Navidades en igualdad

Navidades en igualdad

 

Estamos en plenas fiestas navideñas todavía, aunque ya camino de la traca final del día de Reyes. Ya hemos celebrado la Nochebuena, ya hemos cambiado de año y falta un empujoncito más y lo habremos conseguido. Unas Navidades más al baúl de los recuerdos.

Pero este año, además de villancicos, adornos, matasuegras y regalos, me dio por plantearme algo más. ¿Son estas fiestas una excusa para dar plantón a la igualdad que propugnamos todo el año?

Quizás me tachen de exagerada. Y hasta de querer cargarme una tradición de mucho tiempo. Pero la iconografía no lleva a engaño. El Niño Jesús es hombre, Papa Noel es hombre, los Reyes Magos son hombres. Poco sitio nos dejaron a las mujeres en esta fiesta, porque hasta la Virgen María necesitó del Espíritu Santo y, por su parte, los ángeles no tienen sexo. Así que, ¿qué nos queda? Pastorcillas del belén y poco más.

Pero que nadie se asuste. No pretendo cargarme toda la tradición navideña de un plumazo, aunque no estaría nada mal rescatar figuras femeninas, que seguro que las hubo. Pero muchos siglos de inercia hacen que las tradiciones vengan ancladas en ese machismo patriarcal en el que hunde sus raíces nuestra sociedad, querámoslo o no.

Olvidarnos de una vez de que las mujeres de dedicaran a organizar pantagruélicas comidas mientras los hombres permanecen en la mesa atados como si les hubieran salido raíces en las sillas.

Aunque, bien pensado, si hemos cambiado las tarjetas de felicitación por mensajes de whatsapp, a los Reyes por Papá Noel y a las fiestas familiares por saraos multitudinarios, tampoco estaría mal admitir unos cambios igualitarios. Aunque fueran unos pocos.

En primer lugar, olvidarnos de una vez de que las mujeres de dedicaran a organizar pantagruélicas comidas mientras los hombres permanecen en la mesa atados como si les hubieran salido raíces en las sillas. Algo que va cambiando, pero demasiado despacio.

En segundo lugar, los regalos. Ya está bien de regalos femeninos y masculinos, sobre todo cuando de niños y niñas se trata. Recordemos que jugar en igualdad es un ensayo de vivir en igualdad y olvidémonos de pasillos rosas y azules. No se trata de que prohibir a las niñas que jueguen con muñecas, si es de su gusto, pero que sea igual de natural que lo hagan también los niños, como ellas jugar al balón o tener un coche teledirigido. Si les enseñamos que pueden jugar con todo, querrán vivir con todo, y no con ese 50 por ciento de las cosas que parecen pensadas solo para ellos o para ellas.

Ya está bien de regalos femeninos y masculinos, sobre todo cuando de niños y niñas se trata.

En tercer término, el vestuario. Que sepa el mundo entero que las mujeres sufrimos el frío igual que los varones, y que no tiene sentido andar a cero grados con un vestido con escote palabra de honor y sandalias, por muy Nochevieja que sea.

Tampoco es tanto. Ir cambiando costumbres, que la tradición está muy bien pero no lo justifica todo. Y, poco a poco, que las Navidades sean un espacio de igualdad como debe serlo el resto del año.

Tal vez, si empezamos por ahí, llegue un día en que no resulte tan raro plantearse que los Reyes Magos fueran reinas o que Papá fuera Mamá Noel.

Paso a paso. Llevamos muchos siglos de retraso, pero el camino para se cada vez más iguales ahí está. Esperando que recorramos cada día más trozos. También en Navidad.

 

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