COSIFICADAS: mujeres y medios de comunicación

COSIFICADAS: mujeres y medios de comunicación

 

Me dispongo a escribir sobre un tema que, lamento reconocer, no es nuevo ni novedoso. Al hacer zapping sobre los diferentes canales de televisión para ver las pasadas campanadas tuve una de las sensaciones más amargas en mucho tiempo. Yo, que me considero positiva por naturaleza, sentí que era imposible. Que no podía luchar contra un patriarcado y un machismo que lo impregnan todo. Que cada día están más y más robustecidos. Que todas las horas de trabajo y militancia feminista que hacemos con vocación y corazón pueden irse al traste en unos pocos minutos.

Yo, que me considero positiva por naturaleza, sentí que era imposible. Que no podía luchar contra un patriarcado y un machismo que lo impregnan todo.

Mirad, señalarlas y juzgarlas a ellas es apuntalar el machismo. Nuestra división, pero sobre todo nuestra confrontación, es su mayor garantía de éxito. El problema va más allá, es algo estructural. Es patriarcado es una estructura de poder y, por tanto, casa con todas las estructuras de poder existentes.

Efectivamente una mujer puede vestir como quiera hacerlo. Faltaría más. Décadas de lucha feminista están detrás de esta premisa. Y como quiera implica menos, pero también más ropa de la que imponen los cánones sociales si ella lo desea. Ahora bien, permítanme que igual que he hecho en otros artículos, y citando nuevamente a Ana de Miguel, ponga en tela de juicio esa “libertad de elección” o, mejor dicho, que cuestione que esa libertad sea tal. Y lo cuestiono porque vivimos en una sociedad que cosifica e hipersexualiza a las mujeres desde la más temprana infancia. Y si hay algún espacio propicio para ello son los medios de comunicación.

Vivimos en una sociedad que cosifica e hipersexualiza a las mujeres desde la más temprana infancia. Y si hay algún espacio propicio para ello son los medios de comunicación.

¿Cuántas periodistas de edad avanzada hay en primera línea de los medios de comunicación actualmente? ¿Por qué nunca un tándem mujer mayor-chico joven, cuando lo contrario es más que frecuente? ¿Por qué se incumple paulatinamente la Ley de Igualdad que obliga a establecer espacios con presencia equilibrada de hombres y mujeres?

Y en última instancia me pregunto: ¿Qué representan las mujeres en los medios de comunicación? Y tras la formulación de esta pregunta pienso en esas tertulias políticas, de cadenas progresistas y conservadoras, donde las mujeres brillan por su ausencia, y por tanto debemos interpretar que en este país no hay periodistas, politólogas o expertas cuya opinión merezca ser escuchada. Y de paso privamos a las niñas de poder tener referentes femeninos positivos que favorezcan su empoderamiento. Sobre otro tipo de programaciones destinadas por y para denigrar a las mujeres, ni opino.

Privamos a las niñas de poder tener referentes femeninos positivos que favorezcan su empoderamiento

Tres mujeres han sido asesinadas en las primeras 48 horas de 2017. En los medios de comunicación corren ríos de tinta con análisis, más o menos acertados, sobre la violencia machista. Se preguntan qué pasa, qué falla, por qué siguen ASESINANDO a las mujeres…

Y lo que sucede es que al final todo está conectado… Las mujeres se representan, simbolizan y tratan como objetos con un valor absolutamente inferior al de los hombres. Nuestro trabajo, nuestro pensamiento y nuestras opiniones nunca tienen la misma valía que la de los varones, y por ello cobramos menos por nuestro trabajo y nuestros pensamientos y opiniones no tienen cabida en ningún espacio. Nos compran y nos venden. Nos relegan a los cuidados, al sostenimiento de la vida, a la par que los minusvaloran y menosprecian. Se escriben, cantan y filman odas a la maternidad, mientras que en la vida real está castigada con el paro, la precariedad laboral y la feminización de la pobreza. La desigualdad que vivimos las mujeres, causa principal de la violencia machista, es estructural, y por ende toda la sociedad tiene, no sólo algo que decir, sino algo que cambiar y que hacer.

El sexo empodera, decía alguien que se definía feminista y no lo era. El sexo no empodera, en todo caso empoderaría el control de la sexualidad. Y permítanme que les diga que es imposible en una sociedad patriarcal donde los cuerpos de las mujeres se convierten en campos de batalla. Son mutilados, violados, tratados, golpeados, insultados, menospreciados, vejados, torturados…

El sexo empodera, decía alguien que se definía feminista y no lo era. El sexo no empodera, en todo caso empoderaría el control de la sexualidad.

Nuestros cuerpos se convierten en campos de batalla que bien valen para apuntalar nuestra desigualdad, cosificándonos e hipersexualizados, que para controlarnos a través de la violencia.

Finalmente, todo se reduce a ellos… a nuestros cuerpos. Los que sostienen la desigualdad, sufren la violencia y apuntalan nuestra cosificación. Todo con cuanto nos bombardean va directamente a ellos.

Todo está relacionado, todo. La violencia machista es un problema estructural. Sus causas lo son. Sus soluciones deben serlo también.

 

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