¿Por qué lo llaman muerte cuando deben decir asesinato?

¿Por qué lo llaman muerte cuando deben decir asesinato?

 

Permítanme la licencia de parafrasear el título de la conocida película “Por qué le llaman amor cuando quieren decir sexo”, pero me viene a la cabeza cada vez que la cifra de la vergüenza nos azota una vez y otra. Y, cada vez, por descontado, que los medios de comunicación informan del hecho.

Foto de Victoria Virtudes

Acabamos de verlo de nuevo. Una mujer era asesinada y la mayoría de los titulares eran del siguiente cariz: “muere una mujer degollada y detienen a su ex pareja”. Como si una cosa y otra no tuvieran nada que ver, y como si lo del degüello pudiera deberse a un accidente.

¿Costaba tanto emplear el verbo “matar”, o el más contundente “asesinar”?. No lo creo.

Y ojo, que en este caso la cosa era sencilla. No había más que acudir a la definición de la RAE para concluir que semejante acción no puede ser más que intencionada, y mucho. “Degollar”, según el diccionario, es “cortar la garganta o el cuello a una persona o animal” y, según otros diccionarios “matar a una persona o animal cortándole el cuello o la garganta”. ¿Costaba tanto emplear el verbo “matar”, o el más contundente “asesinar”?. No lo creo. Lo que sucede es que en esta materia parece que no existe el cuidado o el reproche que se emplea cuando las circunstancias son otras. Todos hemos visto cómo a los rotativos no les duelen prendas para utilizar epítetos contundentes en los titulares cuando de terrorismo se trata, por ejemplo, colocando en el mismo sin remilgos no sólo el sustantivo “asesinato” sino adjetivos como “brutal” o “salvaje”. Porque lo son.

Pero lamentablemente, no es el único caso. Los titulares “neutros” son moneda frecuente cuando de violencia de género se trata. Y hemos podido leer cosas como que una mujer muere al caerse por una ventana y se detiene al marido, como si entre la “caída” y la detención no hubiera una relación de causalidad, o la referencia a “dos personas muertas en un episodio de violencia de género”, cuando en realidad él la había matado a ella y luego se había suicidado.

Los titulares “neutros” son moneda frecuente cuando de violencia de género se trata.

El lenguaje no es inocente. O no lo son, al menos, las personas que lo utilizan. Y hay que usarlo de modo responsable porque es el modo de transmitir a la sociedad no solo la realidad de los hechos sino unas connotaciones importantísimas, como el reproche. La tibieza a la hora de informar puede traer consigo tibieza a la hora de opinar. Y en los crímenes machistas no hay tibieza que valga. No, cuando el pasado año acabó con cuarenta y cuatro mujeres asesinadas, cuando año tras año el balance es tan tremendo o cuando, recién empezado éste, seguimos el mismo camino.

La tibieza a la hora de informar puede traer consigo tibieza a la hora de opinar. Y en los crímenes machistas no hay tibieza que valga.

El último barómetro del CIS reflejaba que entre las preocupaciones de los españoles la violencia de género ocupa el lugar decimonoveno. Muy poca preocupación para tan gran problema. Y, por el principio de acción-reacción, si poco importa a la gente, poco importará a los políticos si no les puede suponer votos, por fuerte que suene decirlo. La pescadilla que se muerde la cola. Debería ser responsabilidad de los medios crear una verdadera conciencia social siendo inflexibles con ese reproche. Un reproche que no se consigue quitando hierro a los titulares, y convirtiendo los asesinatos en muertes más o menos neutras.

Aunque, llegados a este punto, tal vez haya quien saque a colación eso de la presunción de inocencia. Uno de los pilares de nuestro estado de derecho y que siempre ha de estar presente. No seré yo quien lo niegue, pero no se pueden mezclar churras con merinas. El autor puede ser presunto, pero el hecho seguirá siendo un asesinato. Nadie se degolla por azar, según el propio diccionario, ni se puede tildar de muerte sin más un cuerpo cosido a puñaladas.

El autor puede ser presunto, pero el hecho seguirá siendo un asesinato.

Así que, la próxima vez piensen como titulan, por más que reproduzcan una noticia de agencia o un teletipo. Aunque lo mejor sería que no tuvieran que hacerlo, porque no hubiera próxima vez. Ojala así fuera.

 

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