Un fraternal ejército

Un fraternal ejército

 

Somos unas aguafiestas. ¿Cuántas veces nos lo dirá la familia durante estas celebraciones opíparas, cuando tratemos de protestar ante el comentario machista del cuñado de turno, porque qué más da, no arruinemos la cena, siempre igual? El elemento disruptivo siempre somos nosotras y no los sanos hijos del patriarcado que pelan gambas y solo tratan de hacernos pasar un buen rato.

Tres ejemplos nacionales de estos últimos días, a modo de ambientación del desolador panorama en el que nos encontramos las mujeres:

– Carmen Montón, consellera de Sanidad y Salud Pública de Valencia, denuncia el machismo del calendario de Cartelera Turia, donde aparece vestida de enfermera con corsé y cofia, poniendo una inyección a un paciente casi desnudo. ¿La respuesta de los autores del calendario y de muchos otros en las redes sociales? Montón no tiene sentido del humor.

El periodista Alfons Quintà mata de un tiro a la doctora Victòria Bertran, con quien está casado, asesinato que a nadie de su entorno sorprende demasiado. La propia madre de Bertran había hablado con el periodista Quim Monzó una década antes para decirle que “Quintà está loco y tengo mucho miedo por mi hija”. ¿La reacción de los medios? La víctima muchas veces no tiene ni nombre en los artículos, la trayectoria profesional de Quintà es descrita con todo detalle y hay obituarios, como el del diario El Mundo, cuyo titular habla del asesino como un “discutido y polifacético periodista”, que son directamente relatos acerca de un Gran Hombre que simplemente cometió un pequeño error al final de su vida.

– Teresa Rodríguez, diputada de Podemos en el Parlamento de Andalucía, sufre una agresión sexista en el contexto de un acto institucional por parte del empresario Manuel Muñoz Medina, quien se abalanza sobre ella y simula darle un beso en los labios, aplaudido y jaleado por otros hombres que están con él. Rodríguez, afortunadamente, hace público este hecho, además de denunciarlo. El agresor contesta que ha sido “una broma de mal gusto” porque había bebido más de la cuenta. Por supuesto, no faltan los comentarios en Twitter y Facebook tildando a la política de exagerada. Ya la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, relataba un suceso similar a mediados de año en otro acto institucional. Ni las políticas se libran, está claro.

La maquinaria patriarcal es perfecta y funciona sobre todo porque los varones la perpetúan de distintas formas. Una de ellas es la complicidad, que puede encarnarse de manera más sutil en su silencio colaboracionista –no condeno el machismo de los hombres de mi alrededor, no me implico en la lucha antisexista porque no es cosa mía, no leo novelas escritas por autoras simplemente porque no se me ocurre…- o en restar importancia a nuestra opresión haciendo chistes, minimizando las agresiones y ridiculizando a las feministas. “No tenéis sentido del humor”. Porque nos insultan, cuestionan nuestras capacidades, nos cosifican y encima nos tenemos que reír. Manda ovarios.

La maquinaria patriarcal es perfecta y funciona sobre todo porque los varones la perpetúan de distintas formas.

Otra de las formas en que el patriarcado tiene el éxito asegurado es mediante el enaltecimiento de sus hijos, en directo contraste con el más absoluto olvido de las mujeres. El caso del asesino Quintà es paradigmático, pero son incontables las situaciones diarias en que nos topamos con la invisibilización. Elena Garro, una de las más grandes plumas de la literatura mexicana del siglo XX, ha sido descrita en la faja de la portada de una edición española reciente como “mujer de Octavio Paz, amante de Bioy Casares, inspiradora de García Márquez y admirada por Borges”. Por supuesto es mucho más importante su relación con los distintos hombres de su vida que el hecho de que fuese pionera del movimiento literario del realismo mágico o su extensa e importante obra. Hace poco me comentaba una amiga que se ha leído una historia literaria de la ciencia ficción (escrita por un sesudo académico) en la que se dedicaban más líneas a autores de segunda categoría que a grandes del género como Ursula K. LeGuin o Margaret Atwood, quienes solo eran mencionadas de pasada.

Los hombres, además, tienen la envidiable deferencia de apoyarse o defenderse siempre unos a otros. Ahora voy a contar una experiencia personal: cuando mi pareja y yo tuvimos a nuestra hija, nos unimos a una asociación de familias lgtb. Esta asociación está compuesta por aproximadamente un 90% de mujeres, como es normal, ya que nos resulta menos difícil acceder a la maternidad que a ellos. Cuando algunos de los socios varones pidieron que nuestro colectivo apoyara públicamente la gestación subrogada, unas pocas de nosotras pedimos que el asunto se debatiera y pusimos, desde nuestra conciencia feminista, distintas objeciones. Pues bien, el foro digital donde tenían lugar estas conversaciones se llenó de insultos, respuestas agresivas, ataques personales, reproches… decenas de emails diarios escritos por los socios, que parecían superar a las socias en número, porque ellos se cubren las espaldas y nosotras, tristemente, muchas veces preferimos callar para no crear mal ambiente, no llevarnos mal con ellos, tener la fiesta en paz. Nuestras compañeras no se dieron cuenta de que su silencio nos desprotegió a las que sí hablamos.

Cuando algunos de los socios varones pidieron que nuestro colectivo apoyara públicamente la gestación subrogada, unas pocas de nosotras pedimos que el asunto se debatiera y pusimos, desde nuestra conciencia feminista, distintas objeciones.

Querido hombre bienintencionado que estás leyendo este artículo y te estás indignando porque parece que generalizo con tu sexo, porque tú no eres así, porque te parece fatal lo de Teresa Rodríguez… Hay hasta un hashtag para ti, #NotAllMen. Cada vez que dices que tú no eres así, que no todos los hombres son así, estás desviando la conversación de su foco, que es el machismo (por una vez el tema no trata sobre lo que te afecta a ti, trata sobre lo que nos afecta a nosotras): es de Perogrullo que no todos los hombres son violadores, agresores y demás. Todas lo sabemos y en nuestras vidas contamos con varios de estos seres queridos, no hace falta que nos lo digas. También conocemos a mujeres machistas, pues todo sistema opresor tiene oprimidas con Síndrome de Estocolmo. Al ponerte a la defensiva lo que buscas es eso, defenderte, por lo que dejas de escucharnos, de prestar atención a lo que reivindicamos. Si estás harto de leer nuestros alegatos feministas, imagínate lo hartas que estamos nosotras de la misoginia que experimentamos diariamente.

La maquinaria patriarcal es perfecta, digo, porque tiene un fantástico ejército. Recientemente, un grupo de mujeres de Podemos Elche ha lanzado una petición para que el Diccionario de la Real Academia Española incluya la palabra sororidad en el diccionario, que sí acepta el término fraternidad. La sororidad no es solo un hermanamiento entre mujeres, sino como ellas mismas dicen, una herramienta más para “la lucha contra el machismo y la violencia verbal y física que genera”.

No es que la sororidad sea necesaria, sino que resulta una herramienta básica para nuestra supervivencia

En un mundo en el que se nos educa para competir entre nosotras, no es que la sororidad sea necesaria, sino que resulta una herramienta básica para nuestra supervivencia. Por supuesto, contaremos con aliados (¡#NotAllMen!), pero debemos grabarnos a fuego ese conocido lema de “tocan a una, nos tocan a todas”. Porque nadie va a hacerlo por nosotras. Porque la única forma de plantar cara al patriarcado es unirnos, en toda nuestra diversidad e interseccionalidad, trabajar juntas en sororidad. Sororidad para rescatar de la historia a las olvidadas, sororidad para poner evidencia el sexismo que nos rodea, sororidad para empoderarnos.

sororidad

Sororidad no para estar en contra de los hombres, no para situarnos en el lado opuesto a ellos, sino para hacer las cosas desde otro lugar, con otros marcos de referencia, de otra forma. Desde el feminismo.

 

 

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