Insumisión

 

violenciadegeneroLa ciudadanía tiene derechos de ida y deberes de vuelta, y si bien es cierto que no hay ley que se sostenga sin su cumplimiento al máximo nivel posible, es cierto también que en la práctica vemos vulneraciones constantes que no suponen reacción alguna por parte de fiscales, dirigentes políticos y sociales, medios de comunicación… Pero ello no debe implicar la aceptación de la injusticia y, mucho menos, la costumbre e incluso la renuncia a la reivindicación de esos derechos.

Por ejemplo, el derecho a la vida, tan obvio. Pero para unos más que otras.

No nos quedan ya palabras para expresar el dolor y el repudio a la inoperancia y el desinterés con que se contempla desde las esferas de poder el genocidio que se está perpetrando sobre el 52% de la población de este país. Son feminicidios, en lenguaje técnico, es decir, asesinatos de mujeres con la intención de castigarlas por serlo. Se ha repetido hasta la saciedad, pero ya vemos que no es suficiente, que si la situación fuera la contraria: que en 2016 se contabilizaran en estadísticas oficiales más de cuarenta personas asesinadas bajo este concepto, pero por ser hombres, estarían todas las luces rojas encendidas y se hablaría de una tragedia de dimensiones insoportables. Lo hemos visto desde siempre: cuando a las víctimas se les añade el complemento “del terrorismo”, sea de ETA, de ISIS o del sursum corda, “de tráfico”, o “por catástrofes naturales”… Entonces todo se moviliza: se activan los medios de comunicación, los portavoces de los grupos políticos, los gobiernos, las oenegés, lo que sea preciso, con tal de crear un estado de alarma social. Y se responde de inmediato.

No nos quedan ya palabras para expresar el dolor y el repudio a la inoperancia y el desinterés con que se contempla desde las esferas de poder el genocidio que se está perpetrando sobre el 52% de la población de este país.

Me pregunto, y no encuentro respuesta, por qué las mujeres asesinadas no son una tragedia nacional. Me pregunto por qué no hay declaraciones de los gobiernos y de sus responsables. Y me pregunto, también, por qué periodistas y empresarios de comunicación consienten que estos hechos no abran los informativos, incluso cuando -como en el fin de semana pasado- hubo cuatro asesinadas en 24 horas.

¿Qué pasaría si las mujeres en España nos declarásemos en huelga, aunque sólo fuera por unas horas, periódicamente, como grito y reclamación para ser vistas, escuchadas, atendidas, consideradas, y tratadas como ciudadanas. Porque, ¿de qué estamos hablando, si no? No queremos compasión. No queremos justificaciones. No queremos estadísticas sin políticas de acompañamiento. No queremos más mentiras. Exigimos respeto y protección. Exigimos compromiso y respuestas. Y si no ¿qué? Si no, insumisión. Dejemos de tributar. Dejemos de respetar la ley de los otros. Abandonaremos toda esperanza pero por ello mismo actuaremos a la desesperada, porque -a ver si queda claro- ESTO NO SE PUEDE TOLERAR.

Mi dinero, mi trabajo, mi vida, se los están apropiando para otros fines. Por eso pido -por ejemplo- que se incluya en la Declaración de la Renta una casilla que diga, expresamente, que mis impuestos van a repercutir en garantizar que no nos maten. Que no nos torturen. Que no nos violen. Que podamos tener una vida en Paz. O hacemos algo así, o seguirán riéndose en nuestras narices. O somos ciudadanas para todo, o se nos está negando lo principal. Si no hay justicia para nosotras, fallan desde la base el sistema judicial, el sistema político y la propia ética de una sociedad embrutecida y tolerante con la miseria y con la ignominia. Y si eso es así, YO, ACUSO: NO CON MI DINERO. NO EN MI NOMBRE.

 

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