La sopa está fría

La sopa está fría

 

 

La sopa está fría; la sopa está sosa; no sabes ni hacer una sopa; nunca me pones la sopa como a mí me gusta; qué mierda de sopa…le decía a su mujer a menudo.

Y nosotras, sentadas a la mesa de nuestro amigo, cuñado, vecino, hermano, colega, miramos para otro lado, porque en las cosas de pareja no debemos meternos, porque al fin y al cabo, ellos sabrán qué relación tienen, porque a ella la conozco menos, porque él es más nuestro, qué más da por qué…callamos y a otra cosa.

Sólo nos compadecemos de las víctimas cuando están muertas. Nos lamentamos de una sociedad machista pero no le tiramos la sopa encima al tirano que ya apunta maneras, no nos vamos de su mesa, no les negamos la palabra y el gesto.

Nos lamentamos de una sociedad machista pero no le tiramos la sopa encima al tirano que ya apunta maneras, no nos vamos de su mesa, no les negamos la palabra y el gesto.

Si tenemos clara la sociedad que queremos, hagamos esa sociedad, construyámosla con nuestro comportamiento individual y colectivo. Tirémosle esa maldita sopa al asesino.

Hablamos de políticas preventivas, pero también de esa política que se hace en las comunidades, en los pequeños círculos familiares, en los grupos de amigos, donde no hay mayor castigo que aislar a los infames. O es que no lo hacemos porque alguien nos juzgará, las locas éstas, las feministas, pues vaya cómo se ponen, nos van a amargar la fiesta.

En ocasiones hemos visto a hombres reprobar públicamente a otros hombres ante comportamientos agresivos u ofensivos hacia las mujeres, los hemos visto como quien ve un milagro, casi como un espejismo en medio del desierto. Os aseguramos que es de esos instantes que te hacen creer en la humanidad, casi como héroes. Esa valentía social es en realidad ética, humanidad, sentido de la justicia, autodeterminación y capacidad crítica. Os invitamos a probarlo.

Que el 2017 os traiga valor para que nunca más en nuestra presencia, un asesino muestre sus garras como quien hace un comentario que de tan cotidiano parece hasta normal.

Y os invitamos a tirar a esos otros, ungidos por la superioridad divina, todas las sopas que os hagan sentirte a ti misma o a otras como serviles, inferiores, obligadas. Ningún ser humano debe ser humillado y ser su novia, su esposa, su amante, su compañera no debe ser una excepción. A la humillación propia, como a la vergüenza, se une ser testigo de la humillación ajena y esto aunque no queramos verlo nos convierte en cómplices si no somos capaces de reaccionar con contundencia.

Que el 2017 os traiga valor para que nunca más en nuestra presencia, un asesino muestre sus garras como quien hace un comentario que de tan cotidiano parece hasta normal. Que escuchemos esas frases con la conciencia de quien repudia ese matonismo hacia las mujeres sólo por el hecho de serlo, esa posesión macarra en el ámbito doméstico que durante años ha formado parte de la intimidad. Que seamos capaces de dejar que esa sea la última sopa que se tome en presencia de otras personas. Al menos, basta ya de nuestro silencio cómplice en vida.

 

CATEGORÍAS
Comparte