Zetkin y Lenin sobre la necesidad de crear instrumentos específicos para las mujeres partiendo de la premisa marcada por el mandatario: «¡Nada de organizaciones especiales de mujeres comunistas! La comunista es tan militante del partido cómo lo es el comunista, con las mismos deberes y derechos». Sin embargo admitía que el partido contara «con organismos -grupos de trabajo, comisiones, comités, secciones o como se decida denominarlas- que se dediquen especialmente a despertar a las amplias masas femeninas, vincularlas con el partido y a mantenerlas bajo su influencia (…) Debemos todavía persuadirnos unos a otros de que la lucha por los derechos de la mujer tiene que estar vinculada con el objetivo fundamental de la conquista del Poder y la instauración de la dictadura del proletariado. Esto es para nosotros en los momentos actuales, y seguirá siendo, el alfa y el omega.»

En el final de la entrevista, Lenin explica a Zetkin la envergadura del trabajo que tienen por delante: «Las dificuldades que ofrece son inmensas, gigantescas. Para remontarlas es preciso desplegar y educar las poderosas fuerzas de las masas. Millones de mujeres deben participar en esto». Clara Zetkin narra así esos últimos momentos: «Durante los diez minutos siguientes golpearon dos veces a la puerta, pero Lenin siguió hablando. Al llegar a este punto abrió y dijo en voz alta: «¡Ya voy!». Volviendo hacia mí, añadió sonriendo: «¿Sabe, Clara? me aprovecharé de haber estado conversando con una mujer y para justificar mi tardaza alegaré, naturalmente, la consabida locuacidad femenina. Aunque, en realidad, quien habló mucho esta vez fue un hombre y no una mujer. Por cierto, debo decir que usted sabe escuchar con toda seriedad. A lo mejor eso fue lo que me hizo extenderme tanto». Después de hacer esta ingeniosa observación -escribe Clara Zetkin- Lenin, me ayudó a poner el abrigo: «Debía usted abrigarse mejor -me dijo preocupado- Moscú no es Stuttgart. Tenemos que cuidar de usted. No coja frío. Hasta la próxima». Estrechó mi mano con fuerza.» (4)

En este notable testimonio que nos dejó Clara Zetkin, tanto de las directrices emanadas de la máxima autoridad del partido comunista y del gobierno soviético, como de su propio pensamiento y su evolución a lo largo del tiempo, se constata el empecinamiento en los círculos de poder -sean en la política partidaria, en la economía, en la participación ciudadana e incluso en el diseño de estrategias destinadas a producir profundos cambios sociales- de resistirse a incorporar una mirada objetiva y propia a la realidad de dominación, sometimiento y explotación que sufrimos las mujeres por el hecho de serlo, que no ha de ser incompatible, sino refuerzo, de la lucha contra cualquier otra discriminación, especialmente la de clase.

Las estructuras patriarcales disponen de múltiples y renovados recursos para interponer barreras que impidan o dificulten su relevo por otras planteadas desde la equidad y ello nos reafirma en la necesidad acuciante de que el feminismo avance, se asuma y se consolide, como verdadero camino para conseguir el imprescindible avance civilizatorio que supondrá nuestra necesaria liberación.

 

NOTAS.

  1. Acción comunista. www.forocomunista.com Texto en PDF del estudio de Ana de Miguel Alvarez «La articulación clásica del feminismo y el socialismo: el conflicto clase-género»:http://archivo.juventudes.org/textos/fundacion%20de%20Investigaciones%20Marxistas/Conflicto%20clase%20genero.pdf
  2. Fue titulada en alemán: Meine Andenkene an Lenin, y publicada en su versión española por Ediciones Grijalbo (Barcelona, 1975).
  3. Zetkin, Clara. 1920. Entrevista con Lenin en «cuestión de la mujer». En la antología de Lenin, editado por RC Tucker. Npva York: Norton. 685-699.
  4. Zetkin, Clara. Recuerdos sobre Lenin. Biblioteca Virtual.www.omegalfa.es

 

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