Los medios de comunicación en la lucha contra la violencia de género

 

El movimiento feminista y las actuaciones políticas han sido fundamentales en la lucha contra la violencia de género. Pero la ciudadanía no conoce el problema a través de activistas o de cargos políticos, sino a través de los medios de comunicación.

El compromiso de los medios de comunicación en la lucha contra la violencia de género ha sido una característica específica de España, que puede explicar el elevado conocimiento del tema por parte de la ciudadanía, lo que ha legitimado las políticas públicas que se han llevado a cabo.

El compromiso de los medios de comunicación en la lucha contra la violencia de género ha sido una característica específica de España

Esta actitud proactiva se constató, fundamentalmente, en la década de los años ochenta y noventa, cuando eran los medios quienes contaban el número de mujeres asesinadas y denunciaban la existencia de maltrato en el hogar. Contribuyeron a dar visibilidad a lo que, gracias a la aprobación de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género en el 2004, pasaría a denominarse ‘violencia de género’.

Poco a poco se han introducido cambios en la manera de informar sobre la violencia de género, de manera que las noticias van más allá de ser una crónica de sucesos, y pasan a enfocarse como un problema social. Hemos logrado una mejora sensible en el tratamiento del tema por parte de la prensa escrita respecto a años atrás, pero aún queda mucho camino por recorrer. La falta de formación a periodistas, la falta de control en las noticias por parte de los superiores, en numerosas ocasiones hace que se siga culpabilizando a la víctima. Se dan las noticias de tal manera que el maltratador siempre aparece «como víctima» y no como verdugo. En el caso de la televisión, también los programas informativos cumplen este papel de información y sensibilización ciudadana. En las televisiones no hay noticia que justifique implícitamente la violencia: ni se culpabiliza a las víctimas ni se atribuye a patologías del agresor. Tampoco aparecen estereotipos o tópicos que banalicen la violencia contra las mujeres. Y las noticias no se centran sólo en las agresiones, sino también en las actuaciones policiales y judiciales (que muestran que no hay impunidad para el agresor), introducen declaraciones de políticos y de activistas sociales, y muestran el rechazo de la ciudadanía en forma de concentraciones o manifestaciones. Los medios también introducen noticias temáticas, con estadísticas sobre violencia de género, encuestas, programas específicos para su erradicación, etc.

Hemos logrado una mejora sensible en el tratamiento del tema por parte de la prensa escrita respecto a años atrás, pero aún queda mucho camino por recorrer.

Lo destacable de este proceso, y más allá de problemas concretos que pueden persistir en el tratamiento informativo de la violencia de género, es que se produce un cambio en el enfoque de las noticias, entendidas como un problema social y no sólo como algo que pertenece al ámbito privado. Los medios de comunicación hacen así una contribución importante a la lucha contra la violencia de género. Pero podrían hacer más. Y quiero referirme específicamente a la televisión, por el fuerte impacto que tiene en la opinión pública.

En el caso de la televisión, el problema no está tanto en los programas informativos, sino en algunos programas de entretenimiento emitidos por televisiones privadas, en los que la imagen de las mujeres se presenta plagada de estereotipos y prejuicios,  que valoran el cuerpo de las mujeres y no tanto sus capacidades, y alimentan la idea de desigualdad, que es el sustrato profundo por el que se reproducen y naturalizan esquemas inconscientes patriarcales. Programas como ¿Quién quiere casarse con mi hijo? (emitido por Cuatro) o Sálvame, de Telecinco, son un ejemplo. Y en algunos programas incluso se ha hecho de la violencia de género un espectáculo directamente.

En el año 2004 se firmó el «Acuerdo para el fomento de la autoregulación sobre contenidos televisivos e infancia»  entre el gobierno español y las grandes cadenas televisivas. El acuerdo se renovó en el 2007, con el objetivo de poner límites a la «telebasura», al menos en horario de protección infantil. Pero este acuerdo no es respetado y numerosos programas siguen invitando a hombres con antecedentes de malos tratos.

No resulta nada esperanzador que las grandes cadenas privadas, en su disputa por la audiencia, recurren al uso del cuerpo de la mujer y a la violencia como espectáculo.

Hoy en día no resulta nada esperanzador que las grandes cadenas privadas, en su disputa por la audiencia, recurren al uso del cuerpo de la mujer y a la violencia como espectáculo. Como tampoco lo es la debilidad de los gobiernos ante el poder de los medios. Ni la autorregulación por sí sola ni la regulación aisladamente pueden conseguir que se avance hacia una mejor calidad en los contenidos y programas. La combinación de ambas puede ser como una lluvia fina que vaya impregnando el  quehacer cotidiano de los medios. Pero sobre todo, y esto es básico, necesitamos una sociedad exigente respecto a los contenidos de los medios y, para lo que estamos tratando, esto implica el rechazo de la violencia de género y el que las aportaciones de las mujeres tengan visibilidad. Porque, finalmente, se trata de combatir todo tipo de violencia contra la mujeres y de avanzar en la igualdad de derechos y oportunidades.

 

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