Dervla Murphy: la pasión de viajar

Dervla Murphy: la pasión de viajar

 

Dervla había cumplido ya los 30 años cuando su madre murió. Hasta ese punto, su vida más o menos había sido parecida a la de cualquier irlandesa de pueblo de su edad. Cuando tenía 14 años, la apartaron del colegio y la hicieron volver a su casa, para cuidar a su madre, enferma crónica de artritis. Se ocupó de ella hasta los 30, que fue cuando su padre murió, seguido unos meses más tarde de la madre. Para hacer la tarea de cuidar a una enferma terminal un poco más llevadera, planeaba futuras excursiones en un atlas, y de vez en cuando viajaba de Irlanda a Europa (Sur de Inglaterra en 1951, Francia en 1952, España en 1954 y 1956, entre otros lugares) y recorría los parajes en bicicleta. Ocuparse de su madre fue especialmente duro; cuando los riñones comenzaron a fallar, la sangre “sucia” le empañó el cerebro y le cambió la personalidad.
La muerte de su madre le supuso libertad. ¿Y qué hacer para disfrutarla? Pues viajar desde Irlanda a la India, atravesando Europa, en su bicicleta (llamada Rocinante), algo de ropa, una pistola y unos cuadernos.

Dervla con su bici en Barcelona

Esto es lo que hizo Dervla Murphy, una intrépida mujer que ha dedicado su vida, una vez pasado los 30, a viajar por los lugares más recónditos del planeta y a escribir varios libros sobre sus experiencias y las cosas que vio.

En ese primer viaje, en el que fue atacada por lobos en Bulgaria (les disparó) y un intento de violación, se encontró por casualidad en Nueva Delhi con Penélope Betjeman, la esposa del poeta y editor John Betjeman. Dervla le enseñó los diarios que había estado escribiendo durante sus viajes y Penélope decidió publicarlos. En 1965 “Full Tilt” salió a la luz. Tras su periplo en la India se marchó a el Tíbet para ayudar a personas refugiadas.

En aquella época Dervla tuvo una relación con el director del periódico “Irish Times”, Terence de Vere White, y se quedó embarazada. No solo decidió tener su hija sola y soltera (debía haber sido un escandalazo en la Irlanda de la época), sino llevársela de viaje. Se llevó a Rachel, su hija, a Madagascar, Perú, Pakistán, la India y Camerún. Y durante esos viajes siguió escribiendo, y pudo pagar por su pasión viajera. Viajó sola a Zimbabue, Kenia, Malawi y muchos otros lugares. Con el tiempo, sus escritos se volvieron un poco políticos. Escribió sobre el conflicto en Irlanda del Norte y sobre el genocidio de Ruanda y en 2011 estuvo viviendo una temporada en Palestina y de esas experiencias salió su libro “Un mes cerca del mar”.

Los años no han acabado con su afán de viajar. En 2002, a los 72 años planeó visitar Rusia (en bicicleta, por supuesto), pero problemas de salud (se rompió una rodilla) la obligaron a cambiar de planes e irse a Siberia en barco, tren y bus. De allí salió su libro “Siberia por accidente”. En 2005 viajó a Cuba con su hija y nietas.

Dervla y Rachel

Dervla, ahora octogenaria, sigue viviendo en Lismore, el pueblo irlandés que la vio nacer. Cuando no planea alguna excursión, se dedica a escribir. No es muy amiga de dar entrevistas; prefiere que sus libros hablen de sus vivencias. Lo que sí ha dicho es que se ha considerado muy afortunada de poder viajar a todos esos sitios antes de que los peligros del terrorismo y el turismo en masa existieran. Su inmensa curiosidad hace que durante sus viajes no se limitara a observar las gentes y el paisaje a distancia, sino que siempre procuró tener una relación cercana con los habitantes, para comprenderlos mejor. Usando una expresión de Dervla, se trataba de “dormir en sus suelos”.

Sus 26 libros han sido re-editados varias veces, han ganado algunos premios y son unos clásicos de la narrativa de viajes.

Intrépida, rebelde y una verdadera ciudadana del mundo, aquellas que también tenemos un espíritu un poco aventurero podríamos considerar a Dervla Murphy nuestra santa patrona e inspiración.

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