La cobertura mediática en casos de trata desde un enfoque de género

 

¿Están preparados los medios para abordar la cobertura sobre la Trata de Personas con fines de explotación sexual de manera ética? A diferencia de otros problemas relacionados con conflictos que afectan a la población civil, con frecuencia el impacto y la incidencia de la a violencia de la trata de personas con fines de explotación sexual permanecen ocultos y ajenos a nuestra realidad. Por lo tanto, cuando hablamos de la necesidad de visibilizar, concienciar y sensibilizar al respecto sabemos que los medios de comunicación pueden ser un gran aliado en cuanto a la difusión masiva de esta problemática. Pero los medios deben ser escrupulosos e informar sobre el fenómeno de manera precisa, cuidadosa y responsable.

La atención que los medios prestan sobre la trata de personas con fines de explotación sexual puede contribuir a crear una mayor conciencia sobre el problema y presionar a los gobiernos, a las organizaciones y a la sociedad civil para que apoyen tanto medidas de prevención como la ayuda y asistencia a las víctimas que fueron rescatadas. Pero cabe preguntarnos: ¿en qué medida los medios le brindan una correcta cobertura al tema? En ese sentido, es importante señalar que los medios también necesitan ser sensibilizados al respecto para corregir vicios en el abordaje y cobertura de crímenes vinculados a la trata de personas en general y con fines de explotación sexual en particular.

Los medios también necesitan ser sensibilizados al respecto para corregir vicios en el abordaje y cobertura de crímenes vinculados a la trata de personas en general y con fines de explotación sexual en particular

La competencia por alcanzar altas ventas o aumentar el rating ha llevado a algunos medios de comunicación a abordar el problema de manera inapropiada e inclusive amarillista. Las más de las veces la cobertura se realiza buscando sólo el lado sensacionalista del tema reflejado a través del dolor y el sufrimiento de la víctima. Ante tal situación, es importante que los medios de comunicación tomen conciencia de su rol educativo y de la influencia que ejercen en la formación de la opinión pública. Es decir, el despliegue periodístico del tema puede propiciar una acción o cambio positivo en la sociedad, o por el contrario lograr desde indiferencia, y hasta un vínculo morboso con la misma.

En los casos de trata de personas con fines de explotación sexual, cuando las víctimas regresan a su origen, la información que de ellas se dio a conocer opera como una sombra para la persona en cuestión. Y siendo que en la mayoría de los casos las víctimas son mujeres, el abordaje del caso puede marcarlas con estereotipos peyorativos de índole sexual que resultan dañinos y perjudiciales para el proceso de recuperación personal. En otras palabras, la cobertura mediática de los casos, las más de las veces, perpetúan la cadena de estigmatización y re-victimización, obstruyendo y opacando la futura reinserción social de la víctima rescatada. Los medios de comunicación corren el riesgo de revictimizar a las personas que fueron víctima. Este fenómeno consiste en exponer a la víctima y re-enfrentarla con el trauma de la explotación, no proteger su identidad, divulgar información clave del caso e incluso culpabilizarla por lo que le sucedió. Esta manera de difundir casos de trata lo único que consigue es continuar perpetrando la injusticia y transmitiendo conceptos errados para abordar el tema. La estigmatización no es información, y cuando desde el periodismo se transmite una noticia vinculada a la trata a menudo se utilizan conceptos inapropiados que lejos están de contribuir con el entendimiento de la situación. Por el contrario, los medios con frecuencia emplean terminología que denota no solo ignorancia sobre el tema, sino que además contribuyen a reproducir el desentendimiento social. La victima pasa de ser un objeto de explotación a un objeto periodístico.

«Hay que sustituir la denominación de cliente por la de prostituyente, porque no se trata de mercaderías; hay que decir prostituida y no prostituta, acompañante o cualquiera de las variantes que ocultan la situación de la víctima».

Marcelo Colombo, titular de la Procuraduría para el Combate de la Trata y Explotación de Personas de Argentina sostiene que «hay que sustituir la denominación de cliente por la de prostituyente, porque no se trata de mercaderías». También consideró que «hay que decir prostituida y no prostituta, acompañante o cualquiera de las variantes que ocultan la situación de la víctima». A su vez, señaló que «hay que descartar los términos cabaret o casa de citas para referirnos al prostíbulo, porque todos estos eufemismos enmascaran un delito terrible». Colombo afirmó que «tampoco podemos seguir hablando de prostitución infantil, porque la prostitución no puede ser un ejercicio en menores de 18 años, hay que advertir que es explotación sexual infantil». Tras resaltar cuáles son los términos adecuados para hablar de trata de personas con fines de explotación sexual, el Procurador afirma que «la visibilidad» sobre el tema y «la conciencia del público obliga a revisar los preconceptos que se manejan desde la opinión pública al respecto».

En esta línea, una estrategia de divulgación sobre los casos que no debe desatenderse consiste en facilitar en el ámbito de los medios de comunicación la presencia de historias de vida, testimonios y seguimiento de casos a nivel jurídico para fijar precedentes e influir en la correcta sensibilización de la opinión pública. Consecuentemente, es imprescindible que para visibilizar los crímenes de trata de personas los medios sean sensibilizados con una perspectiva transversal de género. El mismo debe brindar herramientas discursivas necesarias para evitar la re-victimización, proteger a la víctima -resguardando su integridad- y generar consciencia acerca de las características de este crimen. Se trata de la necesidad de aplicar un marco analítico feminista que cuestione desde la demanda de prostitución, hasta la percepción del cuerpo de la mujer cosificado y desarrolle una lectura crítica no pasiva sobre la existencia de dicho crimen. Porque en definitiva, la trata de personas con fines de explotación sexual responde a la lógica de la «cultura» de la violación.  En resumen, el objetivo es incluir en los medios nuevos discursos y enfoques desde un marco teórico políticamente responsable que permita sensibilizar a la ciudadanía sin re-victimizar a las mujeres, o victimas de trata en general.

Se trata de la necesidad de aplicar un marco analítico feminista que cuestione desde la demanda de prostitución, hasta la percepción del cuerpo de la mujer cosificado y desarrolle una lectura crítica no pasiva sobre la existencia de dicho crimen.

Esta actualización es esencial para contribuir a la co-responsabilidad ciudadana e instituciones públicas en la lucha para enfrentar un delito que atenta contra los derechos humanos y la integridad de las personas en su totalidad. Por lo tanto, es esencial comprender que la trata de personas con fines de explotación sexual atenta mayormente contra el bienestar de las mujeres pero sin embargo, es un delito que vulnera al bienestar social en su conjunto y su respectiva cobertura informática debe dar cuenta de este fenómeno de manera socialmente responsable y políticamente comprometida.

 

Fuentes

http://www.telam.com.ar/notas/201403/55370-los-medios-de-comunicacion-deben-corregir-vicios-en-el-abordaje-de-la-trata-de-personas.html

 

 

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