Profesionales de la salud: escuchar a las mujeres cuando más lo necesitan

 

Las personas que escuchan de forma activa no solo escuchan con los oídos. También lo hacen con los ojos y el corazón. Son capaces de oír más allá de las palabras, de mostrar empatía y de observar los sentimientos y el lenguaje corporal que acompañan a lo narrado. Muestran su apoyo siendo respetuosas y absteniéndose de emitir juicios de valor.

La conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y los 16 días de activismo siguientes ofrecen una buena ocasión para celebrar y promover el potencial de los trabajadores sanitarios como oyentes activos. Los proveedores de atención sanitaria se asoman a diario a la vida y la salud de sus pacientes desde una perspectiva única, y pueden prestar un apoyo sumamente importante a las mujeres víctimas de la violencia.

A nivel mundial, una de cada tres mujeres padecerá en algún momento de su vida violencia física o sexual, o ambas, por parte de su pareja o violencia sexual por parte de alguien que no sea su pareja. Según los datos disponibles, las mujeres víctimas de la violencia recurren más a los servicios de salud que las que no han sufrido abusos. Muchas mujeres pueden no contar que han padecido actos de violencia, pero los agentes de salud son los primeros profesionales con los que tienen contacto. Las mujeres también ven a los proveedores de salud como los profesionales en los que pueden confiar para relatar la violencia que padecen.

El personal de salud se encuentra pues en una posición única para ayudar a subvenir a las necesidades sanitarias, psicosociales y jurídicas de las mujeres que han sufrido actos violentos, incluso en los casos en que los recursos son limitados.

Ahora bien, los profesionales de la salud han de ser capaces de proporcionar la atención y el apoyo adecuados.

El apoyo comienza con cinco medidas que no hay que olvidar

La guía clínica de la OMS sobre la prestación de atención sanitaria a las mujeres víctimas de violencia por parte de la pareja o de violencia sexual indica a los profesionales de la salud cinco medidas que pueden adoptar para prestar apoyo a las mujeres que sufren violencia. Se trata de:

  • Escucharlas atentamente, con empatía y sin juzgarlas;
  • Intentar conocer sus necesidades y preocupaciones;
  • Reconocer su vivencia mostrándoles que se las comprende y se las cree;
  • Reforzar su seguridad previendo un plan para evitar que les sigan haciendo daño;
  • Prestarles apoyo ayudándolas a acceder a información, a diversos servicios y a apoyo social.

Si es usted un proveedor de salud, tenga cuidado de no mostrar una actitud crítica y ofrezca su apoyo. Proporcione atención y ayuda prácticas que respondan a las necesidades de la mujer y no resulten intrusivas. Escuche el relato de la mujer sin presionarla para que hable.

Este apoyo de primera línea es probablemente el más importante que puede prestar un profesional sanitario. Quizá sea lo único que necesite la mujer y la única oportunidad que tenga ese profesional para proporcionar cuidados.

Los sistemas de salud deben reforzar la capacidad de actuación de su personal

Un proveedor de salud bien formado puede ser el oyente activo que contribuya a cambiar la vida de una mujer víctima de la violencia. Ahora bien, la formación no basta por sí sola. Ese profesional ha de trabajar en un entorno en el que pueda escuchar y actuar con respecto a lo que oye.

Para ello es necesario que el sistema de salud apoye y dote de medios para actuar a los proveedores de atención sanitaria, de forma que puedan adquirir y aplicar conocimientos teóricos y prácticos para afrontar la violencia. El respeto de la privacidad y la confidencialidad son indispensables.

Por desgracia, en la mayoría de los países esas condiciones no se dan.

En la mayoría de los países los profesionales sanitarios no reciben la preparación teórica y práctica que necesitan para responder de manera adecuada y eficaz a la violencia, y también puede faltar la infraestructura básica que garantice el respeto de la privacidad y la confidencialidad.

En la mayoría de los países los profesionales sanitarios no reciben la preparación teórica y práctica que necesitan para responder de manera adecuada y eficaz a la violencia

Ahora mismo solo la mitad de los países han informado de que cuentan con servicios que proporcionan apoyo y atención a las supervivientes de actos de violencia. Pero incluso cuando existen esos servicios, a menudo no se coordinan debidamente, lo que da lugar a gastos ingentes y a largos periodos de espera para las mujeres que más los necesitan. Además, la cobertura y la calidad de esos servicios es limitada.

Las leyes tampoco son suficientes para proteger a las mujeres. Más de 130 países cuentan con leyes que castigan al menos algunas formas de violencia, como la violencia doméstica o la violación, pero su puesta en práctica suele dejar mucho que desear. En numerosos países se supone que los proveedores de atención sanitaria deben preparar informes médicos que se pueden utilizar como elementos de prueba, pero las personas en cuestión a menudo carecen de la preparación adecuada para hacerlo.

En mayo de este año, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó un plan de acción mundial sobre el fortalecimiento de la función del sistema sanitario para afrontar la violencia contra las mujeres y las niñas, y contra los niños en general. En él se presentan las numerosas medidas que el sector de la salud puede adoptar para multiplicar las intervenciones de eficacia probada, en el contexto de una respuesta multisectorial, a fin de acabar con la violencia contra las mujeres y las niñas de aquí a 2030.

Esas medidas no se harán efectivas si no existe la voluntad política de reconocer que la violencia es inaceptable en todas sus formas

Una de las cuatro estrategias del plan consiste en fortalecer la prestación de los servicios de salud y la capacidad de los proveedores de atención sanitaria para responder a la violencia. Los países se han comprometido a integrar la prevención y la respuesta a la violencia en sus estrategias nacionales de salud, a asignar más recursos humanos y económicos y a ampliar el acceso de las mujeres a los servicios de salud. Sin embargo, esas medidas no se harán efectivas si no existe la voluntad política de reconocer que la violencia es inaceptable en todas sus formas.

Los sistemas de salud han de integrar la formación sobre la violencia contra la mujer en los programas de capacitación previa al servicio y en el servicio de todos los profesionales sanitarios, de manera que estos puedan proporcionar atención de calidad a las supervivientes, siguiendo las cinco medidas anteriormente mencionadas y las recomendaciones recogidas en el plan de acción mundial.

Está a nuestro alcance lograr un mundo en el que las mujeres y las niñas no padezcan violencia ni discriminación. Ese mundo empieza a construirse con las personas que escuchan, y se hace realidad cuando esas personas disponen de medios para actuar.

 

 

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